España desoyó 12 años de avisos internacionales y llegó a la pandemia con una Atención Primaria muy debilitada
En 2008, algunos años después de la crisis del SARS y ante las amenazas medioambientales, la OMS advirtió a los Estados en su informe anual de que los problemas sanitarios estaban cambiando “en un sentido poco previsible”, que la mala gestión de la urbanización y el envejecimiento podía pasar factura en la propagación de las enfermedades transmisibles y emergentes, y que era importante potenciar la Atención Primaria y su enfoque preventivo frente al “hospitalocentrismo”. En 2015, tras la crisis del ébola, el Relator Especial sobre el derecho a la salud de la ONU solicitó a los países fortalecer la Atención Primaria para que cumpliera su función de ocuparse de los determinantes sociales en contextos de epidemias. Pese a ello, España llegó a 2018, el último año con datos analizados y a dos del de la peor pandemia en un siglo, con una ratio en Atención Primaria de 0,66 profesionales de enfermería por cada 100.000 habitantes, y 0,77 médicos, prácticamente la misma que en 2009. Por debajo de la media de Europa y alejada de Portugal (2,6), Irlanda (1,82), Países Bajos (1,61), Austria (1,56) y Francia (1,42).
Escribe Belén Remacha.