Un ‘cementerio de tiburones’ en el desierto de Egipto revela un antiguo mar tropical del Cretácico
El actual desierto occidental de Egipto fue durante el Cretácico Superior el fondo de un mar tropical habitado por una comunidad de tiburones mucho más diversa de lo que mostraba hasta ahora el registro fósil. El hallazgo de 14 dientes fosilizados en los depósitos de fosfato de Abu-Tartur ha permitido reconocer al menos cinco especies adicionales de tiburones lamniformes, que se suman a las dos identificadas anteriormente en la zona. Dos de ellas no se habían documentado nunca en Egipto y una tercera, Scapanorhynchus cf. S. raphiodon, podría constituir el primer registro conocido en África de este antiguo pariente del actual tiburón duende. Los resultados, publicados en Cretaceous Research, apuntan a la existencia de un ecosistema marino rico en nutrientes en un territorio que hoy presenta condiciones extremadamente áridas.
Los fósiles proceden de un estrato de la Formación Duwi, una unidad geológica que atraviesa los desiertos oriental y occidental de Egipto y que conserva numerosos testimonios de aquel pasado marino. El equipo recogió los dientes en superficie en una capa fosfatada de la zona minera de Abu-Tartur, donde investigaciones anteriores ya habían localizado restos de peces, tortugas marinas y reptiles, además de dientes correspondientes a dos tipos de tiburones lamniformes. Los nuevos ejemplares presentan una notable variedad morfológica: algunos son estrechos y semejantes a agujas, mientras que otros tienen formas triangulares o bordes aserrados; sus tonalidades oscilan entre el marrón oscuro y el amarillo. Los investigadores compararon esas características con ejemplares de museo y descripciones científicas previas para determinar a qué taxones pertenecían.
Cinco especies amplían el mapa de los tiburones prehistóricos
El análisis atribuye los 14 dientes a cinco especies extintas: Cretalamna cf. C. maroccana, Scapanorhynchus cf. S. raphiodon, Serratolamna cf. S. serrata, Squalicorax bassanii y Squalicorax pristodontus. Todas se documentan por primera vez en Abu-Tartur, pero algunos de los hallazgos amplían el registro conocido más allá del propio yacimiento. Serratolamna cf. S. serrata y Squalicorax bassanii no habían aparecido anteriormente en Egipto, mientras que los restos atribuidos a Scapanorhynchus cf. S. raphiodon podrían ser los primeros encontrados en África. La suma de estos ejemplares y los identificados previamente eleva a siete las especies de tiburones conocidas en esta región egipcia.
Precisamente Scapanorhynchus cf. S. raphiodon proporciona una de las claves paleontológicas más relevantes del trabajo. Además de extender potencialmente hasta África la distribución geográfica conocida de este antiguo pariente del tiburón duende, los fósiles de Abu-Tartur podrían representar su aparición más reciente conocida en el registro estratigráfico. Los autores, sin embargo, mantienen cautela: serán necesarios más ejemplares y nuevos análisis taxonómicos para confirmar ambas interpretaciones. Parte de la incertidumbre deriva de la propia naturaleza del material disponible, formado por dientes aislados, que pueden dificultar la diferenciación entre especies extintas estrechamente emparentadas. De ahí que algunas identificaciones aparezcan acompañadas de la abreviatura cf., utilizada para señalar que el fósil es comparable con una especie determinada sin establecer una atribución completamente definitiva.
Cuando el desierto egipcio estaba bajo el agua
El escenario en el que vivieron estos animales era radicalmente distinto al actual. El Cretácico se caracterizó por unas temperaturas globales elevadas y un alto nivel del mar, asociado a un intenso efecto invernadero. En ese contexto, partes del actual Egipto quedaron cubiertas por aguas cálidas y tropicales. Los sedimentos ricos en materia orgánica que se acumularon en aquel medio marino acabaron formando con el paso del tiempo los potentes niveles de fosforita que caracterizan el área de Abu-Tartur, situada en la zona meridional del desierto occidental y poseedora de una de las mayores reservas de fosfato del país.
La presencia de varios tipos de tiburones encaja con la reconstrucción de un ecosistema de elevada productividad, capaz de sostener una red alimentaria que iría desde pequeños peces hasta grandes depredadores. La diversidad de los dientes también refleja animales con distintas adaptaciones, aunque los investigadores introducen aquí otra precaución importante: encontrar todos los fósiles dentro del mismo depósito no demuestra que las siete especies convivieran exactamente al mismo tiempo. Las capas fosfatadas se formaron durante periodos de baja sedimentación pero elevada aportación biológica, de modo que pudieron concentrar durante un intervalo prolongado restos procedentes de diferentes momentos y nichos ecológicos. El denominado “cementerio de tiburones” debe entenderse, por tanto, como una acumulación fósil formada a lo largo del tiempo y no necesariamente como la fotografía instantánea de una única comunidad.
Un registro excepcional para reconstruir los mares de África
Los dientes recuperados permiten completar la historia de los depredadores que poblaron el norte de África durante el Cretácico Superior. El registro fósil de los tiburones está representado con frecuencia por piezas dentales aisladas, por lo que cada nuevo yacimiento puede aportar información sobre la distribución de los diferentes grupos y sobre cómo cambiaron las comunidades marinas a lo largo del tiempo. En Abu-Tartur, además, las diferencias entre dientes estrechos y puntiagudos y otros más anchos o aserrados son coherentes con la existencia de depredadores con características y estrategias distintas, en lugar de una población homogénea ocupando exactamente el mismo papel dentro del ecosistema.
El hallazgo amplía así el conocimiento sobre la distribución geográfica y temporal de estos tiburones y aporta nuevas pistas sobre la evolución de los ecosistemas marinos del norte de África. La Formación Duwi conserva el registro de una fase en la que esta parte de Egipto alcanzó condiciones plenamente marinas asociadas a una gran transgresión, y los fósiles de Abu-Tartur ayudan a reconstruir su historia ecológica y cronológica. El equipo pretende continuar las investigaciones tanto en la meseta como en las áreas próximas, donde considera que todavía pueden aparecer nuevos restos capaces de completar el registro conocido.
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