Caballos a la derecha y bisontes a la izquierda: el patrón secreto del arte rupestre en Euskadi
Las pinturas rupestres realizadas hace entre 16.000 y 14.000 años en varias cuevas de Euskadi no fueron fruto del azar. Un estudio del investigador de la Universidad de Euskal Herria (EHU) Iñaki Intxaurbe ha demostrado que los animales representados en estas composiciones seguían un patrón de organización concreto, con una distribución jerárquica y una orientación repetida que parece dejar clara la existencia de un sistema gráfico estructurado aunque su significado sigue siendo un misterio.
La investigación ha analizado cerca de 500 motivos gráficos de nueve cuevas mediante copias digitales, análisis de redes y técnicas estadísticas. El objetivo era comprobar si las figuras habían sido dibujadas sin un orden definido o si respondían a algún tipo de organización. Los resultados indican que las composiciones seguían unas reglas comunes, lo que refuerza la idea de que el arte rupestre paleolítico era una forma de expresión cuidadosamente planificada.
El propio Intxaurbe explica que su trabajo consiste en estudiar “las imágenes que se dibujaban en las paredes de las cuevas”. Para ello, realiza copias digitales de las figuras con el fin de llevar a cabo simulaciones y análisis estadísticos que permitan identificar relaciones entre los distintos elementos representados.
Una organización que se repite en distintas cuevas
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que los bisontes, los caballos y las cabras ocupan habitualmente las posiciones centrales de las composiciones, mientras que el resto de animales se distribuye alrededor de ellos. Además, la orientación de las figuras tampoco parece responder al azar: los caballos suelen aparecer mirando hacia la derecha, mientras que los bisontes y la mayoría de los demás animales lo hacen hacia la izquierda.
“Los bisontes suelen aparecer orientados hacia la izquierda y los caballos hacia la derecha. Salvo en algunos casos aislados, en los que ocurre justamente lo contrario: los caballos aparecen mirando a la izquierda y el resto de animales a la derecha. Eso demuestra que el sistema no es aleatorio y que detrás de estas imágenes existe una idea general, un elemento relevante dentro de su simbología”, afirma Intxaurbe.
El investigador aclara que el estudio no permite conocer qué significado tenía esta organización para las comunidades paleolíticas. Sin embargo, sí demuestra que las representaciones seguían una estructura interna constante. “El arte rupestre fue concebido de manera ordenada y no aleatoria”, concluye el trabajo, que también respalda algunas hipótesis formuladas ya en la década de 1950 sobre la existencia de un orden en este tipo de manifestaciones artísticas.
Un sistema estructurado de comunicación
Desde la EHU señalan que la expresión gráfica puede entenderse como una representación visual de ideas o información y que, si el arte rupestre contiene indicios de pensamiento colectivo o simbolismo, también podría interpretarse como un sistema estructurado de comunicación. Partiendo de esta idea, Intxaurbe sostiene que “ahora sabemos que el arte rupestre del final del Paleolítico poseía una estructura sintáctica y que detrás existe una idea o un código gráfico que nosotros no comprendemos, pero que para ellos era importante”.
El investigador recuerda además que estas pinturas no respondían a una actividad recreativa. “Las pinturas rupestres no se hacían con fines de ocio, sabemos que eran importantes para ellos, ya que los dibujos solo se hacían en determinadas cuevas, no en todas. Se seleccionaban cavidades concretas para ello”, explica. La metodología desarrollada durante esta investigación, junto con la base de datos generada, se ha publicado en código abierto para facilitar que otros equipos puedan aplicarla al estudio de cuevas de Francia, de otras regiones de la península ibérica o de cualquier parte del mundo, así como en disciplinas como la paleografía o la lingüística histórica.
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