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El PP y Catalunya, la convención del ‘no’

Cualquier observador mínimamente objetivo sabe que las reivindicaciones que dominan el debate político en Catalunya no son una 'fiebre'

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Sánchez-Camacho considera que "a Mas le falta el espíritu de Tarradellas"

El plan de Mariano Rajoy para Catalunya es 'no'. Así de simple. Sin alternativas ni diálogo. Este fue el mensaje definitivo de la convención que el Partido Popular celebró en Barcelona el pasado fin de semana. "España es un bien indiviso" proclamó el presidente del Gobierno, en un lenguaje propio de su pasado como registrador de la propiedad. Ni una sola vía de diálogo sobre las aspiraciones de buena parte de la sociedad catalana. El callejón sin salida de siempre. Y el error en el que el Gobierno y el PP caen repetidamente. "Todo se resolverá cuando esta fiebre se enfríe", dijo Rajoy. Equivocación o mala fe. Desconocimiento o la estrategia, otra vez, de ganar votos en España alimentando la tensión en Catalunya.

Cualquier observador mínimamente objetivo sabe que las reivindicaciones que dominan el debate político en Catalunya no son una 'fiebre'. Lo saben quienes defienden la independencia, y quienes intentan encontrar un nuevo vínculo con España. Incluso los que, de forma legítima, quieren que todo continúe igual. Hablar de 'fiebre', pues, es una provocación, un menosprecio. Es considerar que la sociedad catalana está enferma y la 'fiebre' es el síntoma. Y como en la gripe, es cuestión de paños calientes y que el tiempo haga su labor.

Y Catalunya tampoco es una sociedad fracturada. La líder del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, dijo que el PP sufre ahora en Catalunya como antes en Euskadi. La comparación del proceso soberanista con la tragedia vasca es una irresponsabilidad. Como afirmar que el movimiento independentista se abre camino "a machetazos", en palabras de María Dolores de Cospedal. En el fondo y en la forma, el Partido Popular hizo en Barcelona una exhibición de fuerza. Un acto de afirmación nacionalista frente al otro nacionalismo que tanto detesta.

En la convención se escucharon algunas críticas fundadas, pero los populares pecaron por exceso. Pintaron una Catalunya enferma y fracturada. En un mensaje muy alejado de la realidad cotidiana que viven los catalanes. Lo que hay en Catalunya son muchas ansias de regeneración democrática y esperanza de cambio. Incluso una mayoría querría compartir esta regeneración con el resto de los españoles. Pero el Partido Popular ha dejado claro en Barcelona que la Constitución del 78 es el único techo que la derecha española está dispuesta a tolerar. Y así, sin la apertura del marco constitucional, muchos catalanes sólo encuentran en la independencia el verdadero remedio para no ser, un día, una sociedad enferma y fracturada.


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