Los superordenadores más potentes del planeta se están usando para despejar una extraña pregunta: ¿podrían existir Poniente o la Tierra Media?

Los científicos aplican modelos climáticos a universos narrativos

Héctor Farrés

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Algunos escenarios inventados abarcan continentes completos con mares, montañas y desiertos dibujados con tanto detalle que invitan a examinarlos como si fueran territorios reales. Mundos muy conocidos como Pandora en Avatar, Arrakis en Dune o el planeta Coruscant del universo Star Wars muestran ecosistemas, climas y geografías descritos con precisión. Esa amplitud hace que surja una duda. Si alguien aplicara leyes físicas reales a esos lugares imaginados, ¿seguirían funcionando?

El interés por esa pregunta ha llevado a científicos a utilizar herramientas que normalmente se emplean para estudiar el clima terrestre. Investigadores han aplicado modelos atmosféricos complejos a paisajes inventados para comprobar si las lluvias, temperaturas y vientos descritos por los autores podrían mantenerse en condiciones reales.

John Cook crea Terrios con apoyo de simulaciones atmosféricas

Según un estudio publicado recientemente, esos cálculos permiten examinar mundos narrativos con el mismo tipo de simulaciones que se usan para estudiar el calentamiento global. El objetivo no es evaluar historias, sino comprobar si sus entornos naturales encajan con la física del planeta.

Los modelos muestran qué universos podrían funcionar fuera del relato

Una parte de ese trabajo sirvió también para construir un territorio nuevo pensado desde el principio con ayuda científica. John Cook, investigador sénior en la Melbourne School of Psychological Sciences de The University of Melbourne, desarrolló una historia alegórica sobre la respuesta social al deterioro ambiental y colaboró con climatólogos para diseñar el clima de su mundo ficticio, llamado Terrios. Los científicos generaron simulaciones con datos de temperatura, lluvia y circulación de vientos a lo largo del recorrido de los personajes. Ese sistema permitió definir biomas distintos y condiciones atmosféricas coherentes en cada región del mapa.

Los resultados mostraban qué zonas serían húmedas, qué áreas quedarían sometidas a sequías y qué regiones recibirían vientos dominantes. Con esa información, el relato podía describir desplazamientos y paisajes sin contradicciones ambientales. La historia mantenía así coherencia interna porque cada trayecto atravesaba territorios con climas definidos por el modelo climático.

Los estudios reproducen patrones reales en la geografía de Tolkien

Antes de este trabajo, una simulación similar ya había demostrado que estos enfoques también pueden servir para explicar ciencia. El climatólogo Dan Lunt, profesor de Climate Science en la University of Bristol, publicó en 2013 una simulación del clima de la Tierra Media que terminó utilizándose en aulas para enseñar meteorología.

Según explicó el propio Lunt, el escenario narrativo ayudaba a ilustrar principios físicos difíciles de transmitir con ejemplos cotidianos. El estudio transformó un paisaje literario en una herramienta pedagógica para explicar cómo circula el aire húmedo o cómo se distribuyen las precipitaciones.

Los profesores encontraron que un entorno conocido por los lectores permitía explicar fenómenos atmosféricos de forma más clara. Las simulaciones mostraban cómo se forman lluvias intensas en regiones montañosas o por qué ciertas zonas quedan protegidas de las tormentas. Ese tipo de ejemplos facilitaba explicar los mecanismos que gobiernan el clima real.

El climatólogo presenta una simulación que utiliza un universo literario para explicar principios meteorológicos

El mismo enfoque se aplicó a la Tierra Media usando mapas detallados creados por J. R. R. Tolkien. Alex Farnsworth, investigador asociado en meteorología de la University of Bristol, junto con otros climatólogos, introdujo en el modelo datos de relieve terrestre y profundidad oceánica. Los científicos asumieron que ese mundo tenía parámetros físicos similares a los de la Tierra, como el tamaño del planeta o su distancia respecto al Sol. A partir de esas condiciones ejecutaron simulaciones completas del clima.

Los resultados mostraron un patrón parecido al del oeste de Europa y el norte de África. Las lluvias aparecían con más frecuencia en el lado occidental de las Montañas Nubladas, mientras el aire descendente producía regiones más secas al este. Ese comportamiento responde al mismo mecanismo observado en cordilleras reales, donde los vientos húmedos ascienden por la ladera expuesta y descargan precipitaciones antes de cruzar la montaña.

La simulación también apuntaba a una cobertura forestal amplia en gran parte del territorio. Esa distribución coincidía con descripciones literarias del propio Tolkien, donde se menciona que los bosques eran tan extensos que un animal podía desplazarse largas distancias entre árboles sin tocar el suelo.

Las simulaciones buscan explicar estaciones extremas en Poniente

Otro caso analizado planteaba un desafío distinto. En la saga creada por George R. R. Martin, los inviernos y veranos pueden durar décadas y aparecen de forma irregular. Dann Mitchell, profesor de Climate Science en la University of Bristol, participó en simulaciones destinadas a encontrar una explicación física plausible para ese fenómeno en Poniente.

Los científicos probaron un escenario en el que el eje de rotación del planeta oscila de forma caótica durante su órbita, algo parecido a una peonza que pierde estabilidad. En la Tierra, la inclinación del eje permanece estable gracias a la influencia gravitatoria de la Luna. En ese modelo alternativo, un cambio continuo de la inclinación produciría estaciones extremadamente largas y cambios bruscos entre periodos cálidos y fríos.

Los científicos proponen que un eje planetario inestable, afectado por la pérdida de un satélite, podría causar periodos climáticos muy largos

El estudio planteó además una posible razón para esa inestabilidad. En el relato se menciona que el planeta tuvo dos lunas en el pasado y que una de ellas desapareció. La pérdida de ese segundo satélite podría haber alterado el equilibrio gravitatorio del sistema y desencadenado variaciones en el eje del planeta.

Según The Conversation, ese tipo de simulaciones no solo convierte mapas inventados en modelos climáticos, sino que también permite responder a la pregunta inicial: algunos de esos mundos podrían sostenerse con leyes físicas reales, mientras otros solo funcionan dentro del relato que los imaginó.

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