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Uber, ¿héroe o villano?

La economía colaborativa es muy diversa: no todos son como Uber ni buscan solo un negocio rentable

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ILUSTRACIÓN: DARÍO ADANTI

ILUSTRACIÓN: DARÍO ADANTI

Cuando el ciclón Uber irrumpió por primera vez en escena, la primera sensación fue negativa. Se repetía de nuevo el mismo esquema que ya estaba ocurriendo con el sector hotelero y las plataformas de homesharing como, por ejemplo, Airbnb. La industria tradicional descifró la economía del compartir como una amenaza a combatir, y los medios de comunicación empezaron a cuestionarse la legalidad o la posibilidad de competencia desleal por parte de las plataformas de economía colaborativa.

Curiosamente esta tempestad y decepción inicial, acabó convirtiéndose en bendición, no solo para Uber —que consiguió una de las mejores y más baratas campañas de marketing de la historia—, sino que además la propia economía colaborativa pasó a ser un concepto popular y de moda. Es entonces cuando ya nadie cuestiona que el fenómeno es imparable, que está aquí para quedarse, y que empieza a verse como una oportunidad, o al menos, como un fenómeno a tener muy en cuenta. Hasta aquí, gracias Uber.

Con el tiempo, el ciclón Uber, a través de los ríos de tinta que se han escrito, ha fijado en la opinión pública ideas que no se corresponden con una realidad tan compleja y diversa como la de la economía colaborativa.

 

UBER NO REPRESENTA A TODOS

No podemos simplificar la economía colaborativa al caso Uber. La economía colaborativa es muy amplia, y dentro de este modelo la diversidad es muy grande. Más allá de las diferencias entre modelos P2P ( peer to peer) o B2p ( business to peer), otro debate candente es el de si las empresas del entorno colaborativo no deberían aplicarse internamente y en su relación con sus usuarios, los valores y la filosofía de la cultura colaborativa para ser coherentes. Y es aquí donde Uber da la nota por su agresividad a la hora de expandirse o, por decirlo de otra manera, su amplia tolerancia al riesgo y a la polémica.

La economía colaborativa es también una oportunidad para hacer las cosas de otra manera, de emplear otras formas, otros valores, más allá de buscar un modelo de negocio rentable.

 

EL PROBLEMA NO ES LA SOLUCIÓN

El problema planteado con el caso Uber, las carísimas licencias que han pagado los taxistas, no pueden ser la solución. No tiene sentido insistir en un modelo, el de la licencia, que claramente ha caído en las garras de la especulación y que seguramente no sea tan sensato y eficiente como se pensó que sería en el momento que se instauró este sistema.

En general, este es el problema que plantea la economía colaborativa en las legislaciones de cada país o ciudad; las leyes se hicieron en un mundo que cada vez se queda más atrás, y ya no son capaces de adaptarse a la nueva sociedad tecnológica.

Más allá de sus prácticas empresariales agresivas, business as usual, de su mal encaje en las legislaciones actuales, y de la competencia al servicio del taxi, Uber esta mejorando el servicio de desplazamientos interurbanos. ¿Qué tiene más sentido? ¿Que Uber se adapte al sector del taxi o que se aproveche la ocasión para cambiar y mejorar el servicio del taxi con los aprendizajes del modelo Uber? ¿Y si en vez de agrandar el problema, mejor copiamos la solución?

Por aquí nos gusta mucho la máxima de “para qué innovar si se puede copiar”, y realmente innovar solo tiene sentido si se hacen las cosas mejor que antes. Eso es lo que ha hecho Uber. La prueba reside en las declaraciones de sus usuarios: “Da mejor servicio que el taxi” al poder contar con la valoración de otros usuarios al conductor y poder elegir, pero también detalles como el pago online, o recibir en la propia cuenta de correo el trayecto que se ha realizado. Se afirma que Uber aporta, en definitiva, más comodidad, más datos y más transparencia, de modo que se contribuye a un incremento de la calidad del servicio.

Uber, a su manera, está ofreciendo una solución al deteriorado servicio clásico del taxi... o al menos, una nueva manera de sufrir el tráfico, pero con más calidad y transparencia para el ciudadano. El futuro es híbrido y mestizo, las posiciones cerradas tenderán a anquilosarse y atrofiarse. Incluso el sector hotelero que tanto ha luchado en contra del homesharing (compartir viviendas) finalmente acaba sumándose al tsunami de la economía colaborativa con la plataforma bemate.

 

[Este artículo pertenece a la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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