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OPINIÓN | 'La fábula del contrabandista y el purgador', por A. Losada

Un ministro, un asesor con poderes y un comisionista sin escrúpulos: la génesis de una alianza que se fraguó a golpe de sobornos

Javier Lillo / Elena Herrera

5 de abril de 2026 21:32 h

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En toda trama que se precie siempre hay un corruptor y un corrompido, o varios. En la historia que acabó con todo un ministro de Transportes en la cárcel se cumple este requisito. Siempre hay un comienzo, una conexión inicial que hace que confluyan los intereses espurios de ambas partes. En el caso por el que se sientan en el banquillo de los acusados el exministro José Luis Ábalos; su asesor y 'chico para todo', Koldo García y el empresario Víctor de Aldama —parafraseando a la UCO, el “nexo corruptor”— hay que buscar el origen de esa suerte de presunta alianza para delinquir en agosto de 2018.

Fue entonces cuando el empresario, presidente del Club Deportivo Zamora, exploró un primer acercamiento al Ministerio que más presupuesto de inversiones manejaba (de lejos) de cuantos conformaban el Gobierno. Un Ejecutivo recién constituido tras una moción de censura que en junio de 2018 acabó con Mariano Rajoy 'comiendo' en el Arahí, un restaurante de postín cercano al Congreso en el que durante ocho horas asumió que su etapa en Moncloa terminaba por culpa de la trama Gürtel. Cosas del destino: quien defendió la moción de censura para el PSOE, José Luis Ábalos, fue el mismo que, ocho años después, se enfrenta a una petición de 24 años de prisión por delitos de organización criminal, cohecho, uso de información privilegiada, tráfico de influencias y malversación.

¿Quién es cada uno de los protagonistas de esta supuesta trama que, según la Fiscalía Anticorrupción, se 'fundó' para “obtener un común beneficio económico”? El personaje principal, no en vano le denominaban (según la UCO) 'El Jefe', era Ábalos. Hombre fuerte en el PSOE, desde junio de 2017 ostentó el cargo de secretario de Organización del partido después de haber sido el muñidor y coordinador de la campaña de Pedro Sánchez en las primarias para recuperar las riendas de esa formación. Fue entonces cuando Ábalos coincidió por primera vez con Koldo García en Navarra, quien a la postre sería su hombre de confianza. Era una persona vinculada al Partido Socialista de Navarra (PSN) y de la confianza de otro dirigente socialista, Santos Cerdán —“tenían una relación de subordinado a jefe”, dice Fiscalía— quien en aquella época estaba en el Parlamento navarro.

El 'animal' político

Tras la caída de la trama a partir de febrero de 2024, llegó la travesía por el desierto para el 'animal' político Ábalos, con registros en su domicilio valenciano —le encontraron con una 'amiga' que trató de sacar un disco duro externo a escondidas—, y varios informes de la UCO que analizaron pormenorizadamente, y también con errores de bulto, su patrimonio —los agentes, por ejemplo, confundieron pesos colombianos con dólares—. Luego vino el devastador análisis de los dispositivos móviles de Koldo García en el que se hablaba de 'chistorras', 'lechugas', 'soles' y 'folios' para, según los investigadores, referirse a dinero en metálico que ambos recibían a cambio de dejarse querer por el comisionista Víctor Aldama.

Pero antes, casi al principio del caso, Ábalos dejó frases para la posteridad: “Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie detrás ni al lado. Me enfrento a todo el poder político, de una parte y de otra (…) y lo tengo que hacer solo”. Así se pronunció en febrero de 2024 cuando anunció que dejaba el Grupo Socialista para pasarse al Grupo Mixto del Congreso. Mismo día en el que trascendía que el PSOE le suspendía de militancia. Acaba de estallar el caso Koldo y el asunto ya era escalable a su persona.

A lo largo de este tiempo de instrucción, Ábalos ha defendido siempre su inocencia, ha ido al cuerpo a cuerpo en cada una de las batallas jurídicas que se le han abierto durante el procedimiento y siempre siguiendo su propio criterio personal, que ha pesado más, en la mayoría de ocasiones, que cualquier consejo de sus abogados. De hecho, esas diferencias de criterio provocaron la ruptura con su primer abogado, José Aníbal Álvarez. Luego llegó la deriva final, ya en la cárcel perdió a su segundo abogado, el exfiscal Carlos Bautista del bufete de Chabaneix Abogados, por problemas con el pago de los honorarios, y la defensa recayó finalmente en Marino Turiel, un penalista de amplia experiencia y de la confianza de la familia. Desde noviembre de 2025, el exministro está en prisión preventiva en la cárcel de Soto del Real, desde donde sigue lanzando sus mensajes a la opinión pública en su perfil de 'X', 'En el nombre de Ábalos' —guiño carcelario a la película 'En el nombre del padre' de Jim Sheridan—.

Koldo, el alter ego

El segundo personaje de la historia es Koldo García. Su biografía arranca en Navarra, fue colaborador de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la lucha antiterrorista —recibió hasta medallas—, y en octubre de 2017 trasladó su residencia a Madrid pasa ser asalariado del PSOE. Iba a ser chófer de Ábalos, quien necesitaba un hombre de confianza para su largo peregrinar por toda España en busca de coser el partido para Sánchez. Fuentes del entorno de Ábalos siempre han sostenido que, al principio, la figura de Koldo no convencía al político valenciano, pero que poco a poco y a fuerza de estar pendiente de hasta que no le faltara el tabaco —las cajetillas de ducados que despacha a pares— o las medicinas, ese chófer 'grandullón' acabó entrando hasta la cocina de su casa.

De tanto viaje, se fraguó la confianza —en la memoria siempre quedarán esas conversaciones grabadas en las que ambos valoraban y elegían mujeres con las que compartir la noche: “La Carlota se enrolla que te cagas”— y el tosco Koldo García, que había sido puerta en garitos de mala reputación, escolta y hasta aizkolari, acabó siendo designado asesor ministerial cuando Ábalos se hizo con el Ministerio de Fomento tras la moción de censura. Y no solo eso, también acabó siendo consejero de Puertos del Estado y de Renfe.

Anticorrupción le califica en su escrito de acusación como “el alter ego” del exministro, se convirtió en su asistente personal, y “desempeñó tareas tanto profesionales como personales lícitas e ilícitas”. Todo el mundo sobreentendía que Koldo era el fiel transmisor de los deseos de Ábalos y, al tiempo, “manejó fuentes ilegales de dinero en efectivo del ministro”: “Actuó de facto como testaferro de su superior en actividades delictivas”.

En realidad, la figura de Koldo García fue la primera de la trama en emerger a la opinión pública, y de hecho se encuentra en la génesis de la investigación, cuando en otra causa, que nada tenía que ver con el caso Koldo, un confidente —el empresario José Luis Caramés— le indicó a un capitán de la UCO llamado Juan Vicente Bonilla —que acabó a sueldo de la Comunidad de Madrid— que ese Koldo era mano derecha “de los que trincan”.

El nexo corruptor

Koldo es la clave para la conexión con Víctor Aldama, el presunto corruptor de la trama. Este empresario tenía en 2018 intereses en varios sectores, entre ellos el de los hidrocarburos —es investigado también como cabecilla de una organización criminal que perpetró un fraude millonario del IVA a través de la operadora Villafuel—. Conoce al asesor ministerial gracias a su hermano Rubén Aldama que prestaba servicios de escolta para Ábalos. Ahí germina una relación que escala en poco tiempo y se extiende al ministro. Y se hizo la magia. Según explicaba la Fiscalía apoyándose en la investigación de la UCO, “pronto vieron los investigados la oportunidad de obtener un común beneficio económico” y convinieron que, aprovechando el cargo del ministro, se podrían lucrar con contratos públicos.

Los tres de la mano, según Anticorrupción, llegaron a la pandemia de marzo de 2020, y ahí vinieron los contratos para la adquisición de mascarillas que se convirtieron en la principal prueba de cargo para un juicio donde se piden altas penas de cárcel para los tres procesados. Antes de ese negocio en lo peor de la pandemia, el 'nexo corruptor' habría ido abonando esa relación de confianza con el ministro con distintas dádivas, entre ellas abonaba una suerte de nómina mensual de 10.000 euros a repartir entre Ábalos y Koldo. El propio Aldama explicó que se trataba de una estrategia de inversión a fondo perdido para hacerse con futuras ventajas.

El asunto del posible amaño de las mascarillas en favor de la empresa Soluciones de Gestión fue judicializado y se produjeron dos hitos clave que marcaron el camino al banquillo de los tres: la entrada y registro en febrero de 2024 del domicilio de Koldo García, donde encontraron una serie de dispositivos con grabaciones realizadas por él mismo que provocaron el ingreso en prisión del ex número tres del PSOE Santos Cerdán por supuestos amaños de obra pública; y la comparecencia delatoria de Aldama tras ser detenido por el caso Hidrocarburos en la que confesó ante la Audiencia Nacional pagos tanto a Ábalos como a Koldo García. Esto le valió que la Fiscalía le aplicara una atenuante y, por tanto, rebajara a siete años la petición de cárcel para él.

Esa presunta alianza de los tres que se juzga desde este martes 7 de abril no solo se ciñó a los pagos mensuales del conseguidor y al reparto de las comisiones por ese presunto pelotazo de las mascarillas. Según el fiscal jefe Anticorrupción, el exministro fue agasajado con otras 'premios' como, por ejemplo el pago del alquiler (que ascendía a 2.700 euros mensuales) del piso en el que residía su pareja Jésica Rodríguez allá por 2018 en el edificio Torre de Madrid, ubicado en la Plaza de España. A esa “casita de novios” —como la describía la propia Jésica Rodríguez en un wasap— se sumaron las gestiones que habrían realizado tanto Koldo García como el propio ministro para colocar en hasta dos empresas públicas —Ineco y Tragsatec— a esa joven estudiante de odontología que, según declaró en instrucción, cobró pero no trabajó. A ese 'enchufe' se sumaría un segundo, el de Claudia Montes, una militante socialista que solicitó ayuda al exministro para conseguir un puesto en Asturias.

Y dado que la cadena de favores ya estaba engrasada, De Aldama fue usando su influencia en el Ministerio de Transportes, al que tenía acceso 'VIP', y logró que el ministro Ábalos y el propio Koldo García remaran a favor de obra para que la compañía Air Europa, de la que era consejero, lograra el rescate público que la salvara de la quiebra a la que estaba abocada por culpa de la pandemia. El exministro envió un comunicado señalando la necesidad de ese rescate y, presuntamente y siempre según los investigadores, eso le habría valido que la aerolínea hiciera frente al pago del alquiler de un chalé —Villa Parra— para las vacaciones del ministro y su familia “por las molestias” —según un wasap del propio asesor ministerial—. Este extremo ha sido negado por el exministro y por la propia compañía.

Más allá de estos episodios, se dieron otros dos que también fueron objeto de investigación. El primero fue el regalo en 2021 al exministro de un chalé ubicado en la urbanización gaditana de La Alcaidesa a cuenta del apoyo que presuntamente dio a una trama que buscaba hacerse con una licencia de operadora del sector de los hidrocarburos. Ese 'regalo', que siempre negó el ministro, acabó mal porque, según los investigadores, los cabecillas de la trama —uno era el empresario Claudio Rivas y el otro el propio De Aldama, según la UCO— no vieron que las gestiones del ministro dieran fruto y, dado que coincidió con el cese de Ábalos, decidieron que ya no merecía el chalé.

Otro episodio que puso sobre la mesa el conseguidor De Aldama en otra de sus declaraciones ante el juez fue la supuesta entrega de un piso en pleno Paseo de la Castellana a Ábalos. El exministro siempre ha defendido que si bien se interesó por firmar un contrato de alquiler con opción a compra nunca llegó a poder hacer uso del mismo porque estaba ocupado. Aldama había explicado previamente que ese piso era una suerte de seguro que ofrecía al ministro como prueba de que cobraría futuras comisiones.

Ahora, esa presunta tríada de la corrupción que canibalizó el Ministerio antes, durante y después del estallido de la pandemia se enfrenta a un banquillo que no pesa igual para los tres. De Aldama se decantó por la vía de la colaboración con la Justicia y optó por autoinculparse en el pago de mordidas. Ábalos llegó hasta el final defendiendo su inocencia. Y Koldo García, al que en el registro de su casa se le encontraron esas grabaciones secretas incriminatorias, sigue atento desde la cárcel, en la que no parece estar a disgusto, el devenir de las diferentes causas que le señalan.

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