¿Cómo puede el súper de tu barrio ayudar a combatir el cambio climático?: “España sigue a la cola”
Los supermercados pueden ser una herramienta poderosa para combatir la crisis climática: son la manera en la que la mayoría de los ciudadanos compran su comida. Y la comida es la causa de más de un tercio de todas las emisiones de gases que están alterando el clima global.
A pesar de esa capacidad, pocos supermercados europeos están utilizando esa potencia y la mayoría no ha rebajado las emisiones de CO₂ derivadas de su actividad, según el informe Superlist Medio Ambiente. El examen llevado a cabo por la Fundación Questionmark en ocho países —Alemania, Francia, Reino Unido, España, Suecia, Polonia, Países Bajos y Suiza— analiza en qué medida los planes climáticos de los grandes supermercados se ajustan al Acuerdo de París y cómo orientan las ventas de proteínas hacia proteínas vegetales para recortar las emisiones del sector agroganadero.
De las 20 cadenas examinadas (algunas tiene filiales en varios países), solo cinco han reducido sus emisiones totales de gases de efecto invernadero en los últimos dos años, según sus propias memorias: la sueca ICA, la neerlandesa Jumbo, las alemanas Kaufland y Rewe y la suiza Migros.
El resto analizado son Aldi, Lidl, Carrefour, Denner, Tesco, Edeka, Sainsbury's, Coop Group, Biedronka, Intermarché, Willys, Asda, Dino, Mercadona y E. Leclerc.
En España, de los tres gigantes de la distribución, Lidl, Carrefour y Mercadona (que no han recortado sus emisiones), los dos primeros tienen una hoja de ruta detallada con objetivos de reducción de emisiones a corto y largo plazo que se traducen en un conjunto de medidas para reducir los gases generados por la producción de sus alimentos, mientras Mercadona no tiene plan de acción ni objetivos concretos a corto plazo.
El informe afirma que la política de Lidl y Carrefour “marca el camino porque no se limitan a prometer el cero neto en emisiones, sino que explican cómo planean hacerlo: desglosan sus objetivos en medidas concretas y cuantificables a corto plazo”.
Por el otro lado, el líder español “está a la cola” en el ránking europeo que ha generado este estudio comparativo. Se sitúa en el puesto 24 de 27 supermercados nacionales analizados. Mercadona ha anunciado que será neutra en 2050, pero “es crucial traducir su compromiso de cero emisiones netas en objetivos a corto plazo para garantizar una acción inmediata de reducción de emisiones”, explica este estudio. El corto plazo es una meta volante que hace creíble la proclama.
Los supermercados tienen una enorme influencia sobre lo que acaba en nuestros platos y la salud de nuestro planeta. La brecha entre la ambición y la acción sigue siendo amplia y aún no se han producido reducciones tangibles de las emisiones
“Los supermercados tienen una enorme influencia sobre lo que acaba en nuestros platos y, en última instancia, sobre la salud de nuestro planeta”, reflexiona Charlotte Linnebank, directora de la organización responsable del trabajo, Questionmark, Si bien admite que “es inspirador” que varios supermercados den “pasos adelante”, Linnebank recuerda que “la brecha entre la ambición y la acción sigue siendo amplia y aún no se han producido reducciones tangibles de las emisiones”.
A nivel europeo, de todas estas corporaciones, tres: Albert Heijn, Carrefour y Lidl disponen de una hoja de ruta detallada y aplicable para reducir el bombeo de gases de efecto invernadero. Es cierto que sí hay algunas que han publicado, al menos, objetivos a corto plazo, “un paso importante”, dice la revisión.
¿Por qué los supermercados?
Los supermercados no son meros distribuidores. Su influencia se extiende a cómo sus “proveedores producen los alimentos y en lo que compran sus clientes”, subraya este análisis. Desde luego, en España, alrededor del 70% de la población compra su comida en supermercados. Así es cómo influyen sobre qué se come y cómo se producen esos alimentos.
Y el sistema actual de producción de comida es responsable de una gran cantidad de los gases inyectados a la atmósfera que causan la crisis climática. “En cada etapa de la producción, procesamiento, transporte, distribución, preparación y consumo se producen gases de efecto invernadero”, explica la ONU, institución que calcula que son más de un 30% del total mundial.
La mayoría de su inventario gaseoso está compuesto por el metano producido por la digestión de la cabaña bovina mundial, el óxido nitroso de los fertilizantes, el dióxido de carbono causado al talar o quemar bosques para ampliar los terrenos de cultivo o pastos. Otra parte más pequeña proviene de la refrigeración y el transporte de alimentos, la producción de envasados y la gestión de desechos.
Dentro de los aspectos que ha examinado el informe, está la asistencia que los supermercados ofrecen a sus productores para que cultiven y críen con un menor impacto ambiental. La idea es que “garantizar una transición justa hacia un sistema alimentario sostenible exige compartir la carga financiera de esta transición en toda la cadena de valor”, explica el trabajo.
Porque el 90% de las emisiones que recalientan el planeta asociadas a los distribuidores están calificadas como “indirectas”, es decir, achacables a la manera de producir los bienes, en este caso los alimentos, que ellos venden.
Pues bien, solo seis supermercados explicitan que ayudarán financieramente a los productores de su cadena suministro para que estos apliquen técnicas sostenibles que ayuden a reducir esas emisiones indirectas: Albert-Heijn, Jumbo, Lidl, Migros, Rewe y Tesco.
Más oferta vegetal
Teniendo en cuenta la capacidad para generar demanda, el tercer punto analizado es si las superficies están cambiando la oferta de productos hacia alimentos más basados en vegetales, como sugirió el Panel de Expertos en Cambio Climático que convendría hacer. Lo llaman “transición proteica”.
La directora de la organización Madre Blava, Zinnia Quirós, cuenta que “cambiar una parte de las ventas de proteínas animales por proteínas de origen vegetal es bueno para nuestra salud, la de nuestro bolsillo y la de nuestro planeta. Pero es que además es una apuesta ganadora para la rentabilidad de los supermercados”. “Los alimentos de origen animal, especialmente las carnes rojas, los productos lácteos y los crustáceos de piscifactoría, se asocian habitualmente con las mayores tasas de emisión de gases de efecto invernadero”, explica la ONU.
Así, el cálculo utilizado por la organización es que, mientras por cada 100 gramos de carne de vacuno producida se generan 70 kg de gases y 23 kg para el queso, las legumbres causan 2 gr. y la misma cantidad de verduras, unos 0,2 kg de gases. Si se miran las proteínas obtenidas, para 100 gramos de proteínas de vacuno se provocan 35 kg de gases de efecto invernadero. Con las verduras son 6,8 kg, con los huevos son 4,2 kg y con las legumbres 0,8 kg.
Un tercio de los supermercados no aborda esta cuestión: nueve o bien no mencionan este cambio hacia dietas ricas en vegetales como medio para reducir las emisiones o bien aún no consideran que sea su responsabilidad apoyar esta transición mediante sus ventas: Aldi Nord, Asda, Biedronka, Coop, Dino, E. Leclerc, Mercadona y Willys/Hemköp.
Las cadenas que, según Superlist, han establecido unos objetivos de cambio de oferta en las proteínas “acordes con la llamada Dieta de Salud Planetaria” son Albert Heijn, Lidl y Jumbo.
“Mientras Países Bajos y Alemania lideran el cambio”, analiza Zinnia Quirós, “España sigue a la cola. Confiamos en que Mercadona, como líder del mercado en España, tiene la oportunidad y la capacidad de exportar el éxito de su modelo a la sostenibilidad. Podemos encabezar el ránking europeo”.
0