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El presidente Puigdemont también es nuestro

Puigdemont es el presidente de los catalanes, mal que le pese a M.Rajoy y Felipe de Borbón, pero es un demócrata y nuestro deber es defender su libertad

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Carles Puigdemont durante el discurso de la Diada de Sant Jordi

Carles Puigdemont durante el discurso de la Diada de Sant Jordi Ruben Moreno - Generalitat de Catalunya

En medio de una retransmisión de RNE desde Valladolid con público presente la presentadora anuncia una noticia, la detención del president Puigdemont por la policía alemana a resultas de la petición de la fiscalía española, o sea el Gobierno. Reacción inmediata en el público: aplausos. Seguramente no todo el público, habría personas que en vez de exultantes estarían un algo encogidas por una noticia que anunciaba algo lamentable, la persecución policial a un político ordenada por el gobierno corrupto de M.Rajoy. Incluso puede que alguna persona que se sumó instintivamente al aplauso sintiese luego vergüenza. Seguramente, pero qué siniestra reacción de ese público, que podría ser el público que sigue RNE en muchas otras ciudades españolas.

Una reacción propia de carceleros voluntarios, el odio sembrado desde la política y los medios de comunicación españoles hacia los gobernantes catalanes y los más de dos millones que los votaron ha envilecido la vida social y a la gente como no se conocía desde hace cuarenta años. Y eso se corresponde con la imagen que se ha ganado el Reino de España nuevamente, un país represor, donde las diferencias políticas se solucionan con la policía y la prisión, un país del que huyen disidentes o entran en la cárcel.

Son consecuencias llamativas de un plan férreo trazado desde el primer momento en que M.Rajoy llegó a la Moncloa a lomos de todos los medios de comunicación de la corte, propiedad de la banca. Inmediatamente “tomaron” TVE y eso era indicativo de lo que iban a hacer, para aplicar un programa de robo de derechos sociales y de saqueo del estado necesitaban acabar con la libertad de expresión, ya tenían los periódicos y televisiones, y redactaron la Ley Mordaza.

Estos años nos han ido administrando dosis sucesivas pero constantes de franquismo, dosis tan pequeñas que eran casi inadvertidas, intoxicándonos, y las fuimos tragando y nos fueron quitando todo, el estado social y la libertad. Fuimos aceptando lo que les hacían a otros identificándonos con una bandera, la borbónica, y un himno, la marcha militar borbónica, y una “unidad” que significaba perseguir, “a por ellos”, a quienes no se sometían. Nos hemos ido haciendo un poquito más franquistas cada día que nos reíamos de los catalanes que llevaban hostias por querer ser libres, chistecitos de presos, haciéndonos cada día un poco más carceleros de los libres. Nos han ido vacunando contra la libertad, hasta escandalizarnos de que haya gente que quiera votar lo que le salga de donde le tenga que salir. La libertad hoy por aquí es algo bastante olvidado o desconocido.

Pero no bastaba con comernos el coco y no bastaba para reprimir con la policía, necesitaban a los jueces y llevaron a cabo una reforma de la Justicia tal que no sólo le retiró a los particulares el amparo y el derecho la justicia sino que transformaron la Justicia como poder en el brazo ejecutor de la represión. Además de colocar sin rubor a jueces confesadamente franquistas en los puestos de poder, con lo cual controlan la Audiencia y el Tribunal Supremo, aprobaron en el 2015 la reforma de la ley del Tribunal Constitucional y esa reforma supuso la reforma de todo el estado, la anulación del poder legislativo en la práctica. Con la excusa de hacer una reforma express para procesar al presidente de la Generalitat de entonces transformaron al TC en un instrumento reaccionario con poder absoluto con capacidad y finalidad represiva.

El PP de M.Rajoy tras la campaña de recogida de firmas contra el estatuto “de los catalanes” por toda España interpuso una demanda al TC y maniobró para que la composición de ese tribunal fuese de acuerdo con sus intereses y así los magistrados designados por el PP recusaron a un compañero, Pablo Pérez Tremps. Ya un tribunal de acuerdo con el PP emitió un fallo que tuvo muchísima más importancia que la ofensa y el daño que encajaron los catalanes. De hecho aquel fallo no sólo expulsó definitivamente al catalanismo del consenso sobre el que había nacido la Constitución sino que creo que es una verdadera refundación del sistema jurídico político nacido de la Transición.

Un estatuto que había sido elaborado y aprobado por el parlamento catalán, recortado, cepillado y luego aprobado por el parlamento español y luego aprobado en referéndum por el pueblo catalán fue cambiado por el Tribunal Constitucional. Los catalanes a día de hoy se rigen por un texto legal que no lo es. El estatuto que los parlamentos y ellos mismos aprobaron no fue aceptado por el TC que lo sustituyó por otro texto, el inicial reformado a través de recortes. No entro ya en si ese tribunal se cebó recortando cosas que están reconocidas a otros estatutos, el cortar y el rascar todo es empezar. No se trata solamente de la suspensión de la legalidad en que dejaron a los catalanes desde entonces sino que establece dos principios: el TC puede interpretar y modificar cualquier texto estatutario y no son los parlamentos, el legislativo, quien fija la ley sino el TC, que está por encima. Así pues, el Reino de España ya no es un sistema parlamentario cabalmente entendido. Pero estas cosas, tan graves que parecen increíbles, las sabe mucho mejor el profesor Javier Pérez Royo.

Pero hace años que me cuesta creer las cosas que he venido escribiendo aquí, no estábamos preparados para imaginar esta degeneración franquista de la vida pública española. Sin embargo, en cuanto al odio a los catalanes sí que me lo creo todo. Como me creo que todo lo que está ocurriendo desde hace meses era un plan que se ejecuta paso a paso implacablemente, desde la sentencia del TC los fueron acorralando, sin darles respiro ni negociación ni salida, llevándolos a donde ahora los tienen, contra el muro de un estado carcelario.

Cuando el president Tarradellas volvió del exilio trayendo la institución republicana de autogobierno catalán, la Generalitat, lo hizo sobre la promesa de Suárez y el rey anterior de que tendría un reconocimiento y encaje en la constitución que se iba a redactar. Pero Suárez fue apartado por el mismo rey y el Ejército, el cheque democrático de Suárez no tenía fondos, ahora la Generalitat, su legítimo presidente, pues aún no ha sido elegido otro está en el exilio detenido por la policía alemana a instancias del gobierno de M.Rajoy.

Pero todo eso no habría podido ocurrir sin un PSOE entregado a la estrategia de estado que llevan a cabo M.Rajoy y Felipe VI.

No me extiendo, sólo recuerdo lo que llevamos diciendo desde hace tiempo, no se trata de república independiente o de reino español sino de democracia o no. Y en España ese “no”, significa franquismo. Puigdemont es el presidente de los catalanes, mal que le pese a M.Rajoy y Felipe de Borbón, pero es un demócrata y nuestro deber es defender su libertad.

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