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Superventas

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Los superventas

Los superventas

Las ciudades amanecen a este septiembre envueltas, literalmente. El cartel del catálogo de Ikea está en todas las paradas de autobús. "Uno de los libros más leídos del mundo", dice, anunciando el bestseller que nos espera en buzones y portales. La fuerza de esta campaña es que nace de una premisa cierta. Como la anterior, sobre las terrazas-trastero o la de "La República independiente de tu casa" acerca de nuestra madriguera, único agujero donde podemos decidir algo. 

El anuncio es una bofetada: "Ustedes lo más que leen es un catálogo de muebles". Pero no veo a nadie ofenderse. La gente pasa, mira y, si reacciona, es con sonrisa. No verán relación entre esa necesidad de aferrarse a un carrito auxiliar, un organizador de bisutería para el armario o de platos para la alacena y el hecho de no leer. 

¡Qué injusta soy! IKEA también vende estanterías BILLYS. Y el anuncio dice "Uno de los libros...", no el más, ni el único. Podría interpretarse ¡como una campaña de fomento de la lectura! Lectura, eso sí, de los libros "best sellers". Esos de hipermercado además de librerías y Amazon. Pero libros que vendan es la apuesta de la industria editorial. O sea, nada que objetar. 

Animales en peligro de extinción

Queda algún adicto a la literatura, rastreador de obras que le deslumbren, estremezcan, revuelvan, le hagan cuestionarse el mundo y a sí mismo. Ya vendan poco o mucho, esté su autor vivo o muerto, surja el flechazo en biblioteca, librería de lance o mercadillo. Animales en peligro de extinción, en términos darwinianos, "por inadaptados".

Excepciones aparte, en nuestro mundo el catálogo de IKEA es el superventas. Esa es la realidad. Como realidad es que, en el G-20, Xi Jinping, Obama, Putin, Merkel, Hollande, mandatarios asiáticos y africanos cuyo nombre, por etnocentrismo, ignoramos, Rajoy y hasta el mirlo blanco canadiense Justin Trudeau respaldan al presidente turco Erdogan. 

Ningún gobernante mundial debe tener noticia de la cacería que, tras el fallido golpe de Estado en julio, ha lanzado contra 18.000 ciudadanos (jueces, profesores, médicos, periodistas... además de militares y policías) por ser críticos con el nepotismo de su partido y familia. El catálogo de IKEA debe ser también el periódico que leen los líderes del planeta. 

Eso o que, quien más quien menos tiene bajo la alfombra una ejecución extrajudicial de Osama Bin Laden, o un irresuelto asesinato de la periodista Anna Politkovskaya, o un Premio Nobel de la Paz Lu Xiaobo encarcelado desde 2009... Por no hablar de la partida de ajedrez que juegan en Oriente Próximo, donde los niños sirios caen víctimas del gas cloro como peones sacrificables por los intereses del rey, la reina o quien mande.

El muro de Calais

En el mundo de 2016, se va a levantar un muro en Calais. Y Calais es Francia. No ese Israel tercermundista que nos avergonzó con su muro contra Palestina, sino la cuna de los Derechos del hombre, el faro de la igualdad, libertad y fraternidad. Claro que en el tal Calais francés ya existe una Jungla donde congéneres nuestros viven indignamente, sin que les ayudemos, porque son oscuros, o negros.

Otro muro se prepara entre EEUU y México. Y, en España debemos verlo normal, dadas nuestras concertinas en Ceuta y Melilla, nuestras devoluciones en caliente contraviniendo la legalidad internacional y las muertes provocadas en Tarajal. 

La realidad manda y nosotros obedecemos. La lección más grabada por el sistema educativo, que esta semana reemprende sus clases, es: no salirse de la raya. Eso, a fuego. Coloreemos dóciles la plantilla. Premiemos en encuestas y urnas la corrupción sistémica que gratifica al ex ministro Soria con un cargo en el Banco Mundial por defraudar, como prueban los Papeles de Panamá. Mientras la juventud más preparada de nuestra historia tiene que emigrar y  se dispara la llegada de pateras a la frontera sur, andaluza.

Cada ciudadano, cada político, según su responsabilidad, sin reaccionar, quietecito. Todos sabemos cómo funciona el mundo, cuál es la realidad. ¡Por suerte tenemos el catálogo de IKEA... y el Hola, para hacernos felices! ¿Verdad?

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