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La Alpujarra granadina: el refugio bucólico del interior de Andalucía

Los sabores, los colores, los olores y hasta el tiempo tienen otra medida en la Alpujarra. Nos adentramos en la comarca granadina, mirador de las cumbres blancas de Sierra Nevada y la costa tropical de Salobreña.

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La Alpujarra

En el valle de Poqueira, situado al oeste del Parque Natural de Sierra Nevada, se alzan por encima de los 1000 metros de altura los municipios de Pampaneira, Bubión y Capileira, pueblos blancos donde se refugiaron los moriscos tras ser expulsados de Granada. Hacia sus altos cerros también partió el gran Boabdil después de perder su querida Alhambra, con los ojos arrasados de lágrimas, según cuenta la leyenda. Estamos en la alpujarra Granadina.

La Alpujarra

Hoy estos tres pueblos viven principalmente del turismo y es que la belleza exuberante del entorno se ve acrecentada, si cabe, con su tan peculiar arquitectura. La gastronomía es aquí tan contundente como su orografía. Destacan los guisos y ollas. Citaremos quizás el más famoso, el plato alpujarreño, que engloba los productos más representativos de la comarca, a saber: morcilla, lomo de orza, papas a lo pobre, huevo frito y el peculiar jamón de la zona. Entienden lo de contundente, ¿no es cierto? La sencillez de su preparación ha hecho de esta exquisitez uno de los platos más populares en la zona.

La Alpujarra

En las mañanas frías del invierno, cuando ceden las nieblas y se cuela el sol entre las nubes, el aire límpido de la sierra nos llena los pulmones y nos permite ver al norte las altas cumbres nevadas del Mulhacén y, al sur, el mar de Salobreña. Uno entiende la pena de aquellos moriscos al verse obligados finalmente a abandonar tan hermoso valle. "Quédate a vivir con nosotros", reza la leyenda del escudo de Pampaneira. La invitación no puede ser más sugerente.

La Alpujarra

Es fácil encontrar por sus calles telares tradicionales dónde el tiempo parece haberse detenido. Sobre el bastidor vuela la lanzadera de un extremo al otro, tejiendo jarapas y mantas como se hiciera siglos atrás.

La Alpujarra

Los alegres colores de sus telas inundan las calles de un vivo colorido que atrapa al turista. La mayoría no abandona el valle sin su jarapa bajo el brazo.

La Alpujarra

A la anochecida, con la luz crepuscular, uno siente que el tiempo se detiene. Tan sólo el chasquear de un cuervo que planea el valle rompe el silencio que lo cubre todo y nos sobrecoge. En el barranco, Bubión se va iluminando poco a poco.

La Alpujarra

Gente recia habita este alto valle. No podría ser de otra forma. Anselmo mira con cariño a su inseparable amigo Justino, su perrillo, mientras se siente orgulloso de sus sandalias fabricadas por él mismo con cuero y cubiertas de coche usadas. "Lo mejor para pastorear estos montes, mire usted. Cuando ya lleguen las nieves la cosa cambia, claro está. Usted me comprende".

La Alpujarra

Llaman la atención sus peculiares tejados planos, con un característico color gris azulado que le confiere la tierra con la que los cubren para impermeabilizarlos y que aquí conocen como Launa. Desde ellos uno puede disfrutar al amanecer de un sobrecogedor "mar de nubes" que asciende por el valle y se cuela por las calles inundándolo todo de un ambiente antiguo.

La Alpujarra

Los alpujarreños viven en plena comunión con la naturaleza que les rodea. Blasa da de comer a una cría de jabalí. "Me lo trajo mi marido, el Braulio, que anda todo el día por esos montes de Dios. Ya ves que cosa más graciosa y muy nerviosillo que es", nos cuenta con una sonrisa en su rostro mientras el rayón, ajeno a todo, empuja la tetina del biberón en busca de su leche tibia.

La Alpujarra

Estas calles techadas, llamadas a veces tinaos, las encuentra el viajero en cualquier rincón de estos pueblos y son seña de identidad de su peculiar arquitectura, protegiendo al caminante de las inclemencias del duro invierno y el recio verano.

La Alpujarra

Las chimeneas típicas, de forma troncocónica rematadas con una especie de sombrerete realizado con una lasca de pizarra sobre la que descansa un castigadero, parecen haber sido diseñadas por el mismo gaudí. Sobre ellas, las miradas se pierden en el cielo de la Alpujarra.

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