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España, ante el reto de aumentar la productividad

A raíz de la llegada de la crisis económica a España, muchos análisis publicados sobre los salarios y su evolución señalaban como una característica importante la rigidez del sistema de determinación salarial, al tiempo que destacaban el elevado poder de los trabajadores en los procesos de negociación colectiva. Este sistema, argumentaban, no parecía capaz de responder al aumento del desempleo que se estaba viviendo en aquellos momentos. La solución consistió en imponer la moderación salarial como una herramienta más para luchar contra el desempleo.  Esto vino de la mano de la reforma laboral de 2012, que dio cancha a las empresas para modificar los salarios alegando razones de competitividad, productividad u organización.

La respuesta ha sido tal que si analizamos los datos sobre salarios y la evolución de los precios, con independencia de la fuente de información, observamos que los trabajadores han ido perdiendo poder adquisitivo. Han sido muchos los años en los que el aumento interanual del IPC ha sido superior al de los salarios. Los datos de la  Encuesta Trimestral de Coste Laboral publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan cómo desde 2010 los costes laborales totales, y en particular los salariales (1), han moderado su crecimiento, y cómo a partir de 2012 han aumentado menos que los precios, dando lugar a una caída de sus valores reales, como se puede observar en el gráfico. Es más, en 2017 se ha producido una ligera disminución del coste laboral total y salarial de las empresas, en concreto el 0,2% menos respecto al mismo trimestre del año 2016. Por otra parte, la inflación estimada por el INE sitúa  el indicador adelantado del IPC en agosto en el 1,6%, indicando que los precios suben más que los salarios. Desde el punto de vista de la competitividad, esto está muy bien porque las empresas reducen sus costes, pero desde el punto de vista de los trabajadores, se produce una importante pérdida de su capacidad adquisitiva, lo que erosiona el consumo y afecta negativamente a la producción y el empleo.

Teniendo esto en cuenta, cabe preguntarse si las bases de la recuperación del empleo que se observa en la economía española se pueden considerar sólidas. La información que se deriva de la evolución salarial es insuficiente para determinarlo. Algunos analistas del mercado de trabajo creen que la variable significativa para el empresario no es el coste laboral por unidad de trabajo, derivado básicamente de la remuneración recibida por los trabajadores, sino el coste laboral unitario que relaciona el coste laboral con las unidades producidas. Por ello, no es suficiente saber cómo ha evolucionado la remuneración de los asalariados, sino que se debe tener en cuenta cómo evoluciona en relación con la productividad. 

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Necesitamos otro modelo social

Ilustración: ElLISA BIETE JOSA

La afirmación de que Otro mundo es posible se puso de manifiesto en el Foro Social de Porto Alegre, en 2001, y se convirtió en lo que hoy sería, seguro, trending topic por su fuerza expresiva. Así lo explicaba la declaración de este Foro: “Los movimientos sociales construimos una gran alianza para crear una nueva sociedad, distinta a la lógica actual que coloca al mercado y al dinero como la única medida de valor. Davos representa la concentración de la riqueza, la globalización de la pobreza y la destrucción de nuestro planeta. Porto Alegre representa la lucha y la esperanza de un nuevo mundo posible donde el ser humano y la naturaleza son el centro de nuestras preocupaciones.”

Este mundo, que hay que parar, ha desarrollado sus tentáculos desintegradores de la cohesión social y está descomponiendo el conjunto de la sociedad. Tan sólo algunos ejemplos:

El sistema, decía Eduardo Galeano, se basa en “producción máxima, costes mínimos, mercados abiertos, ganancias altas; lo demás es lo de menos… la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y haciendo trizas el tejido social comunitario”. Y añadía: “El Estado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza”.

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La crisis de España alcanza a Europa

Estudiantes se manifiestan contra la brutalidad policial en Barcelona.

La espiral de la grave crisis política a la que se ha visto arrastrada España a raíz del proceso independentista de Catalunya preocupa seriamente a la Unión Europea. En pocas semanas, el conflicto catalán se ha convertido en el principal problema de España y se está configurando como un amenazante peligro para Europa. Las agencias de calificación S&P y Fitch ya han advertido de los riesgos del contencioso para el crecimiento económico en la zona euro. Citigroup ha advertido de un riesgo “no despreciable de rebelión civil”.

En Europa está muy vivo el recuerdo de la crisis del euro desatada por Grecia, un país con un PIB de 175.888 millones de euros que significa menos del 2% de la economía de la zona euro. La desestabilización de Catalunya, con un PIB de 223.629 millones,  una quinta parte de la economía española, podría tener efectos catastróficos.

Las repercusiones que están generando los acontecimientos en Catalunya han tenido hasta ahora una respuesta muy tibia por parte de los líderes europeos. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se ha refugiado en que “es un asunto interno de España que se debe abordar en línea con el orden constitucional español”.

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"Nuestro modelo económico se basa en una imagen equivocada del ser humano"

Yochai Benkler, profesor de Harvard y experto en producción digital colaborativa.

Yochai Benkler, autor de La riqueza de las redes (Icaria), lleva más de dos décadas estudiando Internet e investigando el papel de la información en abierto y la producción colaborativa y descentralizada en una economía y una sociedad conectadas. Pronto se dio cuenta del potencial de la producción colaborativa online, de las que han surgido iniciativas como la Wikipedia o el sistema Linux, para generar una nueva lógica económica. Benkler, jurista experto en emprendimiento, trabaja en una visión económica que va más allá de la simple oposición entre Estado y mercado libre. El profesor de Harvard habla de una auténtica disrupción, de una revolución cultural global. “Al contrario de lo que nos quiere hacer creer, la ideología neoliberal, la propiedad privada, las patentes y el libre mercado no son los únicos pilares donde sostener con eficacia una sociedad. La producción entre iguales basada en el procomún nos ofrece hoy una alternativa económica coherente”, remarca.

Usted asegura que la crisis financiera demostró hasta qué punto la economía neoliberal no funciona. ¿Cuál es la alternativa?

En los dos países en el mundo donde la visión neoliberal de la economía y de la sociedad ha predominado más desde los ochenta, Estados Unidos y Reino Unido, vemos que la desigualdad ha aumentado enormemente. El resultado es conocido: Trump y el Brexit. Su nacionalismo económico viene a rechazar de plano el relato que tradicionalmente vendía el centro, tanto centroderecha como centroizquierda, sobre la organización de la economía. Defienden un orden económico basado en una liberalización sistemática que beneficia a una minoría muy pequeña y que pone el afán de beneficio como el principio fundamental. La visión de los dos candidatos de izquierda, Bernie Sanders en EEUU y Jeremy Corbyn en Reino Unido, retoma un papel más importante para el Estado… incluso abierta a nacionalizaciones en el caso de Corbyn. Por tanto, surge como rechazo al sistema existente quien propone soluciones desde un nacionalismo económico con odio hacia las minorías, como es el caso de Trump y el partido UKIP en el Reino Unido, hasta socialismo de la “vieja escuela”. Este contraste es muy fuerte en el mundo anglosajón, y en otros países, más matizado.

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Un grupo de accionistas lucha para que el cambio climático sea considerado un riesgo financiero en Australia

Protesta contra la mina de carbón Carmichael ante el Ministerio de Medio Ambiente de Australia.

El pasado 8 de agosto, representantes de la organización Environmental Justice (justicia medioambiental) presentaron una demanda ante un tribunal federal contra el Commonwealth Bank, el mayor banco de Australia, en nombre de dos de sus accionistas, Guy and Kim Abrahams, al considerar que su informe de actividad correspondiente a 2016 no mencionaba el cambio climático como un riesgo financiero para el negocio bancario, tal como recomendó recientemente la Autoridad Bancaria Australiana (APRA). El último informe de la APRA considera el cambio climático como una amenaza al conjunto del sistema financiero e insta a las compañías a adaptarse al nuevo escenario.

Es el primer caso en el mundo en que se plantea un pleito de estas características contra una entidad financiera. En opinión de los demandantes, al no considerar el cambio climático como factor de riesgo en su informe anual, el banco no da una imagen fiel de su situación financiera real y de su rendimiento, como exige la Ley de Sociedades Anónimas. “Compramos las acciones de Commonwealth hace veinte años, como una inversión para el futuro de nuestros hijos, que ahora puede estar en peligro”, sostienen los demandantes.

La querella expresa sus reservas ante el posible “riesgo para su reputación” que puede afectar a la entidad bancaria si financia el proyecto de la mina de carbón Carmichael —del grupo indio Adani—  en el estado de Queensland. Esta nueva mina sería la mayor de Australia y llevaría aparejada la construcción de una línea férrea para unirla con el punto de exportación hacia India: la terminal portuaria de Abbot Point, a unos centenares de kilómetros de la gran Barrera de Coral. La respuesta del primer banco australiano a la presión fue inmediata y mediante una declaración aseguró que no se planteaba participar en el proyecto.    

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Lecciones de Octubre de 1917

Manifestación de obreras en Petrogrado (hoy San Petersburgo) en el invierno de 1917.

Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los grandes historiadores de nuestro tiempo, con una erudición y profundidad fuera de lo común y gran capacidad para interrelacionar y explicar de forma didáctica fenómenos complejos con herramientas interdisciplinares. Aunque especializado en el siglo XIX, en los últimos años ha ido centrando cada vez más su atención en el XX, como hizo también el fallecido historiador británico Eric Hobsbawm, del que Fontana es sin duda uno de sus más destacados herederos, con su compartida adscripción a la tradición marxista, pero de espíritu libre, heterodoxa y máxima profesionalidad.

En su último libro, El siglo de la revolución (Crítica) , Fontana repasa el último siglo tomando como referencia el impacto de la Revolución de Octubre y la toma del poder de los bolcheviques de Lenin en Rusia, ahora hace cien años. Obviamente, no se trata de un ejercicio de nostalgia, sino que es una aportación imprescindible para entender de verdad el último siglo e incluso lo que llevamos de XXI, marcado por la crisis económica para las clases populares, la explosión de la desigualdad y el terrorismo yihadista globalizado.

Con las luces largas que aporta Fontana, es evidente que los efectos de la Revolución de Octubre van mucho más allá de la revolución social vivida en Rusia y hasta de las acciones que durante décadas emprendieron revolucionarios en el mundo entero inspirados por la toma de poder bolchevique. En realidad, es difícil aproximarse a los fenómenos clave del último siglo —incluso los que definen la década actual— sin tomar en consideración los efectos que tuvieron para el mundo la Revolución de Octubre y la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), disuelta en 1991: desde el auge y caída de los fascismos, que encuadraron los miedos que generaba Moscú y en cuya derrota militar en la II Guerra Mundial fue determinante el Ejército Rojo, hasta el pacto social mismo que explica el Estado de bienestar en el que todavía vivimos, estimulado en origen también por el miedo rojo y ahora progresivamente debilitado por la desaparición de la amenaza comunista; pasando por el terrorismo global de raíz yihadista, que fue alimentado sin miramientos por Occidente en la década de 1970 como fuerza de choque para debilitar a la URSS en Afganistán.

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Aigua.coop, la cooperativa de la ciudadanía

El precio del agua puede bajar considerablemente con autogestión ciudadana.

Otra forma de gestionar el agua es posible. Una forma que no es del todo pública, ni del todo privada, ni del todo mixta. Una forma que es de la ciudadanía: se trata de gestionar el agua municipal mediante una cooperativa de consumo. Eso exactamente es lo que viene haciendo la cooperativa Comunitat Minera Olesana, ubicada en Olesa de Montserrat (Barcelona), bajo la sombra del macizo montañoso más representativo de Catalunya.

La Societat Minera Olesana se creó hace casi 150 años, en 1868. Entonces eran 114 copropietarios, agrupados en una comunidad de autoabastecimiento. En 1992 esta comunidad adquirió la fórmula cooperativa. Hoy cuenta con más de 10.000 personas asociadas, y abastecen a unos 24.000 habitantes.

“Hay una gran diferencia entre recibir el agua de una gran empresa, aunque sea mixta con el Ayuntamiento, que entrar en una cooperativa de consumo”, explica Joan Arévalo, presidente de la Comunitat Minera. “Si yo recibiera el agua de una empresa público-privada (Agbar, Aqualia, etcétera), no podría participar en el Consejo de Administración. La base del cooperativismo es la participación. Todos tienen el deber de participar. Los propios usuarios son la empresa”. 

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La soja desata la fiebre del 'oro verde' en Paraguay

Fumigación de un campo de Soja.

Mientras crece económicamente a un ritmo espectacular, Paraguay revive una historia muy conocida en América Latina durante el siglo pasado: depender de un monocultivo. En este caso, el de la soja, con muchas propiedades alimenticias, pero cuyos cultivos sufren una sobrecarga de pesticidas. El país suramericano es el cuarto exportador mundial y entre el 60% y el 80% de su tierra está entregada a la fiebre del oro verde. El resto se dedica al ganado, y ya queda poco espacio para nada ni nadie más. ¿Qué presente y fututo le espera al país guaraní con este modelo y un tercio de sus siete millones de habitantes en la pobreza?

La fortaleza de Paraguay está en sus recursos naturales. El agua alimenta las centrales hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá, que comparte con Brasil y Argentina, respectivamente. Pero alrededor del 60% de la riqueza proviene de la agroindustria. Básicamente, la soja y, en menor medida, el ganado, con Rusia y la Unión Europea como sus primeros clientes. 

En Asunción, la pujante avenida Santa Teresa experimenta un boom inmobiliario de oficinas, viviendas y centros comerciales. Según el Banco Mundial, durante la última década la economía paraguaya creció a un ritmo anual del 5%, uno de los más altos de la región.   La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) pronostica que Paraguay gozará del segundo crecimiento más alto el próximo año.

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Techo de gasto: la nueva 'batalla de Madrid'

Las alcaldesas de Madrid, Manuela Carmena, y Barcelona, Ada Colau.

La Administración que más ha incumplido la regla de deuda quiere meter en cintura a la que más la ha reducido. Es una de las muchas paradojas del pulso entre el Ministerio de Hacienda y el Ayuntamiento de Madrid, una de las batallas de más calado político de España, que afecta en la práctica al margen real de actuación de los ayuntamientos tras la reforma legal de 2011-2012, que exige el equilibrio presupuestario a las administraciones e impone el pago de la deuda como prioridad. El Ayuntamiento de Madrid ha levantado la bandera contra la interpretación estricta de la norma y está construyendo, junto a alcaldes y ediles críticos de toda España, una  red municipalista contra el corsé que en junio reunió en Cádiz a representantes de 125 ayuntamientos.

A finales de 2011, en la última etapa del Gobierno de un José Luis Rodríguez Zapatero ahogado por la magnitud de la crisis y presionado por las instituciones europeas, las Cortes aprobaron una reforma constitucional exprés que daba máximo rango a la exigencia de equilibrio presupuestario al limitar al 0,4% anual el déficit estructural del conjunto de las administraciones. Posteriormente, el marco se completó con la ley de Estabilidad Presupuestaria y la de reforma local, que convierten en prioritario el pago de la deuda sobre toda consideración.

Desde entonces, el Ministerio de Hacienda ha actuado con puño de hierro para asegurar que nadie se desvía del recto camino y en frente se ha encontrado sobre todo al Ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena, cuyo combativo concejal de Hacienda, Carlos Sánchez-Mato (IU), ha buscado desde el mismo momento de tomar posesión, en 2015, todos los resquicios legales para ganar margen de maniobra. El tira y afloja entre el Gobierno y el consistorio no ha finalizado y están en juego 238 millones de euros que el municipio quiere destinar a política social y el Ministerio exige que sirvan para amortizar deuda en aplicación estricta de la norma, que en caso extremo prevé incluso la disolución del consistorio en rebeldía.

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“El dinero, como lo entendemos hoy, va a desaparecer”

Tomas Diez, director del Fab Lab Barcelona.

Fab Lab suena a espacio blanco pulido con grandes ordenadores y aire acondicionado. El de Barcelona, al menos, no es eso: es el intermedio entre una fábrica y un estudio de arte. En un galpón del Poblenou, con una puerta de madera atada con alambre para que entre el aire, se mezclan ordenadores con grandes maquinarias. Y gente normal que está intentando reinventar el futuro. Tomas Diez, cofundador del  Fab Lab Barcelona e impulsor de Fab Labs en España, recibe a Alternativas Económicas sentado junto a una mesa, al lado de otras personas que trabajan en sus ordenadores. Este urbanista venezolano está especializado en la fabricación digital y sus implicaciones en el futuro de las ciudades y la sociedad. Sus investigaciones ponen el foco en la relación entre las máquinas y los humanos para la creación de una nueva economía basada en una infraestructura distribuida de la manufactura, y de datos de arquitectura a través de las plataformas abiertas.

¿Qué es un Fab Lab?

Son laboratorios de fabricación digital donde puedes hacer casi cualquier cosa. Es un proyecto que nació de forma accidental a principio de la década pasada, a partir de una colaboración entre el  MIT y una comunidad afroamericana en el sur de Boston. Mel King, uno de los activistas de esa ciudad que defendía los derechos de familias afroamericanas, conoció a Neil Gershenfeld, un físico de la computación cuántica que tiene un centro de investigación en el MIT, el Center for Bits and Atoms, donde trata de entender la relación entre el mundo digital y el mundo físico. Este encuentro generó una sinergia que derivó en el primer Fab Lab. 

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