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Focos

Miguel Lorente

Profesor Titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada, también Médico Forense, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico. Ha trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que le nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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La mano de dios

La mano de dios es larga e invisible, tanto que aquello que toca se vuelve tan largo e invisible como ella, hasta el punto de que ni siquiera se tiene en cuenta en la persona que lo lleva a cabo en su nombre; porque hay ciertas cosas que no suponen tomar el nombre de Dios en vano, sino tomarlo "en mano" para usar y tirar.

Eso es lo que parece que ha ocurrido con Diego Armando Maradona, que un día marcó un gol ilegal al introducir el balón en la portaría con la mano, y en lugar de decir que había sido una jugada impropia de un deportista, afirmó que fue "la mano de Dios". Quizás Inglaterra, que quedó eliminada por ese gol, la vio como "la mano del diablo", pero para la historia ha pasado como una jugada divina. Y algo parecido ha vuelto a suceder ahora con Maradona al meterle un gol a la sociedad, por hacer creer que la situación que dio lugar a que su pareja llamara a la recepción del hotel pidiendo ayuda porque estaba siendo agredida, sólo fue una "fuerte discusión", un tema de pareja.

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"Todas las violencias"

Resulta significativo comprobar cómo cada vez que ocurre un caso de violencia de género y se tiene que emitir un comunicado de rechazo o condena por parte de un organismo, empresa o institución, se recurre a la fórmula de expresar que se está en contra de "todas las violencias" o de " cualquier violencia".

Es lo que ha sucedido con el comunicado del Atlético de Madrid tras la detención de su jugador Lucas Hernández, ni siquiera han tenido el detalle de mencionar la violencia de género para decir que se está en contra de ella y de todas las demás, la han obviado para irse directamente al conjunto de "todas las violencias". Es parecido a lo que sucedió con el Real Betis cuando parte de la grada apoyó con sus cánticos al jugador Rubén Castro.

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"Trumputín"

Rasputín ha muerto, viva "Trumputín". Los nuevos tiempos tienen mucho de vintage, pero ahora no necesitan mártires ni héroes. Se bastan con predicadores que conduzcan a la gente a la tierra prometida del lugar donde ya se encuentra para que, de ese modo, nadie se mueva de su sitio. Esa es la estrategia conservadora, avanzar sin moverse del lugar y dejar que el tiempo pase sin que nada más suceda.

Y uno de esos predicadores es "Trumputín", un nuevo ser surgido de la unión de Donald Trump y Vladimir Putin para imponer sus ideas y abusos a lo largo y ancho del planeta bajo la presión y la amenaza del discurso del miedo: derechos sociales cada vez más limitados, aceptación del argumento económico para recortar recursos y servicios básicos, precariedad laboral como logro, desigualdad como necesidad para que todo esté en orden, es decir, los hombres en su sitio y las mujeres en el suyo, los nacionales aquí y los extranjeros allí, lo propio como bueno y lo diferente como ataque, y la fuerza como una posibilidad siempre accesible.

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Machismo de birrete

Un catedrático de la Universidad de Sevilla ha sido condenado por abusar sexualmente de dos profesoras y una becaria de su departamento. Para la mayoría de la gente era un buen hombre, un buen profesor, un buen compañero, un buen decano, un buen vecino… es decir, un hombre revestido de normalidad para poder seguir siendo un buen hombre y llevar a cabo todo lo que los hombres buenos hacen hasta ser descubiertos, y pasar, entonces, a ser "hombres malos", como afirma el magistrado del Tribunal Supremo, Antonio Salas; o sea, se convierten en "hombres malos por imperativo legal".

Todo ello, por supuesto, sin que el machismo tenga nada que ver en la motivación de sus conductas ni en la invisibilidad que se genera alrededor de unos hechos que se caracterizan por su prolongación en el tiempo, ante la mirada ciega de las personas que hay alrededor que, curiosamente, nunca ven nada. ¿Por qué resulta invisible abusar de una profesora o alumna en un despacho, y no lo es vender droga en esa misma habitación?

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El beso de Judas

El machismo no es sólo un posicionamiento individual, ante todo es conducta y una actitud frente a los demás, especialmente ante aquellos que deben apreciar los elementos que definen esas ideas, comportamientos y actitudes para que el hombre en cuestión sea reconocido como parte de su grupo de iguales, y ocupe una posición más o menos alta según el resultado de sus conductas.

En el machismo no hay ideólogos y actores, todos defienden las ideas con sus acciones, y todas las acciones refuerzan su sistema de valores. Es lo que ha hecho el vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla, Manuel Muñoz Medina, al llevar acabo la agresión sobre la diputada de Podemos Teresa Rodríguez.

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Goliat y David Pérez

David Pérez , alcalde de Alcorcón, se ha dado cuenta, del mismo modo que lo ha hecho el machismo, de que lo que tiene enfrente no es un "grupo" ni un "colectivo" más o menos amplio de mujeres, sino un gigante; un movimiento gigante que avanza en contra de la desigualdad y de la injusticia social que significa el machismo. Y es gigante por su dimensión global y por la grandeza de sus  reivindicaciones, que no son otras que pedir la Igualdad en la sociedad y hacerlo también para los hombres que las discriminan, abusan, maltratan, violan y asesinan por todo el planeta. Como se observa, no puede haber más grandeza y generosidad en el planteamiento feminista.

Que la respuesta a esa demanda de convivencia en Igualdad sea presentada como una amenaza y un ataque a los hombres y al orden existente, un orden capaz de convivir con 700.000 hombres maltratadores cada año, con 60 que asesinan a sus parejas o exparejas, con miles que agreden sexualmente… ya indica que la propia sociedad y su cultura matriz no sólo forman parte del problema, sino que son el problema.

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Dejad que los hombres se acerquen a mí

Imaginen que un político declara que para conseguir que la política gire a la izquierda no es necesario contar con personas de izquierdas, que basta con llevar a cabo iniciativas progresistas y sociales como nos han enseñado en las facultades o en algunas reuniones y asambleas. Nadie aceptaría el argumento ni vería en él un planteamiento coherente.

Sin embargo, es lo que ha manifestado Pablo Iglesias con relación a la presencia de las mujeres en los órganos de representación política, precisamente donde más se reproducen y difunden las ideas machistas, al decir que no hace falta que estén ellas y que basta con que se haga lo que nuestras madres nos han enseñado. Pablo Iglesias se vuelve a equivocar con lo que significa la igualdad, con lo que plantea el feminismo y, por tanto, con lo que supone la desigualdad e impone el machismo.

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Pacto de Estado, sí... pero contra el machismo

Primero fueron 22 segundos en un debate electoral, luego que si un pacto sí o un pacto no, a continuación nos dicen que se trata de un pacto para pactar, no de pactar para un pacto; luego llegará el “qué” hay que abordar dentro de él, más adelante el “cómo hacerlo”, después el “cuándo”, e imagino que al final se pactará sobre el “con qué”, es decir, el presupuesto necesario para hacer lo pactado realidad en la forma y en el tiempo consensuado.

Desde luego, esta primera aproximación ya hace dudar mucho del interés en encontrar soluciones eficaces e inmediatas para erradicar la violencia de género, y evitar los asesinatos de mujeres que se producen envueltos por la pasividad de una sociedad, que prefiere dirigir la mirada hacia un lado cada vez que se habla de violencia de género, porque enfrentarse a ella exige mirarse en el espejo de la realidad.

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Hombres Nadie

Érase una vez Don Nadie, casado con una mujer con nombre y apellidos a la que mostraba su "amor" a base de golpes y amenazas, pero como era Don Nadie ninguna persona daba crédito a la violencia que ella contaba. Un día, cansada de que no hubiera alguien que la ayudara, decidió denunciar a su marido ante la Policía, pero cuando iba a ser detenido, como era Don Nadie y no se puede detener a quien es nadie, lo dejaron en libertad. Luego en el Juzgado, asustada por si acababa con su vida, pidió una orden de protección, pero, del mismo modo, cuando miraron el expediente y vieron que su marido era Don Nadie, no se la dieron al pensar que no hace falta proteger a alguien de Nadie. Y así transcurrieron los días hasta que una mañana ese agresor se quitó el disfraz de "hombre Nadie" y se presentó con la verdad de la violencia para asesinarla ante la sorpresa de todo el mundo.

Lo ocurrido con Estefany M. González en Olivares no es tan diferente a lo que sucede con otros muchos casos de violencia de género. Es cierto que las consecuencias son distintas y los elementos difieren entre ellos, pero en todos hay una violencia normalizada bajo las referencias de la cultura machista, y en todos  hay una falta de credibilidad en el relato de las mujeres unido, con frecuencia, a un cuestionamiento sobre su decisión e intención al denunciar. Y esa falta de credibilidad en la palabra de las mujeres es la esencia de la violencia de género, y explica la evolución que tenemos en la actualidad.

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El machismo y su lapidación virtual

El machismo puede matar a una mujer con piedras o con píxeles, da igual, pues lo que mata no son los golpes, sino la mirada de una sociedad que siempre cierra los ojos ante la desigualdad y la violencia de género mientras estas suceden, y sólo los abre para mirar los cuerpos de las mujeres ya asesinadas.

Dominar el espacio privado con la violencia y ser dueño del público con el uso del reconocimiento, la crítica y la discriminación, es uno de los instrumentos más poderosos del machismo al permitir, por un lado, condicionar la realidad para que transcurra tal y como está previsto, y por otro, dar significado para que determinados hechos aislados alcancen un sentido que permita consolidar el orden establecido. Es lo que ha ocurrido en Italia.

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