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El rey dispara contra la democracia

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Es intolerable que la Junta Electoral de Madrid haya censurado el vídeo electoral del Partido Animalista (PACMA) porque incluyera la famosa imagen del rey en la que posa, rifle en ristre, ante un elefante asesinado por él en Botsuana. Como si fuera algo nuevo que, con el dinero de los españoles y el amasado gracias a sus opacos negocios y a sus amigos corruptos, Juan Carlos de Borbón ha dedicado gran parte de su mucho tiempo libre a disparar para matar.

Supimos lo de Botsuana porque por la noche, después de saciar su apetito de sangre, el rey se rompió una cadera, acaso tras saciar otros gustos. Si no hubieran tenido que repatriarlo (¿quién pagó ese avión medicalizado?) para tratar su fractura (¿quién pagó esa intervención quirúrgica y ese postoperatorio?), el elefante de Botsuana, despatarrado contra un árbol, humillado en su imagen final, habría sido uno más en la larguísima lista de sus víctimas silenciadas. Pues solo supimos del crimen de Mitrofán, aquel oso tranquilo al que emborracharon y soltaron (tambaleante, derrotado tras una vida de cautividad y abusos como atracción de feria) para que Juan Carlos de Borbón disparara sin dificultades contra él, porque lo denunció un empleado del coto ruso adonde el rey ha ido a cazar osos porque en España está prohibido. Y solo supimos del crimen de otros nueve osos (incluida una osa preñada), que disfrutó el rey en Rumanía, porque lo denunció la prensa rumana.

Cientos de animales decapitados y colgados como trofeos en la pared, así como su colección de armas, son algunas de las pruebas de los innumerables disparos del rey. Están en ese pabellón de caza por cuya construcción pagó Patrimonio Nacional (pagamos) 3,4 millones de euros. Pabellón de caza que se encuentra muy cerca de la finca del Monte del Pardo donde Corinna, esa princesa que ha hecho toda clase de negocios con Juan Carlos de Borbón, ha vivido, también a costa de los presupuestos del Patrimonio Nacional, como una auténtica reina.

La censura de la Junta electoral madrileña al vídeo de PACMA demuestra a las claras que la Casa Real utiliza sin pudor la negra mano de su poder, ahora para preservar una imagen que, salpicada de sangre, de corrupción familiar y de destellos que van iluminando su turbia relación con la Transición o con el intento de golpe del 23F, solo representa la injusticia intrínseca a esta monarquía parlamentaria, los abusos de una jefatura del Estado que pone en evidencia su obsolescencia como forma de gobierno. Que esa mano negra sea capaz conseguir el veto de un vídeo electoral donde el rey aparece haciendo lo que hace, haciendo lo que todos sabemos que hace, es un escándalo institucional y supone el ataque a un derecho fundamental, una violación de los mecanismos democráticos y de su esencia misma, un atentado a la democracia.

Que además esta censura se haya llevado a cabo a través de una consulta formulada por Telemadrid, servicio público mantenido con los impuestos de los madrileños (su presupuesto para el 2014 es de 80,3 millones de euros), y que el argumento haya sido la “manipulación” de la imagen del rey supone una burla indignante. Telemadrid, deslegitimada como medio de comunicación por sus continuas mentiras. Telemadrid, denunciada por sus propios trabajadores por su permanente vulneración de la neutralidad informativa. Telemadrid, denunciada por manipulación sectaria por dos de sus ex directores (Jorge Martínez Reverte, del PSOE, y Francisco Giménez-Alemán, del PP de cuando Gallardón era presidente de la Comunidad de Madrid). Telemadrid, la que estampa el anagrama de ETA en sus reportajes sobre el 11-M y sobre la cara de Rubalcaba. Telemadrid, la que emite imágenes de disturbios en las calles de Grecia y las atribuye a violencia callejera durante el 15-M. Telemadrid, la que saca imágenes de coches calcinados en Lasarte y dice que han sido quemados por radicales en Gamonal. Telemadrid, la que dedica siete horas de programación a hacer propaganda nacional-católica a cuenta de la canonización de dos papas. Telemadrid, la que no menciona el ático de Ignacio González, ni los cheques guardería de Figar, ni los abucheos a Botella, pero acosa y derriba a Elpidio Silva para defender a Miguel Blesa. Telemadrid, que criminaliza zafia y diariamente a la izquierda madrileña mientras entrega tiempo de emisión y platós a candidatos de Vox que ni siquiera tienen representación (ni parlamentaria, ni autonómica ni municipal) y a tipos como Marhuenda. Telemadrid, la del ERE que ha dejado en la calle a 829 trabajadores, un despido que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha considerado improcedente al sentenciar que no estaba ajustado a derecho. Telemadrid, la que, convertida en el cortijo mediático de la españolista taurómaca Esperanza Aguirre, es la cadena autonómica con audiencia más baja.

Manipulación es poco: lo que ha hecho la mano negra de la Casa Real a través de Telemadrid, mano negra de Esperanza Aguirre, censurando el vídeo de PACMA, es un asalto a la libertad de expresión propio de una dictadura, un golpe de esas manos ensangrentadas sobre la mesa de la democracia. Lo que sorprende es que el resto de los partidos democráticos no hayan hecho un necesario ejercicio de solidaridad política, de moral pública, y se hayan plantado, expresado, unido ante este atropello. Únicamente el Cículo Animalista de Podemos hizo público un comunicado expresando su solidaridad e indignación. Pues no solo los ciudadanos tenemos, a título individual, el derecho y el deber de indignarnos: sería legítimo y extraordinariamente constructivo y alentador que las formaciones políticas, como tal, se indignaran ante esta muestra de tiranía institucional, ante esta mordaza que, en la boca de PACMA, nos ponen, en realidad, a todos los ciudadanos y a todos los partidos verdaderamente democráticos. Ante este nuevo disparo del rey, que deja aún más gravemente herida a nuestra democracia.

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