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Un día sabático sin hablar de la independencia

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Considero que es imprescindible. Para mi salud y para la de mucha gente. Me refiero a la decisión de pasar un día entero sin hablar de la independencia de Cataluña. Del mismo modo que hay “días sin humo”, durante los que nos comprometemos a no coger el coche, o “días sin televisión”, con el aparato desconectado de la mañana a la noche, deberíamos intentar vivir un día sin hablar del acierto o desacierto que supone trabajar por una Cataluña independiente.

Hace tiempo ya que el debate empacha. No hay espacio para respirar otro aire que el transpira esta discusión. Que si Rajoy dice que en la Unión Europea entró España y no diecisiete autonomías. Que si Mas asegura que Cataluña e Israel son hermanos gemelos. Que si la presidenta andaluza propone que la reforma de la Constitución certifique que España debe seguir unida. Que si Duran Lleida teme que quizás se cree un Estado catalán a costa de cargarse la nación catalana. Que si Alfonso Guerra quiere montar otro partido socialista en Cataluña. Que si, que si,...

Y la consulta. Y la pregunta. Los intelectuales que se han convertido en portavoces acríticos del independentismo. Y los otros intelectuales que se resisten aun a los cantos de sirena del separatismo. Los periodistas que han dejado de colaborar en determinado periódico porque los censuraba al no haber pasado el examen de buen catalán e independentista. Y los otros periodistas que han arrinconado su supuesta objetividad profesional para convertirse en perioindependentistas.

Y los que cantan las maravillas de la Cataluña independiente, donde el paro bajará de golpe y no habrá que llamar al ministro de Hacienda diez veces para que pague las factura pendientes del Gobierno catalán. Y los que temen quedarse sin pensión de jubilación si Cataluña se desengancha de España.

De las Forcadells que se patean Cataluña pidiendo que las protestas contra los recortes sociales no se hagan en la plaza de San Jaime sino ante la Delegación del Gobierno español y de los farmacéuticos que les hacen caso. De los anuncios absurdos de Ómnium Cultural en la prensa catalana. De los sondeos que avanzan que quien declararía la independencia de Cataluña no tendría un apellido monosilábico sino con tres sílabas: Jun-que-ras. 

De un mundo mediático y político obsesionado en analizar las críticas, alabanzas, chanzas o espolios que llegan desde Madrid, cuando las llaves de la caja fuerte están en Berlín.

¡Basta!

Un día sabático sin hablar de la independencia, por favor.

¡Ya tendrá que ser mañana porque hoy, claro, he caído otra vez en la trampa de escribir el artículo número nosécuantos hablando del tema!

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