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Barcelona sacude la deuda

Miembros de Fiare Banca Ética, una de las fuentes de financiación del Ayuntamiento de Barcelona.

Para la izquierda, la emisión de deuda suele tener dos caras difícilmente conciliables: por un lado, permiten impulsar políticas sociales ambiciosas, pero por otro pueden hipotecar las cuentas municipales y aumentar la dependencia con los bancos que prestan el dinero.

¿Existe alguna fórmula que permita endeudarse razonablemente sin depender de los bancos convencionales?, y sin tener que hacer antes una Revolución como la de Lenin, se entiende. El Ayuntamiento de Barcelona, dirigido por Ada Colau (Barcelona en Comú), está convencido de haber dado con la tecla que supere esta aparente contradicción. Y no solo en teoría, sino también en la práctica: las nuevas operaciones de deuda impulsadas por el Ayuntamiento en 2017 sumaron la nada desdeñable cifra de 126 millones de euros, pero se suscribieron por vías muy poco habituales: sólo el 22% del total fueron créditos de la banca convencional: 28 millones a diez años concedidos por el Banco Sabadell.

Los casi 100 millones restantes proceden de un mix alternativo ideado por el gerente de Presidencia y Economía, Jordi Ayala, y su equipo, que ha combinado préstamos de banca pública, de banca ética y bonos verdes y sociales. La fórmula ha pasado todos los filtros del durísimo Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro porque todas las operaciones están hechas en condiciones de mercado —en ocasiones, mejores que los que ofrece la banca convencional—, con todas las garantías exigidas por los mercados y, además, el conjunto de operaciones no ha supuesto ningún aumento de la deuda global del Ayuntamiento, que está en los niveles más bajos de la última década.

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Economía del Bien Común: una puerta a un futuro sostenible

Sentido y coherencia. Si tuviera que describir la Economía del Bien Común (EBC) con dos palabras serían estas dos, y, si se me permitiera una tercera, añadiría la palabra esperanza.

La Economía del Bien Común propone un modelo económico que da sentido a aquello que hacemos porque es coherente con las motivaciones humanas y, con ello, abre un espacio de construcción de un futuro esperanzador. Se centra en la persona y sus necesidades desde una visión global del ser humano. Bajo esta perspectiva, la economía conforma las dinámicas de los recursos, bienes y flujos monetarios que permiten satisfacer las necesidades de todas las personas, que estamos organizadas en sociedad y que a la vez formamos parte de un sistema ecológico. Desde esta posición, con la persona en el centro e interrelacionada con todos los seres humanos y con la naturaleza, los valores que deben guiar nuestras acciones son la justicia social, la dignidad humana, la sostenibilidad ecológica y la participación democrática. 

Como personas, actuar desde estos valores nos invita al autoconocimiento, a cuidar el bien común, a consumir de manera consciente y responsable y a participar desde la comunidad para construir un modo de vida justo y sostenible. Y como empresas, a medir la contribución al bien común utilizando la herramienta del Balance del Bien Común (BBC).

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"Los planes de igualdad son sólo declarativos"

Cecilia Castaño, catedrática de Economía de la Universidad Complutense y experta en género.

Cecilia Castaño (Almería, 1953) es pionera en la investigación y el estudio del género en los campos de las tecnologías de la información, la ciencia y la ingeniería. Comenzó a dar clases con apenas veintiún años, mientras terminaba la carrera, y dedicó su tesis doctoral al impacto de la tecnología en el sector del automóvil, justo cuando en las fábricas españolas comenzaban a funcionar los primeros robots. Dio sus primeros pasos como economista a finales de los años setenta con Comisiones Obreras y trabajó después en el gabinete de Joaquín Almunia, ministro de Trabajo del primer Gobierno socialista. En aquella época también colaboró con el economista y sociólogo Manuel Castells en la elaboración de un informe de referencia sobre los efectos económicos y sociales de las nuevas tecnologías por encargo del entonces presidente, Felipe González. Fue poco después, ya en los años noventa, cuando comenzó a trabajar en cuestiones de género, a las que ha dedicado la mayor parte de su carrera profesional. 

Creadora y directora entre 2006 y 2012 del programa de investigación Género y TIC, del Internet Interdisciplinary Institute (IN3) de la Universitat Oberta de Catalunya, actualmente imparte un curso en el Máster en Estudios de Género de la Universidad Complutense de Madrid, en cuya Facultad de Ciencias Políticas y Sociología ejerce como catedrática de Economía Aplicada. Ha escrito, dirigido o editado los libros Salud, dinero y amor-Cómo viven las mujeres de hoy, La segunda brecha digital, Las mujeres y las tecnologías de la información, Quiero ser informática y Las mujeres en la Gran Recesión.

Apenas le quedan unos meses para jubilarse como catedrática, un puesto que se ganó hace veinticinco años. Orgullosa de haber sido pionera en su campo, sostiene que el trabajo de los economistas debe tener una clara función social y se muestra satisfecha por haber aportado su grano de arena al avance de la sociedad española. Lamenta que la universidad sea todavía un mundo dominado por los hombres y que cada vez se gestione más como si fuera un negocio puro y duro. Le encantaría que aumentara el número de mujeres en las carreras técnicas. 

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Ardora, mujeres cooperativistas en un mar de hombres

Purificación Alfonso, en el centro de la imagen, durante una sesión de formación.

Las socias de la cooperativa  Ardora trabajan en tierra de hombres… o, mejor dicho, en mar de hombres. Su cooperativa, con sede en Nigrán (Pontevedra), se dedica a la formación y consultoría de proyectos en el sector pesquero y otros, en diferenres ámbitos: educación, divulgación, comercialización, promoción de productos pesqueros,  gestión medioambiental, igualdad de género, capacitación profesional, inserción laboral y prevención de riesgos laborales.

La pesca mar adentro es mayoritariamente una cuestión masculina (no ocurre lo mismo con el marisqueo a pie); sin embargo, las socias de la cooperativa, que ya lleva más de diez años de andadura, han sabido moverse como pez en el agua.

 "Yo inicialmente no formaba parte de la cooperativa. Comencé a trabajar con ellas desde un proyecto, y cuando terminó y me quedé sin trabajo me llamaron para que me involucrara en la empresa", explica Teresa Rivas, que actualmente es gerente de la cooperativa. "Al principio parece difícil trabajar en un sector donde maioritariamente son hombres", agrega. "Cuando no te conocen, por el hecho de ser mujer, puedes encontrar alguna reticencia inicial, pero una vez que demuestras tu capacidad, no tienes ningún problema. Es un sector muy agradecido y que nos han enseñado mucho".

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Túnez: el clamor del desencanto

La subida de los precios y de los impuestos ha soliviantado a muchos tunecinos.

En enero de 2011, y ante el estupor de la opinión pública mundial, una marea de protestas populares sirvió para abatir, en apenas dos semanas, la cruel dictadura del tunecino Zinedin el Abedin Ben Ali, uno de esos tiranos a los que Occidente siempre observó con indulgencia. Cansados de la represión, la pobreza, la corrupción y la falta de horizontes, miles de ciudadanos tomaron las calles con un único y atronador grito —“democracia, libertad y justicia social”—, que repitieron sin descanso hasta que el déspota, abandonado por sus propios aliados políticos, decidió huir a Arabia Saudí.

Siete años después, el primero de aquellos anhelos es casi una realidad. Formalmente, Túnez es a día de hoy un Estado democrático imperfecto, como la gran mayoría. Se ha dotado de una nueva Carta Magna, considerada la más avanzada del norte de África y del mundo árabe musulmán. Aunque todavía carece de un Tribunal Constitucional que vigile y frene la tendencia al neocesarismo imperante en las naciones que se asomaron las primaveras árabes, tanto su presidente, el anciano Beji Caïd Essebsi, como su Parlamento han sido elegidos por sufragio universal tras superar en 2014 una crisis política que casi hace descarrilar su todavía endeble transición. 

Las libertades han aumentado en el país norteafricano colocándolo a la cabeza entre sus pares y acortando la distancia con los Estados de derecho consolidados, aunque el camino por recorrer es todavía considerable. La tortura es aún una práctica común en ciertas comisarías, no se han abrogado las leyes que condenan la homosexualidad, y aunque el estatuto de la mujer es uno de los más modernos del sur del Mediterráneo, falla demasiado en cuestiones como la igualdad, el respeto y la violencia de género. 

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Los mecanismos de mercado erosionan el modelo nórdico de Estado de bienestar

Bicicletas aparcadas ante una biblioteca pública de Copenhague. Obtenida de Flickr, CC.

Desde hace ya algún tiempo, el modelo nórdico ha sido objeto de alabanzas y de interesantes controversias. Tanto en ámbitos progresistas (vinculados principalmente a la socialdemocracia) como en los que son favorables a los mercados sin restricciones, se han ensalzado algunos aspectos u otros, razón por la que resulta relevante detenerse a averiguar en qué consiste.

El denominado modelo nórdico abarca a países diferentes que, bien es verdad, están relacionados entre sí. Tienen en común trayectorias históricas (por ejemplo, Noruega ha pertenecido históricamente a Dinamarca, pero también, entre 1814 y 1905, a Suecia; y Finlandia fue también parte de esta última antes de ser anexionada en siglo XIX por el imperio ruso), pero también aspectos institucionales que les han permitido estrechar lazos. En este artículo vamos a centrarnos en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, que son los integrantes habituales de este modelo, pues si bien Islandia forma parte también del Consejo Nórdico, su tamaño (es 16 veces más pequeña que el siguiente país nórdico por población, Noruega) y su trayectoria histórica invitan a introducir matices diferentes en las cuestiones generales de las que nos vamos a ocupar.

Si los países nórdicos destacan por alguna razón es porque tienen fama de haber sido capaces de combinar prosperidad dentro de un sistema equitativo. Están entre las 20 primeras economías del mundo en PIB per cápita (de acuerdo con los datos para 2016 del Banco Mundial) y entre las 11 primeras en igualdad (según el Coeficiente de Desigualdad Humana del último Informe de Desarrollo Humano del PNUD). En el Índice de Compromiso con la Reducción de la Desigualdad de Oxfam de 2017, el que presenta peores resultados, Finlandia, ocupa el sexto puesto. Ningún otro bloque regional presenta ese registro, lo que hace de él un objeto de estudio ciertamente atractivo. 

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Los estragos del falso mercado eléctrico

El sistema eléctrico español es muy beneficioso para las compañías y pernicioso para los consumidores.

El funcionamiento del mercado eléctrico en España durante los últimos años está causando graves desigualdades. En realidad, estamos ante un falso mercado que es muy beneficioso para las compañías y pernicioso para los consumidores. Dos rigurosos informes, del Comité Económico y Social (CES) y de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), proporcionan datos muy relevantes para comprender este sector que afecta decisivamente a ciudadanos y empresas.

La primera constatación es que el aumento creciente de los precios de la electricidad y el descenso de las rentas de los hogares durante los últimos diez años han supuesto un notable crecimiento de la vulnerabilidad energética. Así, en 2016, el 10,1% de las familias reconocían su incapacidad para mantener su vivienda a una temperatura adecuada en invierno, cuando en 2008 eran sólo el 5,9%. Esta situación afecta a un segmento creciente de la clase media para el que el encendido de la calefacción es prohibitivo.

Este deterioro se ha producido en un período en el que las grandes compañías (Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, Hidrocantábrico y Viesgo) han aumentado mucho sus ganancias. Su rentabilidad ha pasado del 6,5% en 2013 al 8,16% en 2016.

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Con la mujer, una ciudad mejor

Las mujeres suelen ir más cargadas o con carritos por la ciudad.

En las nuevas viviendas modernas las cocinas ya no son un lugar que da al patio interior, replegado y alejado de la vida social. En las casas que se jactan de modernidad las cocinas son el centro neurálgico. El lugar más bonito, abierto, donde se tiene acceso a todo el espacio social y da gusto sentarse a conversar, y compartir momentos y reuniones. No es casual. Ha habido un cambio enorme en el papel que ejerce la mujer en la vida familiar (aunque todavía falte mucho y las antiguas casas sigan teniendo la cocina apartada). En las facultades de arquitectura hay hoy más mujeres que hombres. Esta participación, sumada a una creciente, aunque lenta, participación de los hombres en la cocina, han hecho de las casas lugares mejores y más inclusivos para ambos sexos.

Con el urbanismo pasa algo similar. El trabajo de las mujeres urbanistas ha dado un vuelco a las ciudades. El urbanismo con perspectiva de género ha ido ganando terreno hasta formar una parte imprescindible de los planes en los nuevos barrios o los cambios urbanísticos. Los presupuestos participativos y las consultas con la ciudadanía son ya una práctica común de las concejalías de ayuntamientos de todos los colores políticos. Las mujeres, las que más usan las calles porque caminan y utilizan el transporte público más que los hombres, son una fuente imprescindible si se quieren hacer planes urbanísticos de utilidad.

Por ello, el Ayuntamiento de Barcelona, entre otros, está llevando a cabo programas diseñados con perspectiva de género. En el caso de la ciudad condal, se está poniendo en marcha el Plan de Justicia de Género de Barrios Habitables e Inclusivos, en el que se ha hecho una auditoría de igualdad de género. Allí se ha visto que, por ejemplo, las mujeres utilizan en más de un 75% los establecimientos del barrio. Y que ellas suelen ir más cargadas y/o con carros o cochecitos. Están previstas en la ciudad marchas exploratorias donde se espera involucrar a las mujeres que no participan en movimientos asociativos. En estas marchas se verán necesidades como posibles cambios en los recorridos de los autobuses o la revisión del mobiliario urbano como bancos, papeleras y demás. El Plan de Barcelona incluye mucho más, como la formación del personal técnico en perspectiva de género y la revisión de la seguridad ciudadana.

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La extrema derecha que asfixia a la UE

Manifestación nacionalista en Varsovia, en noviembre pasado.

Las políticas liberales seguidas para salir de la crisis de 2007 han supuesto un fuerte aumento del antieuropeísmo. La pérdida de poder adquisitivo, la precariedad laboral, el aumento de la desigualdad social, la corrupción, el miedo al futuro y la disolución de la propia identidad han creado un entorno propicio para exaltar emociones.

Una globalización descontrolada, la crisis económica mal resuelta y cambios tecnológicos amenazantes para muchos están teniendo graves consecuencias para las clases medias y populares. Los partidos tradicionales no han sabido dar respuesta a las nuevas inquietudes. Mientras los ciudadanos sienten que nadie les representa, florecen partidos que prometen soluciones fáciles y recuperar un “pasado glorioso”.

Son partidos de extrema derecha con notables diferencias entre ellos, aunque suelen compartir el rechazo a la globalización, a la integración europea y a la inmigración. La extrema derecha, como una metástasis, está penetrando con fuerza en Europa. Los resultados de las últimas elecciones en Holanda, Francia, Austria, Alemania y República Checa lo confirman.

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Una cooperativa femenina para salvar un valle

Interior de la posada puesta en marcha por la cooperativa navarra Ernaizu.

El valle de Basaburua, en Navarra, estaba tan solo que los pocos vecinos no tenían ni siquiera tienda donde comprar alimentos. El último comercio cerró hace diez años. Basaburua es un valle en medio de una montaña que lleva viviendo de la ganadería desde hace veinticinco años, y que cuenta con apenas 100 habitantes.

Las tres socias de la cooperativa Ernaizu, que revitalizó el pueblo, comenzaron a planificar su negocio justo cuando se encontraban en plena época de crianza de sus hijos pequeños y habiendo abandonado sus empleos en Pamplona (a unos 40 minutos del valle). "Aquí había trabajos más precarios, en b", explica Laura Martinena Espinal, una de las socias. "Desde el principio quisimos idear una cooperativa que tuviera un sistema de horarios compatibles con nuestra vida personal, con el cuidado de las personas, algo que en estos valles es más necesario porque hay menos acceso a guarderías o geriátricos. Algunos servicios se encontraban fuera y nosotras comenzamos pensando en crear una cooperativa de servicios".

Acudieron a pedir ayuda a la Asociación Navarra de Empresas Laborales (ANEL) para la puesta en marcha de la cooperativa; y justo entonces, la Comisión de Desarrollo de Basabarua puso en marcha un proyecto para crear un bar-restaurante, algo fundamental en un pueblo pequeño porque cumple una función social. Junto al bar, debía haber una tienda de alimentación, donde la gente además de juntarse pudiera comprar alimentos.

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