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Cultura & tecnología

Entrevista - Ana Santos Aramburo

"El empleado público es un ahorro importante frente al externalizado"

La directora general de la Biblioteca Nacional explica su modelo de gestión pública con el fin de paliar los problemas causados por las externalizaciones de los últimos años

La BNE ha reducido su presupuesto en un 44% en el último quinquenio y también han bajado las ayudas para la digitalización: "En cuanto a recursos económicos, de personal y tecnológicos  estamos bastante lejos de lo que tienen otras grandes bibliotecas europeas"

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Ana Santos Aramburo, directora general de la Biblioteca Nacional

Ana Santos Aramburo, directora general de la Biblioteca Nacional

Ana Santos Aramburo (Zaragoza, 1957) llegó al cargo de directora general de la Biblioteca Nacional en febrero de 2013 por decisión del secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle. Sustituyó, no sin cierta polémica, a Gloria Pérez-Salmerón, que había sido nombrada en 2010 por la exministra socialista Ángeles González-Sinde. Sin embargo, no era una desconocida en la casa. Funcionaria desde hace décadas, trabajó como directora cultural de la BNE entre 2003 y 2007 para ocupar después la dirección de la Biblioteca de la Universidad Complutense y la de Bibliotecas y Archivos del Ayuntamiento de Madrid. En un camino de ida y vuelta regresó a la centenaria institución donde se encontró con el problema de las externalizaciones y los ERE que ha intentado reconducir mediante una oferta pública de más de cien puestos de trabajo, aprobada este verano. Un caballo de batalla que le ha dado innumerables dolores de cabeza con el Ministerio de Hacienda.

Santos Aramburo tiene por delante otros obstáculos como  la reducción de presupuesto –casi a la mitad en cinco años- y la falta de ayudas para la digitalización del fondo. Quizá no sea ella quien los resuelva puesto que ahora se ha abierto un concurso público para elegir a un nuevo director en las próximas semanas. Ella confirma que se ha presentado. Y le gusta batallar. “Los domingos vienen mis dos hijos a comer a casa, están muy comprometidos políticamente, y tenemos constantes discusiones”, comenta como nota doméstica desde el despacho de la Biblioteca donde se celebra la entrevista. Igual con Hacienda la discusión no resulta tan placentera.   

En los últimos cinco años la Biblioteca Nacional ha visto recortado su presupuesto en un 44%. ¿Cómo se organiza una institución con la mitad del dinero?

Con un gran esfuerzo. Es mucho más difícil gestionar con poco y que los resultados sean buenos. Hemos adaptado los ingresos a los gastos. Miramos hasta el último euro, ya que esto es un presupuesto público que viene de los impuestos de todos los españoles, y debemos sacar la máxima rentabilidad de esa inversión. Es decir, se trata de lograr la máxima eficiencia. Y creo que los gestores públicos debemos hacer un ejercicio de responsabilidad ante la sociedad, especialmente en este momento. Los catálogos que tenemos ahora no son tan lujosos como los de antes, los montajes de las exposiciones tampoco tienen el lujo que antes podían tener, pero es todo muy digno, las exposiciones tienen mucho éxito… También tenemos ayudas. Muchas de las cosas las hacemos con la sociedad estatal Acción Cultural Española, la exposición de Cervantes y la de Cela las va a financiar Acción Cultural; también contamos con ayudas de algunos mecenas como el Centro de Estudios de Europa Hispánica, que este año nos ha financiaciado la colección de dibujos de Vicente Carducho.

Algunos mecenas, pero la tan traída Ley de Mecenazgo de la que tanto habló el PP al final ni siquiera llegó al Consejo de Ministros.

La ley de mecenazgo hubiera ayudado, sin duda. Pero hemos conseguido que la Biblioteca sea una institución de especial interés por lo que desgrava más lo que se invierte en esta institución que en otras. Con esto hemos conseguido que haya más donaciones patrimoniales. Cada vez hay más gente que nos viene a donar sus libros, manuscritos, archivos personales… de otra manera no los hubiéramos podido tener. El valor de los donativos patrimoniales en 2014 rondó el millón de euros. Es un valor económico importante, pero sobre todo patrimonial porque queda depositado en una institución pública que está al servicio de todos.

¿Por qué no ha salido esta ley cuando ha sido la más demandada desde todas instituciones culturales? ¿A usted le han dado alguna explicación?

Los caminos de la política son muy complejos y no te puedo dar una razón porque la desconozco. Supongo que Hacienda, que es el Ministerio que lo controla todo, habrá tenido sus razones…

¿En qué Liga estamos jugando con estos recortes? Me refiero a si estamos a la altura de la Biblioteca Nacional de Francia, la Británica…

Tenemos la suerte de que no hemos bajado de Liga en cuanto al valor patrimonial de la institución. Pero sí es cierto que en cuanto a recursos económicos, de personal y tecnológicos sí que estamos bastante lejos de lo que tienen otras grandes bibliotecas europeas, fundamentalmente las que están más cerca de nosotros. Esta es una reivindicación que hacemos desde la Biblioteca porque pensamos que tenemos que sentirnos muy orgullosos con esta institución que, patrimonialmente está muy reconocida, pero en cuanto a presupuestos deberíamos estar más apoyados.

Pero no sólo la Nacional, las autonómicas y municipales son las que peor han salido paradas en esta última legislatura. No tienen presupuesto para comprar novedades, no pueden recambiar los aparatos tecnológicos…

Sí, ha habido un descenso importante de los presupuestos para las bibliotecas. Y esto, el día que se sea consciente del valor que tienen las bibliotecas en la sociedad, espero que la asignación presupuestaria sea distinta. También es cierto que gestionar lo público no es fácil. Hace falta una habilidad del gestor y un conocimiento de herramientas de gestión para después dar un resultado. Con gestión, con menos presupuesto se puede hacer más. No todo es presupuesto. Pero esta gestión no es fácil hacerla. Estamos en el filo de la navaja gestionando siempre.

En este sentido, ¿ha reducido el gasto en la BNE?

Lo que hemos hecho es un esfuerzo por reducir el gasto. El descenso presupuestario ha sido tan brutal que si no, no hubiéramos podido funcionar. Hemos reducido en todo. En gastos de consumo, que era lo más fácil: la luz, teléfono… Y en la contratación también. Lo que son los grandes contratos con empresas de seguridad y mantenimiento hemos reducido mucho el porcentaje. Y se ha reducido también en la externalización, que ha sido nuestro caballo de batalla. Desde finales de los años noventa, en la Biblioteca se optó por el modelo de gestión basado en la externalización de los procesos y servicios básicos a los ciudadanos. Claro, cuando había el presupuesto que había se podía externalizar y esto es lo que algunos gestores hicieron. Llegó un momento en el que el personal externo duplicaba al personal de plantilla…

Y ahora usted ha ‘remunicipalizado’ a más de cien trabajadores que estaban de forma externa.

Lo que hemos hecho después de dos años de una pelea intensa es una oferta de empleo público, que son 101 plazas para poder sustituir parte de las tareas externalizadas por esos puestos de trabajo. Son puestos de acceso libre y promoción interna. De acceso libre porque hay que estabilizar el empleo, y sobre todo, para que la gente que empieza a trabajar tenga un sueldo digno que les permita vivir. Y de promoción interna porque la gente de plantilla necesita tener una carrera profesional y posibilidad de mejorar.

¿Sale más barato el puesto público que externo? Se lo digo porque es común que, para ahorrar costes, según algunos gestores, se externalicen las actividades. Y luego está el mantra del coste del funcionariado.

Respecto a lo que se hace en la Biblioteca, el empleado público frente a la externalización es un ahorro importante. Y no sólo hablamos de una cuestión económica, que también, sino que en una institución como esta debemos tener una plantilla especializada que no pierda ese conocimiento. Uno de los problemas del modelo de externalización es que se jubilan personas especializadas en aspectos muy concretos, como puede ser música, fondos patrimoniales, estampas, dibujos, grabados… Y no tenemos quién le sustituya porque durante años no se ha optado por un empleado público fijo y estable. Luego, estas empresas están en el azar de la adjudicación o no de contratos y cuando no tienen contratos hacen un ERE y echan a los empleados a la calle. Así que yo creo que una institución como la Biblioteca es un modelo que no se debía seguir manteniendo. Ahora hemos tenido el apoyo de Hacienda y tenemos la oferta de empleo aprobada.

Sí, pero su cabeza ha estado a punto de rodar por esta cuestión.

Ha sido mucha batalla, sí. Totalmente. Pero creo que era una batalla que había que dar. No significa que el 100% de la externalización podamos sustituirla, pero sí que significa cambiar hacia un modelo de gestión basado en lo público.

Hasta no hace mucho hubo denuncias precisamente por estos ERE de trabajadores externos que fueron a la calle después de años trabajando para la institución.

Yo he sufrido mucho con este tema. Pero parte de este sufrimiento lo he hecho mío y esto me ha ayudado a luchar con más fuerza por ellos, por su propia dignidad, la propia estabilidad de la institución… Me han hecho ver cosas que si no yo no hubiera visto… Y Hacienda me ha autorizado. Si lo ha hecho es porque ha apostado por este modelo de gestión.

Sí, pero permítame que le diga que este discurso choca mucho con el del Gobierno, y no sólo en materia cultural. Y usted fue nombrada con este Gobierno del PP en sustitución de Gloria Pérez-Salmerón.

Sí, puede ser. Pero son los mismos que lo han autorizado también. Hacienda nunca lo hubiera autorizado si no se hubiera visto que había una evaluación y planificación y conclusiones de que la BNE estaba sufriendo. Yo creo que la externalización no tiene por qué ser mala, pero, en instituciones como la nuestra, para tareas que empiezan y terminan. Por ejemplo, para el mantenimiento de las instalaciones, que no es inherente a la misión de la BNE. Pero para la misión concreta tienen que ser trabajadores públicos.

Hablemos de una misión concreta como la digitalización de fondos. Hace siete años, Telefónica subvencionó a la Biblioteca con diez millones de euros para la digitalización. La última partida que esta empresa ha puesto sobre la mesa es medio millón de euros para los próximos cuatro años. ¿Se va a parar la digitalización? ¿Cómo lo van a hacer?

Sí, Telefónica nos dio una ayuda muy importante con la que pudimos arrancar el proyecto, que tiene muchísimas visitas. El año pasado casi llegó a los cinco millones de descargas de documentos y esto ha permitido realizar importantes trabajos de investigación tanto en España como fuera. Por lo tanto, hay que seguir digitalizando. La reducción de la ayuda de Telefónica ha producido que ya no se pueda seguir con un proceso de digitalización masiva como es el que se hizo en esos primeros tres años. Pero lo que estamos haciendo ahora es reorganizar nuestro propio sistema interno de digitalización. Los escáneres que antes estaban separados en distintos departamentos se han unido en uno sólo [departamento] que nos permite seguir digitalizando. No al mismo ritmo que antes, pero sí de una manera continuada. Por ejemplo, estamos digitalizando la obra de autores que están en dominio público y por tanto están fuera de derechos… Vamos a digitalizar toda la colección cervantina. Hay cosas que no podemos, como el sonido, pero ahora vamos a hacer una digitalización de rollos de pianola y de cilindros de cera, los primeros soportes del sonido. Esto sí vamos a externalizarlo, pero tenemos dinero y lo podemos hacer.

En términos de digitalización, usted luchó por que se constituyera el Depósito Legal de títulos electrónicos.

Sí, en junio se aprobó el Real Decreto para regular el Depósito, que es la adaptación de la Biblioteca al momento actual. La Biblioteca lleva 300 años preservando los contenidos que se generan en España y ahora la mayoría, o una gran parte, son digitales. Una vez que el RD ya está aprobado aquí se van a depositar los libros electrónicos, las revistas electrónicas, los archivos digitales… Lo que está protegido por derechos de autor, sólo se  va a poder consultar aquí y lo que está libre también, y a va a seguir estando libre. Lo que vamos a hacer en términos digitales es, por ejemplo, recolectar todo lo que tiene que ver con las elecciones catalanas, y dentro de unos años cuando alguien vaya a investigar, acuda a estas fuentes. Ya lo hicimos con la abdicación de Juan Carlos I y las elecciones europeas. Es decir, con acontecimientos muy importantes para nuestra historia. Trabajamos también en colaboración con las Comunidades Autónomas para evitar que un proyecto se haga 17 veces porque no solo es una inversión económica, sino en conocimiento…  Y en todo esto también nos ha ayudado la BNE de Francia.

Por cierto, lo suyo fue un nombramiento, no llegó por concurso público. No sé si piensa que para estos cargos sería la forma más adecuada, también por el famoso Código de Buenas Prácticas.

Sí, lo mío fue un nombramiento de confianza del Secretario de Estado de Cultura [José María Lassalle]. Ahora va a haber un concurso público. Yo creo que esta institución merece que la dirija el mejor profesional. Es una institución que debe trascender los vaivenes políticos y debe tener una sensación de estabilidad de un proyecto sólido y con futuro. La ley prevé que se elija al director en un proceso abierto donde se garantice la participación y la idoneidad. El proceso se abrió el pasado mes de junio. Yo me he presentado y lo habrán hecho también otras personas. Ahora hay un comité de expertos que se va a reunir en los próximos días para decidir e informar sobre las candidaturas. Este informe irá al Real Patronato, que se va a constituir en breve, y será el que decida cuál es la persona más idónea.

¿Y cuándo se decidirá?

Cuando se reúna el Real Patronato. Será en las próximas semanas.

¿Qué balance de estos dos años al frente de la Biblioteca Nacional?

Mi balance es de unos años de mucha ilusión. Un trabajo muy intenso, pero muy gratificante. Me siento muy agradecida por haber tenido el privilegio de dirigir la Biblioteca Nacional.  Si el balance es positivo o negativo yo no lo debo decir. Lo deben decir tanto los trabajadores de la casa, que son para mí una voz muy autorizada, sobre todo aquellos que están en puestos cuya opinión no me llega a mí directamente. Lo deben de decir también los usuarios y luego los indicadores de gestión, que publicamos en la web. Y son buenos, han subido los préstamos, los carnés, las personas que vienen a las salas, todos los servicios digitales… Pero esto no significa que no haya cosas por mejorar. Hay muchísimo. Tenemos un plan estratégico a cinco años que es el que va a marcar el futuro. Hay que seguir un camino que para mí empezó con  la ley y con el real decreto.

 ¿Ha hablado con Cristóbal Montoro en algún momento?

Yo al ministro no le he visto directamente. Mis reuniones han sido con directores generales. Yo creo que cuando se intenta explicar las cosas desde el dato objetivo, desde un razonamiento lógico y desde un deseo de mejora, las cosas salen y se ven. Y se podrán autorizar o no, pero si todos tenemos el convencimiento de que las instituciones públicas hay que mejorarlas y se puede hacer, van mejorando, pero hace falta mucho compromiso público.

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