Argelia pagó el precio de la 'Desgracia of Gijón' en 1982 y la FIFA cambió para siempre los horarios del Mundial
El calendario del Mundial 2026 tiene un recorrido que ocupará más de cinco semanas completas seguidas de fútbol. El torneo arrancará el 11 de junio con el partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca y terminará el 19 de julio con la final prevista en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
La competición se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, una organización conjunta que amplía el alcance geográfico del campeonato, aunque eso obligará a ver los partidos de madrugada en España. Las ciudades anfitrionas se repartirán encuentros durante más de un mes y convertirán la edición de 2026 en una de las más extensas de la historia. Esa cita también devolverá la atención a algunos episodios que marcaron para siempre la memoria de los Mundiales.
Una victoria histórica abrió una situación favorable
Pocas historias representan mejor los límites de la competición deportiva que la llamada Desgracia de Gijón. El 25 de junio de 1982, Alemania Occidental y Austria disputaron el último encuentro del Grupo 2 en el estadio de El Molinón. Argelia ya había completado sus partidos y dependía de ese resultado para seguir adelante. Las cuentas eran sencillas. Una victoria alemana por uno o dos goles clasificaba a alemanes y austríacos, mientras que los argelinos quedaban fuera pese a haber ganado dos de sus tres encuentros.
La situación había nacido de una cadena de resultados que sorprendió al fútbol internacional. Argelia derrotó por 2-1 a Alemania Occidental en la jornada inaugural, una de las grandes sospresas de la historia de los Mundiales. Después cayó por 2-0 frente a Austria, pero cerró su participación con un triunfo por 3-2 ante Chile.
Aquella selección africana se convirtió en la primera de su continente que vencía dos partidos en una Copa del Mundo. Sin embargo, el calendario permitió que los dos equipos europeos afrontaran su duelo conociendo exactamente qué marcador les convenía.
Los aficionados reprobaron una tarde sin ambición
Horst Hrubesch marcó para Alemania Occidental en torno al minuto 10 y colocó el resultado que favorecía a ambos conjuntos. Hubo algunas aproximaciones iniciales, aunque el partido empezó a perder intensidad con rapidez. Cada avance con cierto peligro podía alterar el equilibrio que mantenía con vida a austríacos y alemanes, así que medida que pasaba el tiempo, los intentos de ataque disminuyeron hasta dejar una imagen que indignó a buena parte de los espectadores.
Los cerca de 41.000 aficionados presentes en Gijón asistieron a un espectáculo que muchos describieron como una renuncia abierta a competir. Alemania Occidental conservaba el balón sin buscar demasiado el segundo tanto y Austria evitaba cualquier acción que pudiera poner en peligro la diferencia mínima. El público respondió con silbidos y protestas. La sensación general era que ambos equipos habían encontrado un resultado satisfactorio y que ninguno tenía interés en modificarlo.
La indignación también llegó a las cabinas de retransmisión. El comentarista alemán Eberhard Stanjek afirmó: “Lo que está ocurriendo aquí es vergonzoso y no tiene nada que ver con el fútbol”. En Austria, Robert Seeger protagonizó una de las reacciones más recordadas al pedir a los espectadores que apagaran el televisor. Las críticas tampoco se limitaron a esos países. En el Reino Unido, varios comentaristas denunciaron que el encuentro dañaba la imagen de la competición y cuestionaron la actitud de los jugadores.
La repercusión alcanzó incluso a la prensa local. El periódico gijonés El Comercio tomó una decisión que se convirtió en símbolo de aquel episodio. Su crónica apareció en la sección de sucesos, una forma de expresar que lo ocurrido en el césped merecía una consideración distinta a la de un partido normal. En Argelia, el enfado fue enorme. La federación del país presentó una protesta ante FIFA, aunque el organismo concluyó que no existían pruebas para sancionar a ninguno de los dos equipos ya que ambos involucrados negaron haber pactado el resultado. No obstante, Hans-Peter Briegel, futbolista que estuvo en aquel partido, reconoció en 2007 que sí estaba todo arreglado.
FIFA cambió el sistema tras aquella controversia
La polémica no desapareció con el paso de los años. En Alemania se popularizaron expresiones como Pacto de no agresión de Gijón o Desgracia de Gijón. En Argelia, el encuentro pasó a ser recordado como un escándalo nacional y como uno de los episodios más dolorosos de su historia futbolística. La sensación de agravio permaneció viva durante décadas y se da la casualidad que Argelia y Austria han quedado encuadradas en el Grupo J de este próximo Mundia.
La consecuencia más duradera llegó desde los despachos. FIFA entendió que el problema estaba relacionado con el formato del torneo. Desde entonces, los últimos partidos de cada grupo comenzaron a disputarse de manera simultánea para impedir que dos equipos afrontaran un encuentro con información completa sobre los resultados de sus rivales. La medida se extendió después a numerosas ligas nacionales durante las jornadas finales.
Más de cuatro décadas después, la Desgracia de Gijón sigue apareciendo cuando se habla de integridad competitiva en el fútbol. El marcador terminó con un 1-0 para Alemania Occidental, pero la verdadera herencia de aquella tarde fue otra. El partido cambió las normas de los Mundiales y dejó una advertencia permanente sobre lo que puede ocurrir cuando el resultado pesa más que el juego.
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