eldiario.es

Menú

CATALUNYA

Barcelona está que arde

Trasladar las actividades del Banc Expropiat a otro emplazamiento de propiedad municipal sería un paso atrás en ese campo de batallas en el que se ha convertido la ciudad

- PUBLICIDAD -
Carga policial en una calle próxima al Banc Expropiat

Carga policial en una calle próxima al Banc Expropiat ROBERT BONET

Barcelona está que arde. Aunque, más bien, podríamos decir que lleva ardiendo más de 150 años. No en vano, fue el mismo Engels el que, en referencia a la existencia en la capital catalana de numerosos grupos anarquistas, en su artículo Los bakunistas en acción, señalaba como Barcelona "tiene en su haber histórico más combates en barricadas que ninguna ciudad del mundo".

Los  recientes sucesos en Gràcia podrían considerarse como, y de hecho algunos autores así los recogen –recomiendo a todos/as Carrer, festa i revolta–, unos más entre los levantamientos populares que encuentran su lugar de expresión por excelencia en sus calles y plazas y que la ciudad viene acogiendo desde el inicio de su dinámico proceso de industrialización.

Si hubiera que distinguir la contemporánea conflictividad urbana de la ocurrida hace décadas, quizás habría que apuntar hacía el papel que juega la propia ciudad en el proceso de acumulación capitalista. Bajo el neoliberalismo, actual y más reciente versión de este sistema socioeconómico, las ciudades han pasado de ser el lugar de la reproducción social por excelencia, a un elemento más de la cadena de extracción de plusvalías. Las relaciones de producción que en él se dan moldean la totalidad de los procesos sociales urbanos. De este modo, si hace unos años, una ciudad como Barcelona acogía entre las paredes de su industria la inevitable conflictualidad entre el capital y el trabajo, como bien señalan los neoperarios italianos, en la actualidad, esta conflictualidad ha desbordado los límites de las fábricas y se ha trasladado a la ciudad misma. Nos encontramos, así, viviendo en una auténtica fábrica social.

El papel que desempeña el suelo en esta fábrica es más que evidente pues, mediante los oportunos procesos de urbanización, supone el factor de producción más importante desde el que obtener rentas. El "vaciar y llenar", como oportunamente escribiera el antropólogo Jaume Franquesa, ha sustituido al "hacer o fabricar". Es así que okupar un trozo de la inmensa "tarta del suelo" no supone únicamente una oportunidad para desatar un sinfín de procesos sociales que escaparían a la siempre obligatoria mercantilización sino, además, todo un desafío al actual orden vigente.

Pero este desafío no es ni será nunca una lucha de suma cero. Algunos, la minoría, ganan, mientras otros, la mayoría pierden. Cada nueva licencia de hotel concedida, cada nueva terraza abierta en lugares ya masificados, cada externalización de servicios públicos, cada nuevo edificio de viviendas a precios imposibles, suponen un paso más hacía aquello que Warrent Buffet apuntaba sobre la lucha de clases y cómo es la suya "la de los ricos, la que está ganando".

Es bajo este prisma el que podríamos entender el rechazo, por parte del colectivo que okupaba el Banc Expropiat, a trasladar sus actividades a otro emplazamiento de propiedad municipal. Sería un nuevo y libre espacio para continuar con la labor social que llevan a cabo en Gràcia, sin duda, pero un paso atrás en ese campo de batallas en el que se ha convertido la ciudad.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha