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Madres somos todas

Hay que disputar el término madre para que todas las mujeres con hijos nos podamos sentir identificadas con él sin necesidad de ajustarnos a los cánones del patriarcado

Madre con bebé

Pixabay

España no es la misma desde el 8 de marzo. Hoy por hoy hay una sociedad cuestionando el modelo social dominante de crianza. Somos muchas las mujeres que no nos sentimos identificadas con la maternidad tal y como se ha vivido hasta ahora. Por eso, quiero que disputemos juntas el término madre, convencida de que la maternidad también puede representarse con otros valores como la libertad, la igualdad, la sororidad y la cooperación, propios de la España del 15M y el 8M.

La crianza es bella y gratificante pero se vive de forma dura en una ciudad como Madrid, cuyos ritmos y espacios no están pensados para personas con hijos e hijas. Imagino que en el mundo rural será igual o peor… La falta de horarios razonables en el trabajo, la escasa red pública de cuidados, la precariedad laboral que exige tanto a cambio de poco o una sociedad individualista donde se han puesto de moda los hoteles y restaurantes sin niños dificultan la crianza. En general, el planteamiento de nuestra sociedad hace difícil la organización de una vida familiar con peques.

Además, los cánones de belleza nos imponen exigencias físicas, de manera que la sociedad espera que nos recuperemos pronto del posparto y estemos sonrientes y sin estrías en tiempo récord.

Estas exigencias hacen que todas las madres intentemos ser la superwoman que llega a todo: que atiende a su pequeño, está guapa y atractiva, es eficaz en el trabajo y además tiene una vida social interesante. No somos heroínas, pero el hecho de no llegar a serlo termina frustrándonos y nos provoca culpabilidad. La culpabilidad atraviesa a todas las mujeres durante la maternidad. Además, las dudas por no saber si lo hacemos bien, los miedos, las presiones y una sociedad que espera que seamos madres perfectas, son los mejores ingredientes para alimentar esa culpabilidad y para sentirnos juzgadas.

Si optamos por la lactancia materna, nos juzgarán porque dar el biberón es más cómodo y liberador. Si optamos por el biberón, nos juzgarán también, porque la lactancia es muy sana para el bebé. Si llevamos al peque a la escuela infantil desde bien temprano, nos juzgarán porque no deseamos cuidarle; si lo llevamos a una sesión del Congreso de los Diputados nos juzgarán por no llevarlo a una escuela infantil. Nos juzgarán, hagamos lo que hagamos.

Frente a la culpa y a sentirnos juzgadas, es importante respetar la libertad de cada cual para elegir el modelo de maternidad que desee y le haga más feliz. Sin que nos juzguemos entre nosotras, sin que se juzgue cada una… No podemos entender que hay una única manera de ser madre. La maternidad no puede ser un espacio de confrontación entre nosotras, sino un elemento de unión y de sororidad.

La maternidad lleva consigo el arrojo y la fuerza de seguir hacia adelante, tirando del carro, hasta en los momentos donde no vemos salida posible. Pero hay veces que solas no podemos, y con amigas sí. A mí me llenaron de fuerza los espacios colectivos de apoyo a la lactancia, donde charlaba con otras mamás, compartíamos dudas y también soluciones. Disfrutar de espacios colectivos con otras madres fue la mejor receta para empoderarme en los momentos más duros.

Como dice Laura Baena, fundadora del club de Malasmadres, trasladando el sentir de muchas: la culpa compartida se lleva mejor. Por eso debemos unirnos, compartir los miedos y la culpa. Y luchar juntas contra un modelo social de maternidad obsoleto y culpabilizador, heredado del patriarcado. España ha cambiado y la maternidad también.

Hoy por hoy, el mercado laboral está pensado para un modelo de familia compuesto por el varón proveedor y la mujer cuidadora, obviando que las familias son diversas y han cambiado. Necesitamos una sociedad que valore los cuidados, impulse la corresponsabilidad y que ponga la vida en el centro de sus políticas.

Existen propuestas de soluciones que están encaminadas a reorganizar los cuidados y socializar la crianza, todas ellas necesarias, como crear una red suficiente de escuelas infantiles públicas, tener horarios laborales razonables o los permisos de paternidad y maternidad remunerados, iguales e intransferibles.

El 8 de marzo los balcones de nuestro país se llenaron de delantales con el fin de parar el mundo y de llevar a las plazas, cafeterías y cenas familiares el debate y la reflexión sobre cómo organizábamos nuestras vidas y nuestros cuidados. Las mujeres paramos para mirarnos a los ojos y preguntarnos cómo podíamos organizar la sociedad de manera que el cuidado dejase de recaer en exclusiva sobre nosotras. El feminismo convenció a las mayorías sociales de que tenemos una tarea pendiente para el futuro próximo: reorganizar los cuidados.

España no es la misma desde el 8M y hoy hay una sociedad poniendo en cuestión el modelo social de maternidad imperante. Decía mi compañera Sofía Castañón en su artículo “Tener un hijo y no ser madre”, que no se reconoce en aquello de lo que se ha ido cargando el término madre. Y es que somos muchas las mujeres que no nos sentimos identificadas con la maternidad tal y como se entendía hasta ahora.

Pero yo me resisto a abandonar la palabra madre. Me resisto a regalar en exclusiva esa palabra tan poderosa a quienes desarrollan un modelo de maternidad tradicional. Resignifiquemos el término madre, disputemos este concepto. Porque madres somos también las que adoramos a nuestros hijos e hijas pero además consideramos importante desarrollarnos profesionalmente o tener una interesante vida social y cultural. Madres somos todas: las que damos el biberón, las que somos lactantes, las que trabajamos o las que disfrutamos de excedencia laboral

Es nuestra responsabilidad disputar el concepto madre y hacer que ninguna mujer más se pueda frustrar por intentar parecer la madre que otros esperan que sea. Nunca más una mujer sintiéndose culpable pon no llegar a ser una buena madre. Nunca más una mujer juzgada por no ser madre o por ejercer la maternidad que le hace feliz. Es nuestra obligación que todas las mujeres con hijos e hijas se sientan madres, independientemente de cómo ejerzan la crianza.

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