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¿Uro-gallo que no canta?

Durante los últimos 30 años la población cantábrica de esta especie ha experimentado un acusado descenso 

Entre las causas se encuentra el estrés generado por el acoso humano, que desemboca en una disminución de su tasa de reproducción

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EFE

El gran público no especialista en fauna silvestre suele pensar en el urogallo como un ave ciertamente bonita, inusual en España, que habita en los bosques norteños y, como mucho, que se ha convertido, junto con el oso pardo, en uno de los símbolos de la naturaleza cantábrica. Siendo todo esto verdad, no es toda la verdad. Y, así como otras especies otrora al borde de la extinción en la Península Ibérica como el quebrantahuesos, la nutria o el lince ibérico están respondiendo admirablemente a los planes de recuperación diseñados para ellos, algo va mal con el urogallo.

El urogallo cantábrico está desapareciendo. Durante los últimos 30 años su población ha experimentado un acusado descenso, debido a múltiples causas, no siempre bien estudiadas. Pero es que el urogallo es una especie difícil de estudiar, de contemplar, de censar… y también está siendo complicado determinar las causas de su declive y poder diseñar medidas para contrarrestar esta tendencia. Para entenderlo, empezaremos por el principio.

El urogallo 'Tetrao urogallus' es un ave Galliforme de la familia Tetraonidae. Es un ave de mediano tamaño, y ciertamente inusual: de acusado dimorfismo sexual, el macho es toda una joya emplumada destinada a atraer la atención de la hembra durante su complicado cortejo en la primavera, en lugares determinados llamados “cantaderos”. Las hembras son más pequeñas y discretas, pero muy elegantes con sus carnaciones rojas situadas sobre los ojos, a modo de maquillaje (maquillaje que es más acusado aún en el macho). Está distribuido por todo el cinturón de bosque boreal desde Escandinavia hasta Kamchatka y, aquí reside el interés de las poblaciones ibéricas, en el Sur de Europa se encuentran poblaciones descendientes de aquellas que se refugiaron de los hielos cuaternarios.

En España, las poblaciones cantábrica y pirenaica están físicamente separadas, constituyendo dos subespecies distintas. En la Cordillera Cantábrica, viven en bosques de robles, hayas y abedules, y en el Pirineo (población compartida entre España y Francia) viven en bosques de coníferas (pino silvestre/pino negro) y bosques mixtos. Se alimentan de hojas y, en invierno, cuando el suelo está cubierto de nieve, se alimentan en los árboles de brotes de hayas, abedul o acebo. El arándano es una especie de planta a la que el urogallo está muy ligado, sirviéndole de alimento y refugio.

La población cantábrica es una de las dos genéticamente puras que quedan en Europa

Del linaje meridional de urogallos que indicaba más arriba, la población cantábrica es una de las dos genéticamente puras que quedan en Europa (la otra se encuentra en los Montes Ródope entre Bulgaria y Grecia). La población pirenaica y la población del Sur de los Cárpatos muestran, en parte, mezcla con el linaje norteño que, desde Asia, recolonizó Europa tras la retirada de los hielos. Ese es el extraordinario valor de los urogallos ibéricos.

Es una especie muy delicada que depende de dos factores esencialmente, para prosperar: bosques intactos y tranquilidad. Y ahí está la clave de la desaparición del urogallo cantábrico (el urogallo pirenaico muestra un declive menos acusado). La destrucción de su hábitat debido a infraestructuras como carreteras, estaciones de esquí, tendidos eléctricos, pistas forestales, repoblaciones de especies foráneas y parques eólicos. El urogallo no es especie cinegética desde 1979, pero el estrés generado por el acoso humano (en persona y en infraestructuras) desemboca en una disminución de su tasa de reproducción.

La actividad humana también ha incidido en el aumento de ungulados silvestres como el ciervo, que se comen los arándanos, ya que la actividad cinegética tiende a hacer aumentar el número de estos animales. Lo ideal sería dejar que el lobo depredase sobre los ciervos para restablecer el equilibrio, ya que el lobo sí controla el número de sus presas, sin hacerlas aumentar. En definitiva, el declive del urogallo cantábrico nos muestra cómo, en la naturaleza, todo está interconectado con todo. Debemos, pues, repensar profundamente nuestra relación con ella.

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