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Los viajes y el calor hacen que las chinches se expandan en España: “Están mucho más extendidas de lo que parece”

Imagen de archivo de una chinche

David Noriega

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El aumento de las temperaturas y los viajes han favorecido su expansión. La difusión de imágenes en las redes sociales, el caldo de cultivo para hacer saltar todas las alarmas. En Francia, la proliferación de vídeos en TikTok y X, antes Twitter, de ciudadanos que encontraban chinches en el transporte público, en hoteles y en cines ha provocado en las últimas semanas una preocupación sin precedentes entre la ciudadanía. Principalmente en París, donde el asunto ha tenido su repercusión política: el Ayuntamiento de la capital reclamó a principios de este mes un “plan de acción”, la diputada de Francia Insumisa Mathilde Panot apareció en la Asamblea con una muestra de estos insectos en un bote y la primera ministra Élisabeth Borne anunció la creación de un observatorio, ante lo que denominó “un calvario” para los ciudadanos.

Más allá de la alarma, lo cierto es que en los últimos años el aumento de las chinches en las ciudades ha sido una evidencia para los expertos. El cierre de colegios e institutos en Francia por la presencia de estos insectos es la punta del iceberg, pero según los últimos datos disponibles, de junio de este año, el 11% de los hogares franceses estaban afectados por las chinches de cama y las empresas de exterminio recibieron un 60% más de peticiones entre marzo y septiembre de 2023 que en el mismo periodo de 2022. Pese a lo que desde el sector han venido a calificar como un “empeoramiento” de la situación, “para nada” hay una invasión, según ha indicado a Efe el portavoz de la asociación CS3D, que engloba a 1.200 empresas, Stéphane Bras. “Hay un problema, somos conscientes de ello, y hay una solución”, señaló.

“Están mucho más extendidas de lo que parece y en expansión desde hace al menos 20 años, cuando se empezó a detectar un repunte gradual, un aumento progresivo”, explica en conversación con elDiario.es el entomólogo Ricardo Molina. Estos insectos, que son nocturnos y se alimentan de sangre humana, se trasladan escondidos en mochilas, maletas o en los pliegues de las prendas de vestir. “El transporte es el factor principal y se han recuperado los niveles de viaje previos a la pandemia”, indica.

En ese principal factor de riesgo coincide el responsable de parasitología del departamento de reproducción animal del INIA, Félix Valcárcel. “Es un bicho que te puedes llevar en la maleta o la mochila muy fácilmente y el problema es que se asiente. Como son de hábitos nocturnos, no los vemos, porque luego vuelven a su escondite, en los colchones, en las grietas o en los enchufes y pueden llegar a pasar entre los tubos de la luz o las tuberías”, explica. Ante una sospecha, la forma de detectarlas es buscar en las sábanas pequeñas manchas, sus deposiciones tras alimentarse de la sangre de las personas, y consultar a empresas de sanidad ambiental o a los servicios municipales. “A veces hay que sacar a las personas de sus casas y tirar muebles y colchones”, señala Valcárcel, que advierte de no bajar estos enseres a la calle, ante el riesgo de que otro ciudadano los recoja.

En España, según las estimaciones de la empresa de control de plagas Anticimex, los avisos por esta causa aumentaron un 71% entre enero y septiembre de 2023, respecto al mismo periodo del año anterior. El mayor número de llamadas se dio en Madrid, Catalunya, Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares. En 2019, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental ya habían detectado un aumento del 20% durante los meses de calor. “Es otro de los efectos de la globalización y del movimiento de personas, sobre todo en casos de traslados itinerantes, en los que estamos cada día en un sitio”, insiste Molina.

Influye el aumento de las temperaturas

A la globalización se suma también el aumento de las temperaturas por la crisis climática. Si el verano de 2022 fue le más caluroso en España en los últimos 700 años, este 2023 va camino de ser el año más caluroso de la historia, tras un septiembre con anomalías sin precedentes y un octubre tórrido. Esto está provocando la proliferación de determinados insectos, como los mosquitos, pero también de las chinches. Aunque en este caso las altas temperaturas no son el factor principal para su propagación, “todo influye, porque no les gusta el frío”, explica Valcárcel.

En concreto, el aumento de las temperaturas reduce el tiempo que estos insectos necesitan para desarrollarse. “Si están en una habitación a 17 o 18 grados, los huevos pueden tardar hasta tres semanas en salir, pero si hay 27 o 28 grados, se puede acortar el periodo de incubación a cinco o seis días”, desarrolla Molina. A más velocidad, más puestas y a más puestas, más chinches. La directora de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Bilbao, Ana Collia, alertaba la semana pasada, en declaraciones al diario Deia: “Tenemos que acostumbrarnos a vivir con insectos que trae el cambio climático”. En concreto, se refería a los avisos por la presencia del chinche apestoso, diferente al chinche de cama, en el municipio. “Pueden resultar molestos, pero poniendo las mismas barreras para que no entren moscas, o cerrando las ventanas, no hay mayor problema”, aconsejaba.

A diferencia de lo que ocurre con algunas especies de mosquitos o con las garrapatas, ni las chinches de cama ni las apestosas, llamadas así por el desagradable olor que desprenden al verse amenazadas, son vectores de transmisión de enfermedades. Sus mordeduras, eso sí, producen irritación, picores y pequeños habones en la piel y, en algunos casos, alergias. Sin olvidar el estigma asociado a estos insectos.

“Situaciones puntuales”

En España, explica Valcárcel, se dan “situaciones puntuales”. “Pero no es para alarmarse”, aclara. La hemeroteca está plagada de noticias relativas a la presencia de estos insectos en determinadas instalaciones, que saltan a los medios de comunicación por la alarma que provocan. Una búsqueda rápida permite encontrar informaciones de este tipo, que se repiten casi cada año, relacionadas con el Camino de Santiago. Este año, sin ir más lejos, la Consellería de Sanidade tuvo que actuar ante la aparición de chinches en un albergue de peregrinos y el departamento de Salud de la Junta de Castilla y León incluye un documento con medidas de preventivas entre sus recomendaciones sanitarias para quienes realicen esta ruta.

Pero estos episodios se dan en otro tipo de recintos, por los que discurren cada día cientos de personas. En el Hospital Universitario Perpetuo Socorro de Albacete se detectaron chinches en la segunda quincena del mes de agosto, aunque no se hizo público hasta septiembre. A principios de ese mismo mes, UGT denunció una plaga en el Hospital Regional de Málaga. En 2022, se detectaron también estos insectos en el Virgen del Rocío de Sevilla y en el Clínico de Valencia. “De vez en cuando también surgen problemas en residencias de ancianos, que se notifican, aunque se dice menos”, añade Molina.

“Donde se hayan detectado, hay que aplicar medidas, porque se multiplican rápidamente. No tienen depredadores y nosotros somos su alimento. Cuanto antes se actúe, sin histeria pero con orden, con las empresas de transporte, los ayuntamientos y las consejerías de Sanidad, mejor”, explica Valcárcel. No en vano muchas administraciones disponen de sus propios protocolos, recursos informativos y planes de acción. Por ejemplo, Madrid cuenta con material informativo para la ciudadanía y un manual de prevención y gestión de plagas para la industria hotelera. En su web advierten de que actualmente no existe una epidemia, “aunque según los datos disponibles a nivel mundial, su presencia estaría aumentando”.

La preocupación por este aumento, al calor de las noticias que se propagan desde Francia, ha llegado a otras ciudades, alejadas a cientos o miles de kilómetros, pero a pocas horas en tren o en avión. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, ha reconocido este martes que la posibilidad de que las chinches francesas se propaguen por el transporte público británico es “una fuente real de preocupación”. Y el ministerio de Sanidad argelino ha puesto en marcha un plan de vigilancia fronteriza para evitar la entrada de chinches al país, con más de 200 vuelos semanales con Francia.

Todo ello mientras el país galo celebra estos días el Mundial de Rugby y se prepara para albergar, en menos de diez meses, los Juegos Olímpicos de 2024, para lo que recibirá a miles de personas de todo el mundo, lo que hace inminente “un plan de acción”, como ha reclamado el propio Ayuntamiento de la capital. “Es posible que sea un ir y venir de personas de cualquier ciudad a París y de París a cualquier ciudad. Si no se corrige la situación en Francia, esto puede acarrear un problema de extensión a nivel mundial”, reconoce Valcárcel.

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