Tiene 92 años y acaba de batir un Récord Guinness trenzando a mano una cuerda de 1.200 metros
En la localidad murciana de Moratalla la constancia tiene un nombre propio muy reconocido, en estos días, por todo el pueblo. Se llama Juan Sánchez Martínez, aunque todos en el municipio lo conocen como Juan del Cobo. Y es que a sus 92 años ha logrado una hazaña artesanal que muy pocas personas podrían plantearse. Consiste en trenzar completamente a mano una cuerda que alcanza 1.200 metros de longitud total. Esta cifra supera con mucha amplitud el récord vigente reconocido por Guinness World Records actualmente, que estaba situado en 251 metros desde el año 2005. Juan ha trabajado con una paciencia infinita para lograr este resultado tan asombroso y único. El municipio entero observa con admiración cómo este vecino ha transformado su tiempo en un hito. Su obra representa la dedicación absoluta de un hombre que nunca ha dejado de trabajar duro.
El proceso creativo de esta inmensa cuerda no ha contado con ningún tipo de maquinaria técnica. No han existido cronómetros ni una planificación profesional para llevar a cabo esta laboriosa tarea diaria. Solo ha mediado la paciencia de un artesano que se sienta bajo un sencillo techado exterior. Allí, junto a su casa, utiliza un tronco de madera a modo de mesa improvisada. Con unas tijeras, un cuchillo y el hilo repite el mismo gesto aprendido en su infancia. Juan se inclina ligeramente hacia delante para trenzar metro a metro sin ninguna prisa aparente. La cuerda fue creciendo poco a poco hasta ocupar el suelo entero de su lugar habitual. Es una demostración de técnica tradicional que ha sobrevivido al paso de las décadas actuales. Cada centímetro es el fruto de un movimiento rítmico que conecta a Juan con sus raíces más profundas de Murcia.
Esta iniciativa no nació originalmente como un reto oficial para entrar en los libros internacionales, sino que surgió más bien como una forma necesaria de mantenerse activo tras fallecer su esposa. Su familia era muy consciente de la importancia vital que el trabajo manual tenía para él y por ello su hijo mayor lo animó a retomar los oficios que practicó durante toda su vida. Regresar a la huerta de Moratalla y cuidar de los animales fue el inicio de todo. Aquella actividad cotidiana se convirtió pronto en un refugio emocional contra el dolor de la pérdida. Trenzar cuerda se transformó en un modo de evadirse del duelo y encontrar una nueva paz. Juan encontró en el hilo el camino para seguir adelante con fuerza a pesar de su edad. Esta labor terapéutica le permitió transformar la tristeza en una creación monumental de artesanía pura.
Sus nietos desempeñaron un papel fundamental al proporcionarle todo el material necesario para la obra. Bajaban sacos de hilo para asegurar que el proceso artesanal no tuviera que interrumpirse nunca. Uno de ellos, intrigado por la longitud que estaba alcanzando el montón de cuerda, le preguntó sobre cuántos metros llevaba acumulados. Y recibió una respuesta muy sencilla y directa. Juan contestó simplemente que eran muchísimos, pues llevaba trenzando desde que tenía siete años. Y afirmó que si juntara todas las cuerdas hechas en su vida la distancia sería interminable. Los regalos que hacía a sus vecinos y amigos se convirtieron en un proyecto mucho mayor. La familia comprendió entonces que aquel gesto repetido tenía un significado mucho más profundo. El apoyo de sus descendientes fue el motor que mantuvo viva la llama de su creación.
La conversación entre abuelo y nieto derivó en una sugerencia que al principio pareció humorística. Le propuso intentar batir un récord mundial de longitud para reconocer su increíble y arduo trabajo. Juan desconocía por completo en qué consistía ese registro internacional de marcas y hazañas. Al preguntar ingenuamente “qué era eso del Guinness”, sonrió y continuó trabajando en su techado. Sin embargo, semanas después, el proyecto personal había cambiado drásticamente de dimensión física. El montón de cuerda acumulado demostraba que aquello ya no era solamente un pasatiempo familiar, que se estaba convirtiendo en una obra extraordinaria construida con una disciplina diaria admirable. El artesano decidió crear la cuerda más larga que jamás hubiera pasado por sus manos veteranas. Lo que empezó como una pequeña broma terminó siendo un desafío de escala global inesperada.
Reconocimiento oficial
Cuando finalmente decidieron medir la longitud total, la sorpresa fue mayúscula para todos los presentes. Comprobaron que los 1.200 metros superaban con creces cualquier marca internacional existente hoy. El récord mundial previo correspondía a una soga de 251 metros en Corea. Aquel registro databa del año 2005 y Juan lo había multiplicado por cinco. Fue en ese momento cuando la familia inició los trámites para su reconocimiento oficial, solicitud que fue admitida por la organización de Guinness World Records. Este reconocimiento pone en valor la sabiduría y la técnica que solo otorgan los muchos años. El éxito de Juan es el resultado de una vida dedicada al esfuerzo y al hilo. El artesano ha demostrado que la edad no es impedimento para alcanzar metas internacionales.
Este próximo fin de semana se celebrará un acto simbólico para documentar este gran logro: El evento reunirá a vecinos, amigos y varias generaciones de la familia de Juan. Estarán presentes desde sus hijos hasta sus bisnietos de apenas unos meses de edad. La imagen de Juan como punto final de la cuerda será un momento cargado de simbolismo. Este legado artesanal quedará registrado para la historia de la memoria colectiva del municipio. Será una jornada de celebración por la constancia y el trabajo bien hecho de un vecino. El pueblo entero se volcará para honrar a Juan del Cobo en este día especial
Más allá de las cifras astronómicas lo que conmueve es la historia personal de este hombre. Juan quedó huérfano de padre con solo seis años y tuvo que trabajar muy pronto. Aprendió a leer y escribir después de larguísimas jornadas laborales en el campo. Dedicó toda su vida a sacar adelante a los suyos con un sacrificio constante y humilde. No tuvo una existencia fácil pero hizo lo posible para que su familia sí la tuviera. La cuerda es el símbolo visible de una perseverancia que ha durado toda una vida. Representa la lucha de un niño que se convirtió en un artesano respetado por todos. Su trayectoria vital es el verdadero motor que impulsa cada metro de cuerda trenzada. Su vida es un ejemplo de resiliencia ante las adversidades más duras del destino.
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