La historia de Segundo, el hombre que se suicidó en Barcelona antes de ser desahuciado
El 12 de noviembre de 2010 la recesión económica comenzó a mostrarse con toda su crudeza cuando un vecino de L'Hospitalet, al poco de ser desalojado de su piso, se ahorcó en plena calle. Dos años después, el mismo día de febrero de 2013 en que la PAH tramitaba en el Congreso la iniciativa legislativa para acabar con los desahucios, se suicidó un matrimonio de ancianos que iba a quedarse sin casa en Mallorca. La historia de la crisis de la vivienda, primero con las hipotecas, luego con los alquileres, es también la de aquellos que se han quitado la vida debido a su situación límite. En 2018, un hombre se lanzó al vacío en Cornellà justo cuando la comitiva judicial llamaba a su puerta. Este jueves hizo exactamente lo mismo y en el mismo instante un vecino de Sants, en Barcelona.
El fallecido se llamaba Segundo, era originario de Ecuador y vivía en el piso, por el que pagaba unos 800 euros al mes, desde hacía varios años. Al principio, según relatan sus vecinos de la calle Bacardí, se mudó con su mujer y la hija de ella, que a su vez tenía también dos hijos. Todos en la misma casa. Pero con el tiempo la mujer volvió a su país y él se quedó solo. “Hacía tiempo que no trabajaba, él lo comentaba a veces”, explicaba este martes uno de sus compañeros de escalera. Por lo demás, en un bloque de 30 viviendas, sabían poco de él, más allá de que rondaba la sesentena (tenía 58, según fuentes policiales) y que sacaba a pasear a menudo a su perro.
Segundo se quedó sin empleo en 2018 y desde entonces no había encontrado nada. Durante algún tiempo, relatan los vecinos, tuvo que compartir su piso con otros familiares y conocidos, realquilando las habitaciones. Si no, no podía hacer frente al pago mensual. Y no tenía alternativa de vivienda. Al final, ya en febrero de 2020, justo antes de la pandemia, entró en contacto con Cáritas Diocesana, donde se le hizo acompañamiento laboral. Desde la entidad le asesoraron para vincularse con los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona y para recibir la prestación social que le tocaba. “Se presentó a ocho ofertas de trabajo distintas, pero desgraciadamente y a pesar de sus esfuerzos, ninguna de ellas fructificó”, señalan fuentes de Cáritas.
El hombre dejó de pagar el alquiler en junio de 2020, tras lo más duro de la pandemia. En el bloque lo sabían algunos vecinos porque mantenían el contacto con el propietario, que antiguamente y durante años vivió en ese piso. Se trata de un particular. Los Servicios Sociales del consistorio tuvieron constancia de su caso en febrero de este año, poco después de que el propietario pusiera la demanda por impagos, y rápidamente emitieron un informe de vulnerabilidad económica, dada su situación de desempleo.
Un reportaje de Pau Rodríguez.