El barrio almeriense donde se puede visitar un horno alfarero de más de 500 años de historia en el que se sigue trabajando el barro
El municipio de Sorbas, que un curioso viajero puede encontrar sobre una montaña de cuarenta metros de altura, es uno de los grandes alicientes turísticos de la provincia de Almería. Famoso por sus icónicas casas colgantes que desafían el precipicio del barranco del Afa, el pueblo esconde un profundo secreto histórico entre sus muros. Sus calles, marcadas por una clara herencia islámica y un trazado laberíntico, conducen a un rincón donde el tiempo parece haberse detenido hace siglos. Se trata del barrio de las Alfarerías, un lugar donde la tradición no es solo un recuerdo, sino un trabajo diario y vibrante. Aquí, el paisaje de fachadas encaladas se funde con la historia de sus habitantes y sus antiguos oficios manuales vinculados a la tierra.
El trazado de las vías de este barrio refleja un pasado andalusí que todavía respira en cada esquina de este enclave estratégico. Es un destino imprescindible para quienes buscan autenticidad y raíces profundas. También conocido popularmente como “Las Cantarerías”, es el corazón palpitante de la industria artesanal local de Sorbas. Este apelativo rinde tributo a la excelente calidad de los cántaros que se han fabricado allí desde tiempos inmemoriales por manos expertas. Durante el siglo XIX, Sorbas fue el principal centro alfarero de la provincia, llegando a contar con más de veinte talleres activos simultáneamente. Aunque hoy el número es algo menor, la esencia de este gremio artesanal sigue vibrando con fuerza en la zona baja del casco urbano.
Al caminar por sus cuestas, se percibe el legado de los maestros que moldearon la identidad de este pueblo con sus propias manos. Es un sector donde el olor a barro húmedo y el humo de la leña persisten como señales de una vida eterna. Los talleres se agrupan en pequeñas plazas que sirven como puntos de encuentro fundamentales para la comunidad de vecinos. Pero sin duda la verdadera joya de la corona en este vecindario es su milenario horno alfarero de indiscutible origen árabe medieval. Con más de 500 años de historia a sus espaldas, esta maravilla patrimonial de la ingeniería industrial sigue funcionando hoy a pleno rendimiento. Representa un sobreviviente único de una época en la que existían más de una treintena de estas estructuras activas en el municipio.
Su persistencia a través de los siglos es un testimonio de la durabilidad y eficacia de la arquitectura moruna tradicional en tierras almerienses. Ubicado en una pequeña plaza, este ingenio continúa cociendo el barro tal y como se hacía en la más remota antigüedad. Los visitantes pueden ser testigos de un proceso vivo que apenas ha variado desde los tiempos de la Reconquista cristiana. No es una simple pieza de museo, sino una herramienta funcional clave para la economía actual de los artesanos locales.
El funcionamiento técnico de este horno histórico se basa en una estructura dividida sabiamente en dos niveles funcionales distintos. En la parte inferior, la leña arde con intensidad para generar el calor extremo necesario para la cocción adecuada del material cerámico. El nivel superior es el espacio destinado a las piezas de barro, que aguardan pacientemente para ser transformadas finalmente por la acción del fuego. Ambos niveles están comunicados por pequeños orificios que permiten que el aire caliente circule de manera muy uniforme por todo el interior. El control de la temperatura se realiza todavía a la vieja usanza, una técnica que requiere una gran experiencia acumulada. Mediante la apertura o el cierre de las chimeneas situadas en el techo, los artesanos regulan el calor interno con precisión. Este control manual resulta crucial para asegurar que cada vasija alcance su punto de cocción óptimo y sea muy duradera.
Los alfareros de Sorbas son mucho más que simples artesanos: son auténticos guardianes de un legado inmaterial vivo. Muchos de ellos son descendientes directos de los primeros repobladores que llegaron a estas tierras tras la toma de los Reyes Católicos. Familias como los Mañas, Cúllar, García o Muñoz han transmitido sus conocimientos técnicos de generación en generación durante muchos siglos. Maestros actuales como José Miguel García continúan hoy demostrando su destreza en el torno manual frente a las nuevas generaciones. Sus manos expertas transforman la tierra cruda en objetos de gran belleza y utilidad diaria frente al público que visita sus talleres. Esta transmisión de saberes de padres a hijos ha permitido que la identidad local de Sorbas permanezca intacta hasta hoy.
Artesanos, en directo
La materia prima para estas obras de arte surge directamente de las ricas tierras arcillosas que rodean al municipio sorbeño. La arcilla blanca se extrae de la Cañada Siscar, mientras que la rubia y roja proviene de la zona cercana conocida como La Mojonera. Esta variedad de tierras locales permite una gama cromática y de texturas única en cada una de las cerámicas producidas allí. Cada pieza surgida de estos talleres es totalmente singular debido a que todo el proceso de esculpido es manual y artesanal. Entre los objetos más icónicos destacan el botijo con forma de gallo y el encantador conjunto llamado popularmente como “ajuarico”, que consiste en una serie de útiles de cocina en miniatura, como pequeños almireces, cazuelas, sartenes y cucharas de barro. Estas piezas no son solo utilitarias, sino que se consideran verdaderas obras de arte de la rica etnografía de Almería.
Una visita al barrio de las Alfarerías ofrece una experiencia sensorial completa que va mucho más allá del simple turismo común. Los viajeros pueden entrar libremente en los talleres para ver a los artesanos trabajando en directo en sus respectivos tornos de mano. Es posible seguir el proceso completo de una pieza, desde que es una masa de barro informe hasta que sale cocida del horno. Esta inmersión en el mundo del oficio manual es muy valorada por quienes buscan un turismo cultural de calidad actualmente. Además de los hornos, el barrio alberga otros puntos de interés como el Museo de la Lana ubicado en una antigua fábrica textil. También se puede visitar una vieja almazara, hoy convertida en bar, donde se exponen diversas obras de artistas locales reconocidos. La combinación de historia, artesanía y hospitalidad convierte esta zona en una parada obligatoria en la provincia.
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