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Siete curiosidades de los pañales que quizá te interesen aunque no tengas bebés

Datos y anécdotas para profanos e ignorantes del mundo de la maternidad y la paternidad. 

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Foto: CatEyedKP

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1. Los pañales no son un invento moderno

Desde el alba de los tiempos los humanos han tapado la zona pélvica de sus recién nacidos con algún tipo de cobertura absorbente que evitara tanto los malos olores como el derrame de heces fecales u orina, sobre todo en los pueblos nómadas. Los esquimales tapaban antiguamente a sus bebés con pieles de foca rellenas en su interior de musgo. Los incas utilizaban pieles de conejo en las que colocaban pasto fresco, y los pioneros americanos empleaban paños de algodón que luego secaban sin lavar.

Ya en los siglos XIX y XX los pañales eran generalmente de paño de algodón más o menos basto, y se lavaban tras su uso. No fue hasta los años 40 del siglo pasado que se comenzó a sustituir el paño por otros materiales más absorbentes, como la celulosa, lo que mejoró sustancialmente la calidad de vida de los bebés. En concreto fue en Suecia donde se crearon los primeros pañales desechables, que luego se exportaron a Estados Unidos a precios desorbitados. Fue en este país donde les añadieron en los bordes cierres plásticos para que la orina y las heces no se derramaran fuera del pañal, creando así los primeros modelos de pañal desechable moderno.

2. Hoy no todo el mundo usa pañales desechables

Aunque son más difíciles de conseguir, al menos en España, hay algunos padres que optan por los pañales de tela en lugar de los desechables. Las razones son varias, pero cabe destacar que los pañales de tela se pueden usar hasta tres o cuatro años antes de desecharlos, dada su alta durabilidad. Esto quiere decir que una familia con más de un hijo pequeño puede emplearlos en todos ellos sin problemas, lógicamente tras lavarlos. En tiempos de crisis y con el IVA de los pañales disparado al 21%, el poder reciclar un pañal no es cuestión baladí. 

El ahorro en el empleo de pañales de tela frente a los desechables se estima entre 400 y 600 euros al año, siempre considerando que el gasto medio en pañales de una familia con un bebé supera los 1.000 euros anuales. Si se comparan familias con más de un hijo pequeño, el ahorro puede ser significativamente mayor. Por otro lado la tela de estos pañales no es ni de lejos como la de los antiguos pañales, sino que resulta similar en tacto a los desechables y está hecha también de materiales absorbentes como el cáñamo, el bambú o las microfibras de algodón.

La parte exterior del pañal de tela tiene una cobertura plástica con estampados que evitan derrames y permiten que puedan ser usados como ropa de calle. Además, al lavarlos algunos modelos permiten separar la parte interior con los restos de la exterior y lavar solo la primera tras eliminar los detritos. Sin embargo, hay que tener cuidado al lavar estos pañales, porque si quedan restos de jabón en la tela pueden crear alergias en el bebé que derivarán en dermatitis. También tienen el inconveniente de que hay que cambiarlos con más frecuencia, dado que su capacidad de absorción es algo menos que en un desechable.

3. Se puede llenar el Bernabéu dos veces con los pañales sucios de los bebés españoles

No es broma: teniendo en cuenta que a un bebé se le cambia el pañal seis veces al día, en un mes consume 180 pañales. En un año serán 2.160 pañales sucios generados y en los primeros tres años, que es cuando hace un uso más intensivo, resultan 6.480 pañales por niño. Solo con que cada pañal contenga unos cien gramos de heces y pis, resultará más de una tonelada generada por cada niño español hasta los tres años. Si se combina este dato con la tasa de natalidad española resultan unas 900.000 toneladas anuales de pañales sucios generados, lo suficiente en volumen para llenar un estadio de fútbol de tamaño grande dos veces.

El cálculo viene a cuento porque los pañales presentan un complejo reciclado y se degradan lentamente, hasta el punto que se calcula que un 4% de los residuos que acumulamos en vertederos son pañales desechables que tardarán hasta, atención, hasta 100 años en degradarse. Es decir que los pañales desechables, dados sus componentes, son muy poco, o nada ecológicos. Como alternativa se han lanzado pañales con fibras de bambú que absorben igual de bien pero se degradan en cuatro o cinco años. El problema es que son sensiblemente más caros. 

4. Los pañales de tela pueden ser más ecológicos, pero también menos

Los pañales de tela, por el hecho de no desecharse tras el primer uso, pueden resultar más ecológicos, ya que se precisa de mucha menos cantidad al reciclarse durante como mínimo tres años. Sin embargo, el lavado y secado de los pañales consume energía y vierte dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, haciendo a los pañales de tela tan poco ecológicos como los desechables. Se estima que un niño que usa pañal de tela puede generar un vertido durante los tres primeros años de vida de 490 kilos de CO2, frente a los 415 kilos que genera el reciclado de un pañal desechable.

No obstante, estos datos pueden variar en función de los hábitos de lavado y la estructura de cada familia. En un país cálido como España, donde los pañales lavados se sequen tendidos, se generará menos CO2 que en uno húmedo y frío como Inglaterra. En una familia con varios bebés, paradójicamente, se generará menos CO2 que en una con un solo bebé, ya que las lavadoras irán a carga completa y se harán con menos frecuencia. Se calcula que la cifra de vertidos se puede reducir hasta la mitad evitando la secadora y las lavadoras a media carga.

5. Se puede hacer nieve artificial con el relleno de los pañales desechables

Los pañales desechables están rellenos de un compuesto sintético llamado poliacrilato de sodio que presenta una gran capacidad de absorción de los líquidos, en este caso la orina. El poliacrilato de sodio, que fue utilizado por la NASA para las micciones de los astronautas, se presenta en el pañal en una capa interna, en forma de polvo entreverado de fibras de algodón, y su función es hincharse cuando el bebé orina, o defeca líquido, hasta formar una gelatina que evita los derrames. La consistencia de esta gelatina dependerá de la cantidad de líquido que expulse el bebé. 

El poliacrilato de sodio se puede emplear para crear nieve artificial de forma casera, ya que disuelto en un exceso de agua adquiere una estructura muy similar, que mantendrá mientras no se deshidrate. Es posible adquirirlo en algunas tiendas de productos químicos y fertilizantes. En el siguiente vídeo se muestra el proceso de creación de nieve a partir de un pañal.

 

6. Los dientes son los causantes de las dermatitis de los bebés, no los pañales

Las heridas en la piel del bebé causadas por infecciones o alergias se conocen como dermatitis. Tienen su origen en los líquidos que expulsa el niño, pero no en el pañal, salvo en el caso de rozaduras con elementos plásticos o con poca transpiración de este, ya que precisamente la función del pañal es absorber todos los líquidos para evitar que estén en contacto con la piel del bebé. Aun así, en ocasiones el exceso de líquido humedece el pañal y la orina, que se degrada rápidamente en sustancias tóxicas, entra en contacto con la piel.

También las heces, que tienen un PH ácido al contener jugos gástricos, pueden provocar dermatitis, en especial cuando al niño le salen los primeros dientes, hacia los siete a nueve meses. El motivo es que con la salida de los dientes la saliva se acidifica y por tanto al ser tragada baja todavía más el PH del aparato intestinal. En consecuencia, las heces saldrán más ácidas y crearán un aumento notable de las dermatitis. Los padres veteranos saben antes por el culo rojo que por la boca que su hija o hijo ha llegado a la fase dentaria

7. Hay niños en el primer mundo que se crían sin pañales

Puede sonar extravagante, pero existe una corriente tanto de padres como de pediatras que promueven el desarrollo del bebé sin pañales. Aducen que de este modo se ahorra en pañales, se es más ecológico y el niño o niña es más consciente de la acción que está realizando, lo cual puede repercutir en su educación. También evita las dermatititis y refuerza la comunicación entre los padres y el bebé, ya que el protocolo exige que estén continuamente pendientes de él para estudiar sus gestos cuando quiere orinar o defecar y así acercarle el orinal. De todos modos es un método controvertido y que requiere una dedicación máxima que hoy en día se antoja imposible.

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