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La inmersión en la escuela, el símbolo de la lucha por la igualdad

El modelo de la escuela catalana está pensado para cohesionar y no para dividir, puesto que evita la segregación de los alumnos en función de la lengua 

La inmersión es fruto del esfuerzo de miles de padres y madres que no nacieron en Catalunya pero pelearon para que sus hijos fuesen bilingües

Los resultados de las pruebas de acceso a la universidad demuestran que las notas medias en castellano son superiores a las obtenidas en catalán

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Portada de la revista Cavall Fort publicada en 1970

Portada de la revista Cavall Fort publicada en 1970

Este es un artículo a favor de la inmersión lingüística. A favor de un modelo pensado para cohesionar y no para dividir, que a diferencia de otros sistemas evita separar a los alumnos en función de la lengua, y cuyo mejor aval son los resultados en las pruebas de competencia lingüística, que demuestran que el conocimiento de catalán y castellano es el mismo durante toda la trayectoria escolar.

Este es un modelo fruto de un esfuerzo colectivo, empezando por el de pedagogos como la socialista  Marta Mata que en la Transición lucharon para evitar la segregación en las aulas. La inmersión es el esfuerzo de miles de padres y madres que no nacieron en Catalunya pero pelearon para que sus hijos fuesen bilingües. La primera aplicación de esta fórmula se realizó en 19 escuelas de Santa Coloma de Gramenet. Era el curso 1983-1984 y la prueba se hizo en unos centros donde la mayoría de los alumnos eran castellanoparlantes. Fue posible gracias al empeño de un grupo de padres que querían que sus hijos aprendiesen la otra lengua que se hablaba en Catalunya. Esos padres y sus hijos simbolizan la lucha por la igualdad. Eso es la inmersión.

La escuela catalana es también (o sobre todo) el esfuerzo de varias generaciones de maestros cuya contribución al progreso individual de muchos catalanes y al del país en su conjunto no siempre ha sido reconocido como se merece. Son esos profesores que se han indignado contra los recortes en la educación pública y que ahora defienden las aulas de acogida para evitar que haya alumnos de primera y de segunda en función de su lugar de nacimiento. La inmersión también va de la dignidad de un colectivo que, a diferencia de muchos políticos, piensa en el futuro de los hijos y no en el voto de sus padres. 

Tras la amenaza del Gobierno central de acabar con la inmersión vale la pena hacer un repaso a toda la prensa editada en Catalunya, en papel o digital. Sirve para comprobar que este debate no va de izquierdas y derechas, no va de independentismo. Se trata de respeto y de convivencia, dos conceptos que algunos gobernantes o aspirantes a serlo son capaces de menospreciar hasta unos límites tan preocupantes como indignantes. 

La mejor manera de combatir la  política gallinácea que el PP y Ciudadanos hace años que practican con el catalán es aportar datos que la rebaten. Aquí van algunos:

  1. En el 2016 hubo 150 familias catalanas que solicitaron al Ministerio de Educación la ayuda para que sus hijos fuesen educados en castellano. Se le concedió a 50. O lo que es lo mismo, aproximadamente al 0,007% del total de los alumnos escolarizados en Catalunya. 
  2. Los resultados de las pruebas de acceso a la universidad demuestran que las notas medias en castellano son superiores a las obtenidas en catalán. En el 2016 la nota media en lengua catalana y literatura fue un 6'09 mientras que en lengua y literatura castellana fue un 6'17. No es una excepción puesto que si se analizan los datos desde el 2012, los alumnos catalanes que aspiran a entrar en la universidad han logrado siempre mejor nota en castellano que en catalán.
  3. Los alumnos catalanes consiguen  mejores resultados que la media española en las materias evaluadas por el informe Pisa, entre ellas, comprensión lectora, matemáticas y competencia científica. 

Conclusión: El problema de la educación en Catalunya es el mismo que en el resto de España. Es el fracaso y la falta de competencia en inglés. El abandono escolar prematuro está situado en casi el 18%, muy por encima de Euskadi (7'3%) y por detrás de comunidades como Baleares (27%) o Murcia (26'5%), según datos referentes al 2017. Esta debería ser la prioridad de los gobernantes. Sean los que aprovechan el 155 para impulsar unas medidas que no cuentan con el apoyo mayoritario ni del Parlament ni de la sociedad o los que aspiran a regresar a la Generalitat pero son incapaces de ponerse de acuerdo.

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