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Víctimas 'undercounting': cuando las muertes se diluyen en el mar

Como señala el informe de la OIM Fatal Journey- Counting the Uncounted, se produce un importante fenómeno de "undercounting", es decir, de contabilizar las víctimas de una manera muy inferior a la realidad.

"En nuestro sur, el emigrante muere en el Mediterráneo mojadito hasta el alma".

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Foto cedida por Fito Carreto. Primer aniversario de la llegada de la patera de Rota.

Foto cedida por Fito Carreto. Primer aniversario de la llegada de la patera de Rota.

Una especie de onda con epicentro en el canal de Sicilia sacudió durante unos instantes las sensibles conciencias europeas. Comunicados de ONGs, concentraciones de repulsa, análisis en los medios, reacciones de los gobiernos, reunión de urgencia del Consejo…  800 o 900 personas habían perdido la vida de una vez en el Mediterráneo; días antes se hundía un barco con 400 personas, en febrero habían sido 300… Sí, durante un instante pareció que se removían las cosas, que las tragedias nos habían impactado de verdad, que se había llegado a un límite insoportable. Pero la onda pasó sin que supiéramos con seguridad si dejó alguna huella.

Peor aún, pasado el primer impacto, los acuerdos del Consejo Europeo laminaron cualquier esperanza. Para los hombres de negro de la UE se trataba de dar una vuelta de tuerca a las mismas políticas que provocan estas grandes masacres: Fortalecimiento de las políticas de control y rechazo, ningún avance para poner en marcha las imprescindibles operaciones de salvamento, menos aún para facilitar la inmigración segura, nada sobre cómo socorrer y acoger a refugiados y a la gente que huye de los conflictos que asolan medio continente africano y el Medio Oriente.

¿Cuántos muertos y desaparecidos han provocado esas inhumanas políticas europeas? La efímera onda proveniente del Canal de Sicilia logró que, por un momento, saltaran a los grandes medios las cifras de las estimaciones de las pocas organizaciones que, con más buena voluntad que otra cosa, intentamos dimensionar la tragedia que ha convertido el Mediterráneo en un cementerio llamado mar.

Del 1 de enero al 21 de abril de 2015, según calculaba la Organización Internacional de las Migraciones, habían muerto 1.727 personas en su intento de cruzar el Mediterráneo. 30 veces más que en el mismo período de 2014.
Y los balances de organizaciones se amontonan. ACNUR anunciaba en diciembre de 2014, que en lo que iba de año habían muerto 3.419 personas en su dramática aventura para tratar de alcanzar Europa.

Migreurop, una red de organizaciones a ambas orillas del mediterránea de la que la APDHA es parte, publicó un 2012 un sólido “Atlas des Migrants en Europe”, calculaba que habían muerto 16.250 personas desde enero de 1993 hasta marzo de 2012, que ellos mismos califican de representación mínima de una hecatombe ignorada.

Por su parte, la ONG United for Intercultural Action, una prestigiosa ONG dedicada a la lucha contra el racismo y el apoyo a inmigrantes y exilados, con sede en Ámsterdam, a través de su proyecto Migrants Files, ha calculado que los muertos en el Mediterráneo desde 1993 hasta 2014 ascendían a 29.889.

El periodista italiano Gabriele Del Grande mantiene un blog, reputado por su seriedad y que es referencia de las investigaciones de lo que llama “un cementerio llamado Mediterráneo”. En este blog, ha publicado que desde 1998 a octubre de 2014, han muerto en las fronteras europeas 21.439 personas.

Por su parte, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), un total de 4.868 personas perdieron la vida intentando cruzar diversas fronteras en el mundo a lo largo del año 2014. De ellas el 66% fue en el Mediterráneo, 3.224 personas. Una cifra inmensa similar a la de cualquier catástrofe que se produzca en el planeta, pero incluso inferior a la proporcionada por el ACNUR.

Inferior a la realidad

Entre tantas cifras, es fácil perder la perspectiva. Más aún cuanto con toda seguridad, los datos ofrecidos por todas estas ONGs o instituciones, representan sólo una parte del total de víctimas que han provocado las políticas europeas de guerra contra los inmigrantes y refugiados. Como señala el informe de la OIM “Fatal Journey- Counting the Uncounted”, se produce un importante fenómeno de “undercounting”, es decir de contabilizar las víctimas de una manera muy inferior a la realidad.

Por un lado porque no todas las circunstancias permiten el registro del número de víctimas, como en el caso de regiones remotas o de desapariciones en el mar. El informe sugiere que muchos más migrantes mueren por el propio control en las fronteras que por  causas del viaje a través del mar.

Por otra parte la falta de recursos para hacer un seguimiento científico que sólo podrían hacer los gobiernos o la UE, provoca con frecuencia que casi la única fuente de recogida de datos sea en muchos casos el seguimiento de prensa. Es fácil comprender los límites que tiene este seguimiento. Añádanse los diferentes criterios que aplica cada organización (ámbito geográfico, criterios de contabilizar sólo cadáveres recogidos o contabilizar también desaparecidos estimados). También complica la recogida de los datos la presencia de actores criminales o de funcionarios corruptos, que en algunos casos encubren o no registran las muertes.

Además las estadísticas tienen en cuenta las muertes ocurridas en las fronteras físicas de los Estados y en los viajes hacia un destino internacional, pero excluyen con frecuencia las que ocurren en el país de destino o de tránsito, que pueden estar directamente relacionadas con las políticas de inmigración, por ejemplo durante las detenciones, deportaciones o devoluciones forzosas al país de origen. En suma el fenómeno de “undercounting” es real. Tanto que algunos expertos (ver informe citado de la OIM) afirman que por cada cuerpo encontrado, hay otros dos que nunca serán recuperados.

En lo que respecta a la frontera sur española, desde hace años la APDHA hace un seguimiento del número de muertos o desaparecidos, intentando recoger el máximo de datos contrastados al tiempo que realizar estimaciones aproximadas.

Seguimos un criterio amplio: tenemos en cuenta los datos que podemos contrastar en el conjunto de las rutas migratorias que se dirigen a España. Intentamos al tiempo valorar tanto los muertos recogidos o encontrados como las desapariciones más fiablemente estimadas.

¿Cómo hacemos el seguimiento?

En ausencia de cifras oficiales ¿cómo hacemos el seguimiento? Acudimos naturalmente al seguimiento de prensa, que es muchas veces muy complicado, porque los datos que ofrecen unos y otros medios suelen divergir, tanto en el número de personas afectadas, como en cuanto al género, la edad (menores) e incluso la nacionalidad. Es frecuente por ejemplo que los medios utilicen indistintamente la denominación “magrebí” tanto para argelinos como para marroquíes. Es preciso por tanto procesar los datos, contactar con el lugar donde se ha producido la tragedia y acudir a fuentes fiables.

Pero no es nuestra única fuente. Es preciosa la información que trasmiten muchas ONGs, sobre todo marroquíes, que trabajan sobre el terreno. También acudimos naturalmente a recabar fuentes oficiales, que normalmente son de difícil acceso y habitualmente parcas e incluso oscuras, particularmente en los países del norte de áfrica, pero también en España.

Este proceso que se desarrolla de forma continua a lo largo del año nos permite establecer los datos que consideramos más contrastados en cuanto al número de muertos y desaparecidos en nuestra frontera sur, en la forma en la que hemos definido antes.

De esta forma, durante los últimos 10 años (2005-2014), según el seguimiento que hemos efectuado la APHA, hemos determinado la muerte de 4.058 personas cuando se dirigían a nuestro país.

Como se decía antes, las cifras de muertos y desaparecidos en el intento de llegar a nuestro país es en realidad mucho más elevada. Por ello también realizamos “estimaciones” para las cuales acudimos al cruce de diversas informaciones o valoraciones de entidades oficiales o de ONGs, comparándolos con la evolución de lo ocurrido cada año y con los datos contratados. Son cifras desde luego estimativas que tiene el valor que se les quiera dar. Esta evaluación nos ha llevado a valorar que en los últimos diez años (2005-2014) han podido perecer en su viaje migratorio hacia España en torno a 14.000 personas. 

¿Por qué dedicarse a esta contabilidad macabra en ausencia de datos oficiales haciendo un seguimiento las más de las veces imposible? Porque es indispensable dar  visibilidad a un drama humano de proporcones colosales, dimensionar el número de personas que han perdido su vida sólo por tener el iluso propósito de huir de la miseria y la falta de futuro o, peor, de la guerra y la persecución.

Como decíamos ya en nuestro temprano informe del año 2003, todos “murieron de perfil”, como definió García Lorca la muerte de quienes la encontraban en el trascurso de la aventura vital que les caracterizaba: el torero muere en la plaza, el bandolero frente a la guardia civil, el soldado en el campo de batalla... en nuestro sur, el emigrante muere en el Mediterráneo mojadito hasta el alma.

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