Un estudio revela la primera evidencia física de perros sin pelo en la cultura Wari, y sus funciones espirituales y sociales

Castillo de Huarmey, en Peru, con restos del Imperio Wari

Àlex Gonzàlez

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Un equipo de investigadores ha desvelado el papel que tenían los perros en el Imperio Wari, una de las primeras grandes civilizaciones andinas que se desarrolló entre los años 600 y 1050 d.C. en el actual Perú. El estudio, publicado en el Journal of Anthropological Archaeology, no solo amplía el conocimiento sobre la relación entre humanos y animales en esta cultura, sino que también presenta la primera evidencia física de perros sin pelo peruanos en este periodo.

La investigación se ha centrado en el yacimiento de Castillo de Huarmey, en el norte del país, donde se han analizado 341 restos óseos de perros mediante técnicas zooarqueológicas y análisis isotópicos. A partir de estos restos, los científicos lograron identificar al menos 20 individuos distintos, de diferentes edades y tamaños, lo que sugiere una convivencia prolongada y diversa entre humanos y perros.

Eran más que animales domésticos

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que los perros no eran una fuente habitual de alimento. La escasez de marcas de corte en los huesos indica que su consumo era limitado o inexistente. En cambio, los hallazgos indican una relación mucho más compleja y estrecha, con estos animales desempeñando funciones sociales y simbólicas dentro de la comunidad.

Algunos restos fueron encontrados en contextos funerarios junto a humanos, lo que refuerza la idea de que los perros podían tener un papel espiritual. En varias culturas andinas, estos animales eran considerados guías hacia el más allá, una creencia que podría haber estado presente también en el Imperio Wari.

Uno de los descubrimientos más llamativos es el de un perro con una extremidad amputada, algo que según los investigadores podría estar relacionado con algún tipo de práctica ritual, sugiriendo que el animal pudo haber sido preparado para cumplir una función simbólica como guardián de la tumba.

Además, se han documentado enterramientos compartidos entre perros y personas con un estatus relevante, como un joven o un artesano acompañado de herramientas. Estas asociaciones refuerzan la hipótesis de que los perros eran parte activa de la vida social y ritual.

Los perros sin pelo, un caso especial

Entre los descubrimientos más significativos también se encuentran tres ejemplares identificados como perros sin pelo peruanos. Esta identificación se basa en características anatómicas específicas, como la ausencia congénita de ciertos dientes, vinculada a la mutación genética responsable de la falta de pelaje.

El análisis isotópico ha revelado que estos animales tenían una dieta similar a la de los niños de la comunidad, especialmente durante sus primeras etapas de vida. Este dato sugiere que pudieron haber recibido cuidados especiales o haber sido criados en entornos domésticos privilegiados.

Vasija de cerámica que representa a un perro sin pelo peruano

Los investigadores también apuntan a posibles propiedades medicinales asociadas a estos perros, relacionadas con el calor corporal de su piel, una creencia que persiste en algunas culturas actuales. Todos estos detalles llevan a pensar que estos animales ocupaban un lugar destacado dentro de la sociedad Wari, probablemente como compañeros de alto estatus dentro de la comunidad.

Este descubrimiento representa la primera evidencia física de esta raza en la cultura Wari y además confirma su importancia simbólica, ya que es la única especie doméstica claramente representada en el arte de esta civilización.

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