La esencia de 'Las Musas': “Formamos ciudadanos completos, no solo buenas matemáticas o excelentes doctores”
A principios de los años 80, la educación no era un objetivo realista para buena parte de los jóvenes de los barrios más pobres de Madrid. En algunas zonas, además, la epidemia de la heroína era un hándicap añadido. En el distrito de San Blas, a escasos 600 metros de 'Los focos', uno de los epicentros de distribución de droga de la época, daba sus primeros pasos el instituto Las Musas.
José Antonio Expósito, quien fuera su director durante diez años (2015-2024) y autor de La Rebelión de Las Musas, explica los métodos que, a su juicio, deben guiar la docencia: “Formamos ciudadanos completos, no solo buenas matemáticas o excelentes doctores”. No es un camino que se recorra en solitario. “Gracias a los profesores de la Transición, se aprendió mucho”, reconoce en conversación con elDiario.es.
La educación marca un distrito y un barrio
Para este profesor, el objetivo principal parte de la inteligencia emocional de los estudiantes. Es decir, del trabajo con los alumnos para que aprendan a gestionar y compartir sus emociones, la creación de un vínculo con sus profesores y, por encima de todo, asegurar su bienestar emocional durante su estancia en el centro. Expósito resalta la importancia de educar y velar por el crecimiento de los alumnos y el impacto que esto tiene en la sociedad: “La educación marca un distrito y un barrio”.
Por eso, Expósito es defensor del método socrático, que consiste en “preguntar y escuchar” para reforzar una “enseñanza humana y próxima con un vínculo emocional”, y del legado de Francisco Giner de los Ríos, firme defensor de la libertad de cátedra y uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. Esta institución supuso una revolución docente en el siglo XIX, al huir de los dogmatismos políticos, religiosos y morales de la época.
Cuando un alumno atraviesa las puertas de este centro, entre las prioridades del profesorado está “observar sus habilidades especiales”, para descubrir cómo exprimir su potencial. Hay un bachillerato de investigación, “donde los estudiantes deben investigar en profundidad algún tema que les suscite interés”, explica el profesor. Pero también hay una formación práctica, como un huerto donde aprender sobre cultivo o trabajos sobre inteligencia aeroespacial.
La tarea académica está guiada por un tutor y posteriormente es evaluada por un tribunal de expertos. La aplicación de esta dinámica les proporciona “ventaja y madurez”, indica Expósito.
Otra variante utilizada por el centro para evitar la desmotivación de los alumnos, es la restricción de la repetición de cursos. Para ello, introdujeron mentorías con “un profesor mentor particular para darles clase y mantener contacto con la familia”. El objetivo de esta iniciativa es “brindar apoyo para que no abandonen el sistema educativo”. De igual forma, cuentan con alumnos “mediadores para resolver los conflictos en el aula”.
Además, hacen un esfuerzo “muy grande por atraer a aquellos alumnos que no quieren estudiar”. “Lo difícil es sentarte con los muchachos y preguntarles qué es lo que han hecho mal y por qué”, apunta el exdirector sobre aquellos alumnos que han tenido más dificultades para seguir el camino académico. O sobre aquellos expulsados de otros centros y que llegaban a Las Musas para estudiar FP. “Era un perfil muy difícil”, reconoce. Pero nunca fue una opción dejar a nadie atrás.
Conocer otras realidades
Expósito siempre ha defendido que los estudiantes deben conocer “otras realidades”. En ese afán, ha promovido que se involucren con hasta una quincena de entidades, como Cruz Roja, Unicef o Médicos Sin Fronteras, y realicen intercambios con ciudades como Nueva York, Cracovia y Atenas o expediciones por la selva amazónica ecuatoriana.
Además, han creado su propia organización, 'Las Musas-Actúa' y han impulsado viajes y participaciones en foros internacionales. A lo largo de la historia del instituto, “los alumnos han sido recibidos por el embajador de España en Moscú y por el presidente de Ecuador, por la expedición en la Amazonía en el Palacio Presidencial de Carondelet”. “Viajar con los chicos es una fuente de conocimiento profundísima”, celebra Expósito.
Entre 2019 y 2022, el centro ocupó un cargo como “Escuela Embajadora del Parlamento Europeo”. Esta tarea consiste en dar a conocer cuestiones sobre Europa y estimular el conocimiento sobre la democracia parlamentaria europea entre los jóvenes.
En su empeño por estrechar lazos humanos y promover la gestión emocional, el uso de tablets y aparatos electrónicos quedó fuera del aula. “Queríamos que redactasen a puño y letra y que leyesen en papel”, señala Expósito. Aunque esta decisión chocó con la adoptada en otros centros, el docente no reniega de ella. “Los mismos que nos criticaban descubrieron que no estábamos equivocados”, dice.
Un estudio realizado en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, señala que cuando se redacta a mano se producen conexiones cerebrales más óptimas en comparación a cuando se escribe a máquina, en un ordenador o en una tablet. Y una investigación publicada recientemente en la revista Nature Human Behaviour relaciona el uso precoz de las redes sociales con puntuaciones más bajas en los exámenes.
Un modelo de éxito
Todos estos principios han llevado a Las Musas a enorgullecerse de un estándar educativo “muy alto”. Expósito pone como ejemplo los 1.193 aprobados en la selectividad a lo largo de una década en la que solo suspendió un alumno. “Y fue en el año de la pandemia”, aclara.
Pero el éxito es mucho más que una nota en un examen si está no va acompañada de pasión por lo que se estudia. Y esa pasión se puede encontrar en muchos sitios. “Una vez acompañé a dos alumnos a una feria de videojuegos... y ahora son ingenieros informáticos”, recuerda Expósito, que también menciona a “la máxima experta en gripe de España”, la viróloga Amelia Nieto, ya jubilada, que trabajó durante décadas en el Centro Nacional de Biotecnología, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC), y que siguió manteniendo una estrecha relación con el centro.
Las Musas también ha querido poner en valor el trabajo de sus alumnos. El instituto madrileño realizó una publicación científica en la que “recopilaba volúmenes de las 50 investigaciones hechas por los alumnos”.
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