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Debate con fantasmas

”Debatir como si no existieran Podemos o Ciudadanos ha sido para Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Alberto Garzón un lujo inesperado”.

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Por bronco y duro que por momentos ha sido el debate sobre el Estado de la Nación, da la sensación de que para los grandes partidos -y aquí hay que incluir también a IU- ha sido una especie de oasis, un paréntesis de tranquilidad en un escenario político cada vez más desconocido, inmanejable e ingrato para las fuerzas políticas tradicionales. Cierto que los fantasmas de los ausentes -Podemos, Ciudadanos, Susana Díaz- no han dejado de sobrevolar el hemiciclo, pero de alguna forma Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Alberto Garzón se han puesto de acuerdo en ignorarlos, en fingir que ninguno de ellos podía verlos. Debatir como si no existieran era un lujo inesperado. Los han mencionado, pero casi siempre de pasada, como si para ninguno de ellos fuera una preocupación importante. Había que aprovechar la ocasión, quizá la última, en que las viejas reglas de juego de la política seguían siendo válidas y el terreno sobre el que pisaban parecía firme, y no arenas movedizas.

El debate era, así, una oportunidad única que no todos han sabido aprovechar. Quizá Pedro Sánchez ha sido el que mejor ha sabido poner mejor de parte. Tal vez porque tenía más que perder que nadie o porque partía de una posición de mayor desventaja. Seguramente porque pocos dan un duro por él. Un familiar cercano, votante progresista de siempre, me decía hace poco que su problema con el PSOE no era que estuviera en desacuerdo con sus propuestas, sino que, sencillamente, había dejado de prestar atención a lo que decían. Ya no le interesaban.

Pues bien, el debate sobre el Estado de la Nación parece que ha vuelto a poner el discurso socialista sobre la mesa. A la gente le gustará más o menos lo que Sánchez ha dicho, pero al menos su mensaje se ha escuchado. No es poco, viendo el panorama. Ha recuperado, aunque sea temporalmente, la primera línea de trinchera de la oposición al PP de Rajoy, un puesto que hasta ahora no había sabido ganarse y que ya reivindicaba para sí el líder de Podemos. ¿Ha sido por simple incomparecencia del adversario, y no por méritos propios? Puede ser. Se verá en los próximos meses y semanas. Descubriremos si el oasis de estos dos días tiene agua suficiente para que PSOE -y también IU, ojo- salgan vivos de su particular travesía del desierto. O si ha sido un espejismo, una ensoñación de la que despertarán abruptamente a golpe de encuesta, y de urna.

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