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¿Por qué la izquierda anda errante?

Muchos de los posibles votantes habían percibido en Podemos un rasgo que no tenía IU: su modernidad

Nacido el primero de un movimiento mucho más progresista, es decir, adaptado a nuestro tiempo, como fue el 15M, han visto la unión con la vieja izquierda como un instrumento que no tenía posible validez actual 

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Manifestación republicana en Madrid EFE

Están sucediendo cosas raras en política. Situaciones y resultados inesperados que se interpretan con frecuencia cuantitativamente como si todo se resolviera en torno a cuántos votos han sido robados o trasladados de un partido a otro, sin tener en cuenta, a veces, lo que está sucediendo en el imaginario del electorado. Y esto tendría que ver con la percepción actual de qué se entiende por “derechas” y por “izquierdas”, pese a que algunos crean que son dos conceptos inamovibles.

Cierto que los imaginarios se mueven lentamente en la psique profunda de las gentes, pero se mueven. Y se mueven porque nuestro mundo es cambiante, más en épocas de crisis, pero principalmente porque los seres humanos nacimos prematuros y evolucionamos en una búsqueda constante de nuevas comprensiones de lo real para adaptarnos al medio, a nuevas circunstancias siempre itinerantes. Es lo que nos distingue de los otros animales, que nacieron con todo un sistema nervioso y cerebral ya conformado y guiados por el instinto. Son especies que reproducen un modelo ya construido con muy pocas incorporaciones nuevas.

Con esto quiero decir que las concepciones de lo que han sido llamadas izquierdas y derechas son cambiantes. Los liberales de hace un siglo, considerados como izquierdas, son hoy declaradamente de derechas. Basta con releer Luces de bohemia, de Valle-Inclán, para comprenderlo. Sin embargo, la izquierda consagrada en el siglo XIX como “socialismo científico” por Engels, es decir, el marxismo, había quedado demasiado fijada en el imaginario político de la izquierda como una verdad político-económica que sólo admitía matizaciones. En esto ha consistido el fracaso en Andalucía de la unión de dos izquierdas ambas marxistas.   

Muchos de los posibles votantes habían percibido en Podemos un rasgo que no tenía IU: su modernidad. Nacido el primero de un movimiento mucho más progresista, es decir, adaptado a nuestro tiempo, como fue el 15M, han visto la unión con la vieja izquierda como un instrumento que no tenía posible validez actual. Las propuestas escoradas hacia esa vieja izquierda sonaban a monsergas que ya no correspondían ni a la estructura social actual ni a sus inquietudes ni a su visión de futuro. La particularidad de los humanos es la de caminar hacia ese futuro y no la de repetir esquemas ya pasados por ser considerados verdaderos. La auténtica izquierda se caracteriza por saber que no existe nada fijo ni definitivo, sino la búsqueda constante de algo que nos haga más plenamente humanos. Con la postmodernidad se acabó la metafísica, y más la metafísica política, las eternas esencias de un bucle infinito que nos encierra en la parálisis sine die. Y no me hablen de propuestas. La gente no se lee los programas y lo que percibe es el espíritu (el aire) del modelo que representan los líderes y sus organizaciones. En este caso, nada nuevo bajo el sol. Podemos había quedado asimilado a la vieja izquierda, o a la nueva, al menos para trescientos mil votantes. Y para otros muchos que seguramente votaron por fidelidad, pero tapándose la nariz.

La izquierda clásica ya se percibe como regresiva, es decir, que ya no es izquierda salvo que se sitúe a la vanguardia de la búsqueda. La brújula para situarla ya no nos marca al oeste, sino al norte. El mundo está delante. Y también la vida. Y no marchar hacia donde nos marca la vida nos debilita. Esa es la imagen actual de Podemos en sus diversas marcas, que no la diversifican, sino que ahondan el mismo camino hacia la insignificancia de IU. Ahora, hasta el PSOE parece más de izquierdas por mostrarse como más moderno, más progresista. No digo que lo sea. Y menos en Andalucía, ya que su lideresa se parece cada vez más, no a las y los andaluces, sino a Canal Sur, el reino de Vetusta.

El problema de origen radica en ese espejismo de IU respecto a no concebir un movimiento de vanguardia que no fuera liderado por ellos. Esa supuesta cuadratura del círculo propició la creación de Podemos pilotando el 15M con unos presupuestos que les hace escorarse cada vez más hacia propuestas que ellos creen más de izquierdas, como imaginar un escenario similar al del 34, en el que tuvo lugar una revolución huelguística contra el gobierno de la derecha; en implementar los recursos contra la monarquía y traer la Tercera República ya o en hacer un frente en las calles al grito de “no pasarán” frente a VOX. Totalmente ridículo y desfasado. Los neocomunistas no son muy distintos a los tradicionales.

Muchas de las personas que aún seguimos en Podemos por fidelidad al 15M aún esperamos que esto se recomponga y se opte por la modernidad transversal que tuvo el movimiento. Después de escuchar a la líder de Podemos en Andalucía, ante una reflexión ad hoc, que la unión con IU en AA es irreversible, creo que no se ha entendido qué es ser de izquierdas. Lástima. La izquierda es búsqueda mirando al futuro y no repetición de aciertos o fracasos pasados.

Tal vez la izquierda en Podemos esté representada por el feminismo, que también intenta ser teledirigido, pero que realmente está orientando la brújula hacia un futuro, incierto y retador, pero acorde con el desafío que reclaman los tiempos de hoy y con mayor capacidad para el cambio. No olvidemos aquello de Hegel de que “las mujeres son la eterna ironía de la comunidad”. La seriedad y la solemnidad de las esencias políticas son siempre puestas en cuestión por la mayoría de las mujeres. Y esto se ha visto en la abstención femenina, claramente superior, en las elecciones andaluzas.

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