Las tres noches de incertidumbre de los 60 migrantes abandonados a las puertas del campamento Canarias 50
Al raso, bajo la lluvia y el frío de febrero. Así pasaron la primera noche Nabil y otros 63 jóvenes magrebíes que abandonaron el campamento para migrantes de Canarias 50 el pasado viernes. Hace dos días, Cruz Roja, la ONG contratada por el Gobierno de España para dirigir este centro, informó a los residentes de que “para mejorar las condiciones de acogida y realizar obras” se debía trasladar a 62 migrantes de un sector del centro a otro, según aseguró la organización a este periódico. A partir de aquí, las versiones de la dirección y la de los usuarios acogidos en el antiguo acuartelamiento militar se contradicen. Los residentes afirman que en lugar de compartir habitación con una treintena de personas como suele ser habitual, con esta medida lo harían en grupos de 50. El miedo a contagiarse de COVID y el temor a los robos y a los enfrentamientos hicieron que muchos de ellos se negaran a convivir aún más apretados. De este modo, se resistieron a ser trasladados. “Si no quieres esto, fuera. A la calle”, sentenciaron los responsables de este centro, según declaran varios migrantes desde dentro y fuera del recinto.
Nabil, con tono enfadado, acusa a la ONG de querer meter a demasiadas personas en un mismo espacio en medio de una pandemia: “La patrona de Cruz Roja nos dijo que teníamos que dormir todos juntos y preguntamos: ¿cuántas personas? No está bien, hay coronavirus”. La organización sostiene que los migrantes “decidieron abandonar” el campamento porque no querían trasladarse a otras tiendas, “a pesar de haber mediado dos horas con ellos para que no abandonaran el lugar”.
Escribe Andrea Domínguez Torres.