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La tradición navideña en las escuelas: un debate más allá de la interculturalidad

Cuando llega la Navidad, la agenda de las escuelas se empieza a llenar. ¿Tiene sentido mantener estas tradiciones cuando hay un porcentaje elevado de alumnado de otras religiones en nuestras escuelas?

Este es un artículo publicado en El Diari de l'Educació

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Cuando llega la Navidad, la agenda de las escuelas se empieza a llenar: concierto navideño, concurso de pesebres, villancicos, postal de Navidad, visita del paje en la escuela... ¿Tiene sentido mantener estas tradiciones cuando hay un porcentaje elevado de alumnado de otras religiones en nuestras escuelas?

Los años van pasando y vamos repitiendo las mismas tradiciones, aunque el contexto de muchas escuelas haya cambiado. El alumnado de origen extranjero está presente casi en todos nuestros centros, aunque la mala planificación escolar genera una segregación que hace que en algunos de ellos recibamos un porcentaje mucho más significativo. Continuar celebrando la Navidad como hasta ahora o adaptarlo a las culturas presentes en la escuela suelen ser debates más propios de centros que, curiosamente, recogen menos alumnado recién llegado. ¿Quién origina este debate, entonces?

La presencia de un gran número de alumnado musulmán en las escuelas no es ningún problema para la celebración de la Navidad. Las familias marroquíes, senegalesas, pakistaníes, gambianas... –que en Catalunya representan el grueso más importante del alumnado con origen religioso diferente– no piden la supresión de la Navidad en las escuelas. Siempre se muestran muy respetuosas con las actividades que hacemos y, hay que destacarlo, muy participativas.

Las familias recién llegadas se sienten muy motivadas y involucradas cuando se trata de celebrar tradiciones culturales catalanas, sean de origen religioso o pagano. Igual  que conservan mucho más la religión que nosotros, son personas mucho más capaces de respetar nuestras tradiciones culturales –religiosas o no–; lo que no sucede a la inversa. No podemos decir que nosotros respetemos sus tradiciones y, mucho menos, que seamos partícipes igual que lo son con nosotros.

Celebrar la Navidad o no en las escuelas es un debate que surge generalmente de las personas herederas del cristianismo. De nosotros . Nos sentimos en conflicto por estar reproduciendo unas tradiciones cristianas en un mundo cada vez más laico, unas tradiciones que provienen de una religión que ya no va con nosotros, que no creemos y que, cada vez más, nos genera rechazo.

Pero es del todo injusto atribuir este debate a la presencia del alumnado de otras culturas. Es un problema interno que no queremos asumir. Generar este debate en nombre del islam sólo nos ayuda a generar más racismo e islamofobia. Debemos asumir que la descristianización de la sociedad es un camino que estamos haciendo nosotros y tenemos que hablarlo, pero nunca utilizar como excusa las personas migrantes ni hablar en nombre del islam. La descristianización llegará igualmente, con musulmanes o sin ellos. Es un hecho interno a nuestra cultura y nuestra sociedad.

Afirmar que en las escuelas, cuando se celebra la Navidad y se cantan villancicos, se están reproduciendo los valores del cristianismo es totalmente falso. Hace muchos años que poco a poco se han ido convirtiendo en fiestas laicas. Todo sentido religioso hace mucho tiempo que se ha perdido en nuestras escuelas. Continuamos celebrando estas fechas al igual que continuamos reproduciendo tantos elementos que hemos heredado del cristianismo y que son patentes en infinidad de conceptos de nuestro entorno.

Lo que necesitamos es dar un paso más y adaptar estas tradiciones, aún más, a nuestro proceso hacia la laicidad total, pero sin complejos y sin tabúes. Hay que poner todas las cartas sobre la mesa, aceptar que tenemos contradicciones internas: queremos romper con el cristianismo, pero nos da miedo y no queremos ser los responsables de ello, porque sería ilógico negar que nos ha dejado un legado muy vigente. No es fácil convertir unas fiestas religiosas en laicas cuando nuestros orígenes son cristianos, pero tenemos deberes y responsabilidad de ser coherentes con lo que sentimos y vivimos.

Si caminamos hacia una educación inclusiva y vemos que para el alumnado recién llegado, y para sus familias, no genera ningún problema celebrar la Navidad con nosotros, ¿qué falla? Quizá el problema lo tenemos nosotros. Queremos cambiar lo que no nos gusta en nombre del islam pero, en cambio, ¿qué hacemos a favor del islam? Si nos excusamos en ellos para cambiar nuestras tradiciones, ¿dónde están nuestros gestos para acercarnos a las suyas?

La raíz del problema es que no respetamos las tradiciones de las personas recién llegadas. Cuando las escuelas marcamos los calendarios, hay días festivos que son de libre elección. Aunque reiteramos que nuestros centros educativos son laicos volvemos a fijar nuestras fiestas en días señalados por el cristianismo: la Segunda Pascua, el día de la ascensión, algunos santos... Si queremos una escuela inclusiva quizás podríamos incorporar como festivos en nuestro calendario la Fiesta del Cordero, o la de celebración de fin del Ramadán. Podríamos empezar a tener debates con la comunidad musulmana, china... Podríamos empezar a dejar de integrar para empezar a incluir.

No podemos obviar que nuestras culturas provienen de las religiones y, por tanto, cambiar esto supondría eliminar totalmente ciertas celebraciones de nuestro calendario y perder ciertas tradiciones que gran parte de la sociedad ya celebra de forma totalmente laica. La presencia de alumnado que proveniente de otras culturas no puede ser la excusa de este debate y, en la misma línea que utilizamos estos argumentos para favorecer la inclusión, el auténtico paso que tenemos que hacer es acercarnos nosotros a sus tradiciones.

Sin complejos ni miedos, dando pasos adelante con humildad y mentalidad abierta, llegaremos a una auténtica cohesión social sin racismos, fascismos ni xenofobia.

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