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Veinte años desde el asesinato racista de Lucrecia Pérez

Plataforma Ciudadana Contra el Racismo y la Xenofobia

Lucrecia Pérez llegó a Madrid hace 20 años. Su objetivo era trabajar para garantizar los estudios de su hija Kenia y volver un día para construirle una casa digna. Viajó, como todas, comprometiendo todo su dinero en manos de mafias. La ruta sin retorno comenzó en Vicente Noble, de allí a Santo Domingo. En el primer vuelo de su vida llegó a Nueva York, de allí saltó a París, luego a Bilbao y finalmente en tren hasta Madrid Las mafias eludían así los habituales controles policiales que deportaban a cientos de personas en el aeropuerto de Barajas.

En Madrid comenzó su trabajo como empleada de hogar, pero fue despedida al poco tiempo y malvivía en las ruinas de la discoteca Four Roses en Aravaca. En este barrio, las cientos de dominicanas internas se reunían los jueves en la plaza “Corona Boreal” para charlar, divertirse y reencontrarse con sus antiguas vecinas de Vicente Noble. Algunos vecinos de la localidad protestaban por su presencia, por sus voces, por su cultura.

Para expulsarlas de la zona, los municipales les pedían los papeles diariamente y trataban de desalojarlas de las ruinas de la discoteca. El 1 de noviembre la policía intentó llevarse detenidas a dos dominicanas indocumentadas de la plaza, por lo que el resto saltaron en defensa de las compañeras y el altercado se saldó con cinco heridas y numerosas detenidas. Los periódicos difundieron lo sucedido en todo el país. Una parte de la prensa mediática jugó un papel muy importante en lo sucedido, señalando a los migrantes como delincuentes. La mecha estaba encendida.

Las mentes más oscuras y racistas comenzaron a ver aquello como el símbolo y el objetivo de su xenofobia. A las nueve de la noche del 13 de noviembre de hace 20 años, el guardia civil Luis Merino Pérez de 25 años efectuó los disparos que acabaron con la vida de Lucrecia, mientras le acompañaban los menores Felipe Carlos Martín, Víctor Julián Flores y Javier Quílez, de 16 años.

Los asesinos dispararon indiscriminadamente contra los dominicanos que cenaban una sopa a la luz de una vela y huyeron en un coche que les esperaba. Lucrecia Pérez Matos, de 33 años, que llevaba solo un mes y tres días en España, fue alcanzada por dos tiros, uno de ellos en el corazón, e ingresó ya muerta en el Hospital. Hubo otro herido grave, Porfirio Elías, también dominicano, vecino hoy día del municipio de Pozuelo.

Los fascistas se reunían en la Plaza de los Cubos y desde allí salieron hacia el lugar que señalaban los periódicos.

“Lucrecia murió asesinada por ser pobre y negra”.

La España del momento descubrió el racismo y la xenofobia que llevaba dentro sin saberlo. La Transición no había acabado con el fascismo, que aún vivía, impune, en nuestras calles.

El altar con flores recogió el pesar de las gentes honestas en esta plaza de las dominicanas. Miles de ciudadanos se manifestaron en Madrid y en toda España contra la xenofobia. El Congreso de los Diputados, la Asamblea Regional de Madrid y tantas instituciones, partidos, sindicatos y asociaciones condenaron el brutal asesinato. Frente a la Four Roses el Ayuntamiento levantó un monolito en su memoria, pero no es suficiente: la plaza de las dominicanas debiera llevar el nombre de Lucrecia Pérez.

Hoy en día, según datos del INE, la población migrante empadronada en la Comunidad de Madrid es de más de 1 millón de personas, más de un 15% de la población madrileña. De los cuales más de 900.000 tienen su situación regularizada. Además, cabe puntualizar que hace ya dos años que la población migrante empadronada desciende en nuestra Comunidad.

La incorporación de la población extranjera trabajadora a la Región es considerada por todos los expertos sin discusión, un factor determinante en el crecimiento económico y del empleo que la Comunidad de Madrid ha tenido en los últimos 14 años.

Sin embargo, el contexto de crisis actual está impactando más fuertemente en esta población, fruto de su presencia en los sectores productivos más castigados y por tratarse de ámbitos laborales de precariedad, temporalidad, abuso, discriminación e incluso, explotación laboral, lo que aumenta claramente la vulnerabilidad laboral de las personas migrantes.

Desde la Plataforma Ciudadana Contra el Racismo y la Xenofobia denunciamos el trato mercantilista que se hace de los migrantes, utilizándoles como mano de obra barata y rechazándoles en el momento en que dejan de ser “útiles” para el sistema capitalista, ya que estas personas emigran por razones económicas en un mundo donde el capital se mueve libremente.

Creemos que es importante usar el término migrante pues representa una tendencia global por la cual los ciudadanos de diversos países tienen que dejar sus lugares de origen por condiciones económicas. En un país como España, donde son más los que se marchan que los que vienen, hablar de inmigrantes y emigrantes elimina una crítica más global a la dificultad de la movilidad de las personas frente a la total libertad de la que disfrutan los capitales.

Rechazamos una ley de extranjería que aplica la represión policial como solución a la migración de personas que solo buscan sobrevivir. Esta ley, además de las campañas mediáticas del gobierno, lleva a la exclusión social del colectivo de migrantes fomentando el racismo con redadas policiales e internamiento en CIES, que presentan la figura del “sin papeles” como un sujeto invisible o como un peligro social, controlable solo con los medios de orden público. El discurso positivo de la migración ha sido sustituido o por el más absoluto de los silencios, o por planteamientos sesgados, falsos y rotundamente discriminatorios, que pretenden de forma intencionada, imputar responsabilidades a las personas extranjeras.

Entendemos que esta política de control reprime los derechos y libertades de estas personas, rebajando su calidad de vida. La reciente reforma sanitaria que construye la existencia de dos mundos, el “legal” y el “ilegal” y excluye a los migrantes según su situación administrativa de asistencia sanitaria pública y gratuita, supone una violación de sus derechos fundamentales y un peligro para la sociedad en su conjunto.

Todas estas actitudes xenófobas por parte del gobierno y la población son déficits democráticos, caldo de cultivo para el surgimiento de bandas fascistas, sobre todo en época de crisis como la que vivimos. No aceptamos ningún tipo de agresión por razón de sexo, raza o ideología, pues las consideramos la visión más violenta y descarnada del racismo, el sexismo o el totalitarismo.

Por todo esto nos juntamos hoy, para recordar a Lucrecia Pérez, porque ni olvidamos ni perdonamos, ni a los culpables ni a los responsables del asesinato.

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