La varroa, una de las causas más importantes del declive de las abejas
Lo que comenzó como una incursión aislada en la frontera francesa en 1985 se ha transformado, cuatro décadas después, en una crisis endémica que amenaza la supervivencia de la abeja melífera en España. A principios de 2026, el ácaro Varroa destructor no solo sigue siendo el principal patógeno de las colmenas, sino que su control se ha vuelto un desafío de “resistencia” —tanto biológica como económica— para los más de 28.000 apicultores del país.
La Varroa es considerada el mayor enemigo de las abejas y uno de los principales riesgos para los colmenares en todo el mundo. Se trata de un ácaro parásito llamado Varroa destructor que afecta gravemente tanto a las abejas adultas como a las crías.
En el delicado equilibrio de la apicultura, pocas amenazas resultan tan persistentes y devastadoras como Varroa destructor. Este diminuto parásito, apenas perceptible a simple vista, se ha consolidado como el principal enemigo de las abejas melíferas, poniendo en riesgo no solo la producción de miel, sino también la estabilidad de los ecosistemas y la seguridad alimentaria.
Un proyecto de investigación europeo denominado “Better B” busca conseguir abejas más resilientes ante factores de estrés abióticos como el cambio climático, la pérdida de hábitat y los productos químicos peligrosos.
Este diminuto parásito, apenas perceptible a simple vista, se ha consolidado como el principal enemigo de las abejas melíferas, poniendo en riesgo no solo la producción de miel, sino también la estabilidad de los ecosistemas y la seguridad alimentaria
La expansión de la Varroa ha sido rápida y prácticamente imparable desde finales del siglo XX. Hoy está presente en la mayoría de países con actividad apícola, incluyendo España, donde miles de apicultores lidian cada año con sus efectos. En regiones como Andalucía, donde las condiciones climáticas favorecen largos periodos de cría, el problema se agrava. “El clima cálido permite que la Varroa se reproduzca durante más tiempo al año”, lo que incrementa la presión sobre las colmenas.
En el ámbito comunitario, España destaca por su censo de colmenas, ya que posee 3 millones de los aproximadamente 20 millones de colmenas existentes en la Unión Europea, lo que representa alrededor del 16% del total.
La mayor parte se concentra en Extremadura, Andalucía; Castilla y León y la Comunidad Valenciana, y más del 80% se encuentra en manos de apicultores profesionales: aquellos que gestionan más de 150 colmenas.
En este sentido, España es una potencia, está desarrollada profesionalmente a diferencia de otros países donde las tienen en su mayoría como animales de compañía.
De hecho, es el primer país exportador de miel y sus derivados en la UE, si bien los ciudadanos españoles consumen entre 16.000 y 18.000 toneladas de miel anuales. Entre 0,4 y 0,8 kilogramos por persona, por debajo de la media europea, que alcanza los 1,7 kilogramos anuales, según la Comisión Europea.
El daño de la Varroa no se limita a la extracción de recursos de la abeja. Su mayor peligrosidad radica en su papel como transmisor de virus. Entre ellos destaca el conocido como virus de las alas deformes, que provoca malformaciones visibles e impide que las abejas puedan volar.
Las consecuencias son graves:
- Reducción drástica de la vida útil de las abejas
- Pérdida de capacidad de recolección
- Colapso progresivo de la colonia
En muchos casos, el apicultor no detecta el problema hasta que la colmena ya está gravemente afectada. El éxito de Varroa destructor se basa en su estrategia reproductiva. La hembra invade las celdas de cría justo antes de que sean selladas y se reproduce en su interior, protegida de factores externos y tratamientos.
Su mayor peligrosidad radica en su papel como transmisor de virus. Entre ellos destaca el conocido como virus de las alas deformes, que provoca malformaciones visibles e impide que las abejas puedan volar
Este mecanismo permite:
- Alta tasa de reproducción
- Protección frente a tratamientos superficiales
- Diseminación constante dentro de la colmena
El resultado es una infestación silenciosa que crece de forma exponencial.
El control de la Varroa se ha convertido en una tarea imprescindible y constante. En España, la legislación obliga a realizar tratamientos periódicos, pero la eficacia depende de múltiples factores.
Entre las estrategias más utilizadas destacan:
Tratamientos químicos autorizados
Como el ácido oxálico o fórmico, eficaces, pero que requieren una correcta aplicación para evitar resistencias.
Manejo biotécnico
Incluye prácticas como:
- Eliminación de cría de zángano (preferida por la Varroa)
- Interrupción del ciclo de puesta de la reina
- Uso de fondos sanitarios
Vigilancia constante
El monitoreo es clave. Métodos como el conteo con azúcar glas permiten estimar el nivel de infestación y actuar a tiempo.
La crisis de las abejas no es un problema exclusivo de los apicultores. La polinización que realizan estos insectos es fundamental para numerosos cultivos agrícolas.
Se estima que:
- Una gran parte de los alimentos depende de la polinización
- La pérdida de abejas afecta directamente a la producción agrícola
- La biodiversidad se ve comprometida
Por ello, la expansión de la Varroa se considera también un problema ambiental de primer orden. En la actualidad, centros de investigación y organismos agrarios trabajan en soluciones más sostenibles:
- Selección genética de abejas resistentes
- Nuevos tratamientos menos agresivos
- Métodos de control biológico
Sin embargo, los expertos coinciden en que no existe una solución definitiva a corto plazo. La lucha contra Varroa destructor será prolongada.
La Varroa representa hoy el mayor desafío sanitario de la apicultura. Su capacidad de adaptación, su rápida reproducción y su impacto sobre la salud de las abejas la convierten en un enemigo difícil de erradicar.
El sector se enfrenta ahora a un callejón sin salida terapéutico. Con un 20% de Varroa, una colmena no vive. La realidad es que muchos de los tratamientos sintéticos tradicionales están perdiendo eficacia debido a las resistencias desarrolladas por el ácaro.
Mientras tanto, la supervivencia de las colmenas dependerá de la vigilancia constante, la aplicación de buenas prácticas y el avance de la investigación, se investiga con postbióticos y otros compuestos naturales que muestran sinergia con el ácido oxálico y no dejan residuos. Porque proteger a las abejas es, en última instancia, proteger el equilibrio de nuestros ecosistemas y el futuro de la alimentación.
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