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El negocio alrededor de la vagina

Las industrias cosméticas y estéticas han lanzado en los últimos años numerosos productos y servicios relacionados con mitos tan dudosos como el punto G o el rejuvenecimiento de la vagina

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Foto: Pexels

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Rejuvenecimiento o estrechamiento vaginal, reducción de clítoris, eliminación de la llamada 'pata de camello' mediante un retoque de los labios, restitución del himen... Ahora llega el G-shot, la inyección de ácido hialurónico para potenciar el punto G, algo que la publicidad que acompaña al servicio asegura que multiplicará el orgasmo femenino. Siempre y cuando se demuestre finalmente, es decir científicamente, la existencia de dicho punto, claro está, un debate que arrastra una larga polémica.

El caso es que la vagina, la parte visible del órgano sexual femenino, es en los últimos años una importante fuente de negocio alrededor de su mantenimiento y cuidado, con el fin de maquillar el paso de los años, mantener la autoconfianza en el atractivo sexual e intentar mejorar tanto el placer propio como el de la pareja.

Parece que al igual que en el hombre, la liberación sexual haya venido acompañada del desarrollo de determinados complejos o exigencias, como el de no ser lo suficientemente deseable o buena en las relaciones. 

Ciberacoso a la 'pata de camello'

De este modo, paralelamente a los alargamientos de pene y otras modificaciones estéticas de la sexualidad masculina, las mujeres han visto crecer su propia oferta de soluciones para mejorar sus cualidades y atributos genitales. Y si no hay nada que mejorar, la opinión de blogueras influyentes y el poder de Internet pueden ayudar a estigmatizar hechos que antes se consideraban normales o simplemente inevitables.

Tal es el hecho de la llamada 'pata de camello', un constructo de origen anglosajón para denominar a los labios vaginales partidos por unos pantalones o una ropa íntima demasiado ajustada. Más allá de si estéticamente esta evidencia genital es agradable, desagradable o indiferente a los demás, se la ha linchado digitalmente para luego buscarle una solución mediante una operación de labiaplastia, es decir una reducción de los labios vaginales, menores o mayores, mediante cirugía estética. 

Foto: Tom1971

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La labiaplastia es una práctica con relativos años de vida que en su origen buscaba corregir hipertrofias, asimetrías y otros problemas derivados de la genética, la edad o los partos, que afectaban a la autoestima y la felicidad psicológica de muchas mujeres, por ejemplo impidiéndoles tener relaciones sexuales fluidas con otras personas al sentirse acomplejadas.

Furor entre las adolescentes

Inicialmente se exigían unas medidas de asimetría entre labios o una hipertrofia -por ejemplo que los labios inferiores fueran mayores que los superiores- que fuera notoriamente anormal para asumir la aptitud para la operación. Pero la moda, la desinhibición o la presión estética ha provocado un 'boom' de las operaciones de labiaplastia, que se ofertan ahora sin tener mucho en cuenta la conveniencia de las mismas.

Especialmente preocupante es que en una proporción considerable las demandantes son adolescentes entre las que la mentada 'pata de camello' constituye un verdadero estigma. Las mujeres en la adolescencia son precisamente el grupo de edad en el que menos se recomienda este tipo de operaciones, pues los labios vaginales están en pleno crecimiento, al menos hasta bien entrada la veintena.

La moda del 'G-Shot'

Curiosamente una de las operaciones más reclamadas por las jóvenes es la disminución del capuchón del clítoris, la capa de piel que cubre el principal órgano del placer orgásmico en las mujeres. Este tejido puede, en efecto, ser demasiado grueso por herencia genética e impedir el correcto goce durante las relaciones sexuales, o bien con la edad o por desarreglos hormonales puede hipertrofiarse. 

En tales casos la resección quirúrgica de parte de dicho capuchón, similar a una operación de fimosis en los hombres, aumentará las sensaciones en el clítoris y mejorará el placer sexual, pero precisamente este es un problema que muy raramente se presenta entre las adolescentes, sino en mujeres de más edad. En todo caso, indica una búsqueda de la maximalización del placer sexual, algo muy lícito pero que no está claro que se pueda fiar solo a la medicina.

Un ejemplo de ello es la reciente moda estética del G-shot. Se trata de una inyección de ácido hialurónico en el punto G para dotarle de mayor tamaño y así aumentar la potencia de los orgasmos provocados por esta área mágica y mítica que, según las leyendas, estaría situada unos tres o cuatro centímetros en el interior del conducto vaginal y formaría un 'eje' con el clítoris...

¿Existe el punto G?

La existencia del punto G se apoya en los testimonios de muchas mujeres que aseguran experimentar orgasmos en esta zona interior de la vagina, y fue propuesto por el fisiólogo y ginecólogo alemán Erns Grafënberg en los años 40 del pasado siglo. A principios de la década de los 80 fue recuperado y reivindicado por un emergente grupo de sexólogos y se dio origen a un debate que todavía no se ha cerrado. 

Imagen: ConsumoClaro

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No se han encontrado evidencias anatómicas del punto G y la zona apenas muestra terminaciones nerviosas que justifiquen los orgasmos que presuntamente provoca, pero se apunta a que su función no sería propiamente la de crear el orgasmo sino la de amplificarlo al coordinar el ritmo con el que toda la masa de tejidos adyacentes masajea el clítoris.

Sea como fuere, la creencia de que el G-shot mejora sensiblemente los orgasmos al aumentar el tejido de colágeno en el punto G se ha extendido, ayudada no solo por blogs de estética sino también por medios importantes. Hoy en día esta intervención se vende en muchos centros de estética también en España.

Tener una vagina siempre joven

Otra moda en estética vaginal es el vaginal tightening, o rejuvenecimiento vaginal, que se lleva a cabo mediante una intervención quirúrgica llamada vaginoplastia. Consiste en un reajuste de las dimensiones del conducto vaginal para hacerlo de nuevo más apretado, ya que con los partos y la edad, se amplía y por lo tanto hace perder sensibilidad a la penetración sexual. 

Imagen: ConsumoClaro

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La vaginoplastia consiste en un recorte de la piel exterior así como un estiramiento de los músculos vaginales, para que así su contracción sea más efectiva y mantenga el conducto más tonificado. También se promociona una intervención mediante láser que en lugar de acortar los músculos, estimula el crecimiento de epitelio interior del conducto vaginal, haciéndolo así más estrecho de una forma menos agresiva.

Finalmente, la industria cosmética también ha sabido sacar provecho del deseo de mantener una vagina eternamente joven con numerosos productos y cremas que en teoría tonifican el conducto y lo mantienen terso y prieto. Un ejemplo es el gel Shunga hol me tight o la crema Nanocare, pero hay muchos más productos que se recomiendan en numerosos blogs de belleza

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