Este acuario de Barcelona devuelve un millón de litros al mar cada semana
Cada semana, frente a la costa de Barcelona, ocurre algo poco visible pero sorprendente: un acuario devuelve al mar alrededor de un millón de litros de agua ya tratada. Detrás de este proceso está L’Aquàrium de Barcelona, una de las instalaciones marinas más grandes de Europa, que alberga más de 11.000 animales de unas 600 especies.
El sistema forma parte de un modelo de gestión del agua que busca reproducir las condiciones del entorno marino sin generar residuos. Una idea que cobra especial sentido en el contexto del Día Mundial del Agua (23 de marzo), impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para concienciar sobre el uso sostenible de este recurso.
Todo comienza en la costa de la Barceloneta. El acuario capta agua de mar a través de un pozo situado a unos diez metros de la línea litoral. Antes de entrar en el sistema, esa agua pasa por un primer filtro natural: la arena, que actúa como barrera frente a sedimentos y partículas.
A partir de ahí, se inicia un proceso técnico mucho más complejo. El agua se somete a distintos sistemas de filtración que eliminan compuestos orgánicos, bacterias y sustancias potencialmente tóxicas. Este circuito se activa aproximadamente cada 90 minutos y funciona de manera continua, bajo supervisión las 24 horas.
El resultado es un entorno controlado que permite mantener especies sensibles como tiburones o peces tropicales en condiciones similares a su hábitat natural. En el llamado Oceanario (el tanque principal) el agua incluso se mantiene en movimiento para simular las corrientes marinas.
Un ciclo cerrado que imita al mar
Uno de los aspectos más llamativos del sistema es que no se trata de un consumo constante de agua, sino de un ciclo. Aunque la renovación completa se realiza de forma periódica, cada semana se libera al mar una parte del agua tras haber sido tratada.
Antes de devolverla, pasa por una fase final en la que se inyecta ozono para eliminar materia orgánica y mejorar su calidad. Este proceso garantiza que el agua que vuelve al entorno marino lo haga en condiciones adecuadas.
Según explican desde el propio acuario, el objetivo es cerrar el ciclo sin generar residuos: el agua se capta, se utiliza para mantener los ecosistemas del acuario y, tras ser depurada, se devuelve al mar.
Este tipo de sistemas se enmarca dentro de modelos de gestión hídrica más sostenibles, en línea con las recomendaciones de organismos internacionales como la UNESCO, que promueven un uso eficiente y responsable del agua en entornos urbanos y científicos.
Además, el control constante es clave. Los animales marinos actúan como bioindicadores: cualquier alteración en la calidad del agua tendría un impacto inmediato en su salud, lo que obliga a mantener estándares muy estrictos.
En conjunto, el sistema permite mantener un equilibrio entre la actividad humana y el entorno marino. Un proceso casi invisible para los visitantes, pero esencial para que un acuario de estas dimensiones funcione… y para que el agua, después de todo el recorrido, vuelva al mar en condiciones similares a las originales.
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