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La actriz alemana Von Trotta opina que en el cine es necesaria una mirada femenina para equilibrar

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La actriz alemana Von Trotta opina que en el cine es necesaria una mirada femenina para equilibrar

La actriz alemana Von Trotta opina que en el cine es necesaria una mirada femenina para equilibrar

Considerada como directora emblemática de la corriente del nuevo cine alemán de la década del 70, surgida de un grupo de jóvenes interesado por el pasado de su país, Margarethe Von Trotta (Berlín, 1942) está convencida de que en el cine "es esencial que haya una mirada femenina para equilibrar".

En una entrevista con EFE, horas antes de recibir un homenaje en la Muestra de Cine Europeo Ciudad de Segovia, quien se hizo actriz como medio para llegar a la dirección lamenta que, aunque las mujeres sean mayoría, "en el cine hay pocas directoras".

Sin embargo, cree "esencial" esa mirada femenina y subraya que esta reflexión debería interesar a los hombres, "porque las mujeres ven las cosas de manera diferente, tienen otras prioridades, otros problemas, aportan algo distinto".

No se atreve a especificar esos puntos distintos, porque entiende que "cada mujer tiene una visión muy diferente de las cosas", además de poner como ejemplo de algunos directores al cineasta Ingmar Bergman, "que hacía películas fantásticas sobre mujeres".

Actriz con apenas 23 años, a esta figura del cine alemán le influyó el cine francés de los años 70 y, sobre todo, la obra de su padre, el pintor Alfred Roloff, lo que le impulsó a querer ser directora, pero no había mujeres en el "staff" del cine.

Entonces no era feminista, recuerda, mientras trataba de incorporarse al celuloide, como forma de expresión, "sin saber que no era políticamente correcto; entonces entendí lo que es ser mujer".

En los setenta empezó el movimiento feminista, se casó, dice que conoció a otras mujeres con los mismos problemas y empezó "a entender el feminismo", aclara.

Reconoce que en Europa se ha avanzado mucho en materia de igualdad, sin alcanzar la situación ideal, pero mejor que hace 30 años, mientras que le duele "profundamente cómo están de oprimidas algunas mujeres en el mundo".

A la directora de "Las hermanas alemanas", con la que recibió el León de Oro de Venecia, o "La calle de las rosa", Premio David de Donatello de la Academia de Cine Italiano, lo que más le oprime es "saber que no podemos ayudar a estas mujeres, sobre todo a las islámicas".

Von Trotta hace cine de autor, también escribe sus guiones y la experiencia como actriz le sirve para dirigir actores, pero no le gusta quedarse con ninguna de las más de quince cintas que ha realizado desde 1977. Prefiere fijarse en la próxima, que comenzará a rodar en 2015: "Es un reto, será una comedia sofisticada", avanza.

Cuando se habla de lo que se definió como nuevo cine alemán, que contó con figuras como Fassbinder, Schlöndorff, Werner Herzog y Wim Wenders, entre otros, Margarethe von Trotta habla de una misma generación, en los años cincuenta, que no tenía referencias de su pasado, del nacionalsocialismo.

Recuerda que, como otros jóvenes, este grupo "sentía que había algo terrible, pero no ignoraban lo que era, nadie les contaba, ni profesores ni padres, hasta que, con las rebeliones de estudiantes, en los sesenta, empezaron a hablar del tema".

Con la sonrisa en los labios, quien estuvo casada con el editor Jürgen Moeller, padre de su hijo, el cineasta Felix Moeller, y con el director Volker Schlöndorff, en segundas nupcias, comenta que "éramos como una pandilla de rebeldes, cada uno tenía su propio estilo, pero unidos por un pasado terrible".

Esto ha cambiado, añade, mientras que su generación estaba oprimida por el pasado y había que expresarlo, "a las nuevas les preocupa más lo inmediato, la caída del Muro de Berlín o las cosas de su vida privada".

Inquieta también por los recortes en la cultura, salvo en Francia a su juicio, Von Trotta se siente optimista en cuanto al futuro del cine europeo, "porque, cuando hay menos dinero, la gente tiene más prisa para expresarse y hace más esfuerzos, echa más imaginación".

Y no duda en reconocer que "son muy interesantes" producciones realizadas por hijos de inmigrantes nacidos en Europa, pero con raíces en otros lugares, como Turquía o África, porque tienen el valor de la "necesidad de expresarse, tienen algo urgente que expresar".

Aurelio Martín.

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