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Más de 250 profesores jubilados denuncian que la Universidad de Cantabria cancela sus cuentas de correo electrónico

Reunión del Consejo de Gobierno de la UC

Olga Agüero

29 de septiembre de 2026 22:01 h

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Más de 250 catedráticos y profesores jubilados de la Universidad de Cantabria han denunciado públicamente que la Universidad de Cantabria va a cerrar las cuentas de correo electrónico en diciembre. Lamentan que esa decisión les vaya a hacer perder contactos y documentación almacenada durante los años de ejercicio docente e investigador y que, a la vez, vaya a impedir su acceso a los materiales de la biblioteca universitaria, ya que muchos de ellos continúan su actividad investigadora, siguen dando conferencias o escribiendo artículos.

Hasta ahora los docentes e investigadores jubilados han mantenido sin problema su email vinculado a la universidad. En un escrito publicado como tribuna de opinión en El Diario Montañés titulado 'Edadismo, ostracismo y silencio en la UC', critican que la rectora, Conchi López, no haya querido reunirse con ellos después de que llevan varios meses movilizándose por esta cuestión. Mes y medio después de haber registrado un escrito con más de doscientas firmas “no hemos tenido ni siquiera acuse de recibo. Seguimos esperando”, explican.

Entre los firmantes está el catedrático Ramón Teja, uno de los mayores expertos del mundo en historia de las religiones; el sociólogo Juan Carlos Zubieta y el economista José Villaverde, que participan con asiduidad del debate público a través de tribunas de opinión; Ramón Maruri, Celia Nespral, Ángeles Barrio, José Ignacio Fortea, Juan María García Lobo, Juan Gelabert y Manuel Súarez Cortina, entre otros.

“Los miembros jubilados somos condenados al ostracismo como exempleados de una empresa que ya no nos necesita ni reconoce”, se quejan.

El escrito alude a que cuando se jubilaron de la Universidad de Cantabria recibieron “una amable carta” de despedida “agradeciéndonos nuestra contribución e invitándonos a seguir vinculados a la UC”. “Que siempre será tu casa”, apostillaba el mensaje oficial.

Hasta que hace unos meses se le comunicó que a final de año perderán sus cuentas de correo electrónico. La desactivación de la cuenta implica “algo más que una migración mecánica” a otra dirección de mail. “Implica la privación de las referencias, contactos y redes profesionales de toda una vida” –subrayan– y la perdida de miles de emails “que constituyen un archivo académico y cultural más allá del personal”.

“Implica también el desposeimiento de nuestra identidad corporativa –apostillan–, la definitiva fractura y extrañamiento de la Universidad que rompe así con su pasado y sus cimientos, que son su gente, que somos nosotros”.

Sin correo electrónico corporativo no tendrán acceso libre y abierto a sus registros de suscripción de revistas electrónicas y bases de datos de la Biblioteca universitaria, “esenciales si se quiere seguir investigando”, que se seguirán pagando con dinero público aunque se reduzca el número de usuarios “y, por tanto, su utilidad y su rentabilidad”, argumentan en el escrito.

Los afectados sostienen que en ninguna universidad de prestigio de España y del mundo se han cancelado las cuentas al personal jubilado.

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