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CATALUNYA

Micromachismos

Lo peor de los micromachismos es que están tan enquistados en nuestro entorno, forman parte de una manera tan “natural” de nuestro paisaje, que resultan muy difíciles de denunciar.

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A finales de julio o primeros de agosto de 2016 tuvimos noticia de que cinco hombres, autodenominados “La mandada” y con un grupo de whatsapp donde enunciaban las barbaridades que pensaban perpetrar contra las mujeres en las fiestas de San Fermín, fueron detenidos, acusados de haber violado los cinco a una chica de diecinueve años. Esto no es un micromachismo, obviamente. Esto es violencia de género y además un delito.

Ahora, el abogado de la mandada dice que no hubo violación, sino que fue sexo consentido, a pesar del testimonio contrario de la chica, a pesar de los vídeos que grabaron ellos mismos, a pesar de los fármacos hipnóticos muy potentes usados en las violaciones que les encontraron encima, a pesar de los comentarios que habían dejado ellos mismos en las redes, a pesar del estado de shock en que unos testigos encontraron la chica, a pesar de las lesiones en la zona vaginal que le diagnosticaron en el hospital... En cualquier caso, el abogado cree que sus defendidos son inocentes. Leyéndolo no puedo dejar de pensar qué debe de pasar por una mente masculina para imaginar que el sueño lúbrico de una mujer es montárselo con cinco tíos en una portería y hacerlo con tal violencia que acaba totalmente desorientada y necesita ser atendida en un hospital.

Las declaraciones del abogado constituyen, según los diccionarios, un ejemplo de micromachismo, a pesar de que, a mí, me parecen una muestra flagrante de macromachismo o de machismo, simplemente.

¿Pero qué son los micromachismos? Según la wikipedia son los machismos normalizados socialmente. O sea, son machismos que están tan incorporados en la vida cuotidiana (actitud, comportamientos, comentarios verbales) que ya no los percibimos como machismos pero que lo son y contribuyen a la dominación de los hombres sobre las mujeres. Lo peor de los micromachismos es que están tan enquistados en nuestro entorno, forman parte de una manera tan “natural” de nuestro paisaje, que resultan muy difíciles de denunciar.

Otro ejemplo: este verano los vecinos de un bloque de pisos avisaron la policía, decían que en uno de los pisos parecía que había una chica retenida, que parecía que estaba siendo violada. Cuando la policía llegó, tuvieron que llamar muchas veces a la puerta para que, finalmente, esta se abriera sólo un poco y saliera la chica. Cuando le preguntaron qué pasaba, la chica hizo un gesto sutil para indicar que detrás de la puerta había alguien más. Cuando entraron, encontraron a cinco hombres, de los cuales uno parece ser que era la pareja de la chica y que fue acusado de violación por ella misma. Al día siguiente, la chica retiró la denuncia y dijo que se lo había inventado todo.

Algún hombre me ha hecho notar, después de ver este caso, que las mujeres a veces denuncian en falso.

¿De verdad se imaginan estos hombres que unos vecinos avisan a la policía sin estar muy seguros de lo que está pasando? ¿De verdad creen que la mujer abre ella sola la puerta, atemorizada por quien hay detrás, sin que le haya pasado algo grave? ¿De verdad son incapaces de entender que lo más probable es que la mujer haya retirado la acusación por culpa de amenazas?

Según la Fiscalía General del Estado, solo son falsas el 0,01 de las denuncias que ponen las mujeres por violencia de género. Por lo tanto, si el primer pensamiento que tiene un hombre ante una situación como la descrita es que la chica ha mentido, sus prejuicios masculinos le están jugando un mala pasada y nos encontramos ante un micromachismo.

Los micromachismos no nos permiten avanzar hacia la igualdad real mujeres-hombres. Y solo si todos y todas somos conscientes de estos prejuicios y comportamientos automatizados y los combatimos activamente, si pensamos dos veces antes de juzgar a una mujer o aprendemos a ponernos en la piel del otro, por ejemplo, de las mujeres que vuelven solas a casa de madrugada y que sienten miedo o de las víctimas de abusos, podremos avanzar hacia la igualdad.

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