Mujeres que tienen menos hijos de los que quieren: “Muchas temen quedarse atrapadas en la trampa de la conciliación”
“El primer hijo es el golpe de realidad. Muchas mujeres se embarcan en la maternidad pensando que luego llegará otro hijo, pero cuando ven lo que cuesta salir adelante y las renuncias que implica, ¿quién puede asumir eso?”. Habla Laura Baena, que en 2014 creó la asociación Malasmadres tras tener a su primera hija y darse de bruces con un mercado laboral tremendamente hostil para las madres. Doce años después, su diagnóstico coincide con los datos de la Encuesta de Fecundidad publicada estos días: el 34,8% de las mujeres con hijos ha tenido menos de los que desearía y es así, muestra el Instituto Nacional de Estadística (INE), principalmente por las dificultades para conciliar y por razones económicas. Entre los hombres, esa cifra es algo inferior, del 30,5%.
Dice el INE que en 2025 el 69% de las mujeres de 18 a 55 años deseaba tener al menos dos hijos. Sin embargo, el índice de fecundidad en España es de 1,1 hijos por mujer, una de las tasas más bajas del mundo. Esa diferencia entre los hijos que se desean y los que efectivamente se tienen es la brecha de fecundidad.
Las encuestas nos están diciendo que hay algo en la sociedad española que no funciona, que la reproducción es difícilmente viable y que se hace cada vez más complicado tener hijos", diagnostica la socióloga Constanza Tobío
“Lo que muestra la Encuesta de Fecundidad es coherente con todos los datos que tenemos de otros registros, que muestran que estamos en una grave crisis de reproducción, no solo en España pero especialmente en España. Sigue una tendencia, es algo que llevamos viendo los últimos 25 o 30 años en nuestro país: hay un deseo de fecundidad no satisfecho, mujeres y hombres querrían tener más hijos de los que tienen. Las encuestas nos están diciendo que hay algo en la sociedad española que no funciona, que la reproducción es difícilmente viable y que se hace cada vez más complicado tener hijos”, diagnostica la socióloga Constanza Tobío.
Eso que no funciona, según la propia encuesta, tiene que ver, fundamentalmente, con razones laborales y de conciliación, y con motivos económicos. Las razones varían en función de la franja de edad. Entre las mujeres de 25 a 29 años, todavía con mucho margen reproductivo, la falta de pareja adecuada gana peso. Entre los 30 y los 40, las dificultades laborales y de conciliación se convierten, con diferencia, en el primer obstáculo, seguido de las razones económicas. A partir de los 40, cuando la fertilidad comienza a disminuir sustancialmente, la conciliación sigue siendo el principal motivo, pero las razones de salud irrumpen como segunda razón y dejan a la economía como tercera.
Los problemas, señala Constanza Tobío, están claros. Por un lado, las familias “no tienen un nivel económico que permita tener hijos”; por otro, falta tiempo: “Tener hijos entra en contradicción con las obligaciones laborales que, además, son imprescindibles para mantenerse, es una situación diabólica”. La socióloga subraya la amplia desigualdad “que las políticas públicas no consiguen paliar”, la precariedad laboral y económica —“uno de cada tres niños vive bajo el umbral de la pobreza”— y la falta de provisión de cuidados. “Hemos mejorado respecto a cómo estábamos, ha habido mejoras salariales y en derechos, como la ampliación de permisos por nacimiento, pero esas mejoras siguen siendo insuficientes”, apunta.
“¿Cómo voy a tener otro?”
“Hay un coste económico, laboral y emocional muy grande cuando llega la maternidad”, condensa Laura Baena. A su club de Malasmadres y a su asociación por la conciliación Yo No Renuncio llegan muchas madres cuyas vidas podrían ilustrar la Encuesta de Fecundidad. “Una mujer me decía hace poco: yo siempre he querido tener más de uno pero me he tenido que reducir la jornada y no llego a final de mes, ¿cómo voy a tener otro?”, cuenta. Según Save The Children, criar a un hijo cuesta, de media, 758 euros al mes, un 30% más que en 2018. En ciudades como Madrid, con servicios más caros, esa cifra sube hasta casi los 900 euros.
"Una mujer me decía hace poco: yo siempre he querido tener más de uno pero me he tenido que reducir la jornada y no llego a final de mes, ¿cómo voy a tener otro?", cuenta Laura Baena
“Muchas mujeres creyeron que, aunque fuera difícil, su carrera laboral no tenía por qué frenarse con el primer hijo. Luego vienen las dificultades concretas y muchas tienen miedo a quedarse atrapadas en las trampas de la conciliación, se ven empujadas a reducir jornadas con reducción de sueldo, a decir que no a ascensos, a coger excedencias... La maternidad penaliza claramente la carrera profesional. Nunca parece un buen momento para ser madre porque se entiende que tu carrera va a cambiar a peor”, explica Baena, que relata cómo a su asociación siguen llegando mujeres a las que despiden, quitan responsabilidades o cambian de puesto tras su permiso de nacimiento.
Las consecuencias de tener un hijo siguen siendo diferentes para mujeres y hombres. La especialista principal en igualdad laboral de la Organización Internacional del Trabajo Emanuela Pozzan asegura que la penalización por maternidad sigue siendo un factor determinante en la brecha salarial y en la discriminación de género en el mercado laboral. “Las investigaciones de la OIT muestran que las madres suelen ganar menos que los hombres y menos que las mujeres sin hijos, y que esta penalización puede persistir a lo largo de la vida laboral de una mujer. Al mismo tiempo, la paternidad se ha asociado a menudo con una prima salarial o laboral por ser padre. En otras palabras, la paternidad y la maternidad han tenido históricamente consecuencias asimétricas en el mercado laboral para mujeres y hombres”, afirma.
Los mecanismos por los que funciona esta discriminación no son nuevos: “Interrupciones en la carrera profesional, reducción de la jornada laboral, mayor responsabilidad en el cuidado no remunerado, elecciones profesionales que ofrecen más flexibilidad pero una remuneración menor, y suposiciones potencialmente discriminatorias sobre la disponibilidad o el compromiso de las madres”, resume Pozzan.
"Las investigaciones muestran que las madres suelen ganar menos que los hombres y menos que las mujeres sin hijos, y que esta penalización puede persistir a lo largo de la vida laboral de una mujer. Al mismo tiempo, la paternidad se ha asociado a menudo con una prima salarial o laboral. En otras palabras, la paternidad y la maternidad han tenido históricamente consecuencias asimétricas en el mercado laboral para mujeres y hombres", afirma Emanuela Pozzan
Más flexibilidad, más permisos
La Encuesta de Fecundidad aportaba otro dato significativo: hay un 15% de mujeres que no quieren ser madres, una cifra que ha crecido respecto al anterior registro. Baena pide distinguir “la libre elección de la renuncia”, es decir, las que realmente no desean tenerlos de a quienes sí les gustaría pero renuncian a ello por el contexto. “Las mujeres de mi generación lo hemos querido todo, carrera, familia... y muchas mujeres jóvenes tienen en el espejo a madres que están al borde del colapso por intentar llegar a todo, así es normal que muchas digan que no quieren”, explica. “En este contexto tan poco favorecedor de la reproducción es normal que haya mujeres que simplemente decidan que no quieren”, subraya también Tobío.
La socióloga defiende una cultura laboral verdaderamente flexible, en beneficio de trabajadores y trabajadoras: “Hoy en día la flexibilidad se ha vuelto en contra de los trabajadores, porque se ha interpretado más como algo a favor de la empresa, que dispone más de ti. Para eso es fundamental la negociación colectiva”. Baena también cree que hay que abordar a las empresas que, en muchas ocasiones, “se ponen de perfil. ”Seis de cada diez no pone ninguna medida de conciliación en los periodos no lectivos y hay gente que se inventa excusas cuando sus hijos se ponen enfermos“, agrega la fundadora de Malasmadres, que reivindica la adaptación de la jornada por ley y reducciones de jornada sin pérdidas salariales y hasta que los menores tengan 16 años.
Tobío señala que, mientras que las jornadas laborales se mantienen o aumentan, las jornadas escolares se han recortado y muchos institutos no tienen, por ejemplo, servicio de comedor. La experta pone sobre la mesa la necesidad de ampliar más los permisos y tener, por ejemplo, bolsas de horas para atender cuidados.
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