No debemos relajar medidas prematuramente ni tener tropiezos en el proceso de vacunación
Aunque la magnitud de esta cuarta ola sea menos intensa que las anteriores y el ritmo del proceso de vacunación y su efecto protector comiencen a ofrecer resultados alentadores, no se debe minimizar la seriedad de la situación epidemiológica en buena parte del territorio español ni subestimar su potencial impacto en la atención sanitaria.
España afronta el mes de mayo inmersa en una cuarta ola de la pandemia a la que es mejor llamar por su nombre y no tratar de encontrar eufemismos que poco ayudan a construir el relato de prudencia y cautela que requiere la realidad de los hechos. Para empezar, del 18 de marzo al 30 de abril esta ola ha significado 311.345 nuevos casos y 5.306 nuevos fallecidos. Ha habido 1.824 personas que requirieron hospitalización general y 358 personas que fueron ingresadas en UCI.
La incidencia acumulada a 14 días se ha incrementado en torno a un 80% pasando de 128,1 a 229,2 casos por 100.00 habitantes y la tasa de positividad en las pruebas diagnósticas se ha situado en el 7,29%, muy por encima del 5% considerado aceptable.
Escriben José Martínez Olmos, Alberto Infante Campos y Daniel López-Acuña.