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Nihil Novo

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Asistimos en la últimas semanas a la publicación en estas páginas de unas reflexiones sobre la ciudad y sus cuitas por parte de Josep Sorribes, voz autorizada y solvente donde las haya. Su dilatada experiencia en la “sala de máquinas” del consistorio en aquellos años clave le dan una perspectiva y un caudal de experiencia que a veces se está echando en falta en estos nuevos tiempos, que han de resolver viejos problemas.

En secuencia bilingüe y quincenal ha recorrido lugares y asuntos que siempre han preocupado a la ciudadanía pues las autoridades competentes (in) nunca los han resuelto, y a base de preterirlos y dejarlos macerar se tornan en “problemas-paisaje”. Y digo “paisaje” porque están ahí desde los años 70, ya se han convertido en algo interiorizado por la población hasta el punto de aceptar resignadamente que la Huerta, el Centro histórico o el Marítimo Cabanyal, en realidad son así, como están (y cómo están) y que no se puede hacer casi nada... Como apenas había ni votantes ni dinero rápido a ganar en esos barrios faltaron los incentivos para la acción política.

Con el paso del tiempo y de políticos sin honra elegidos libremente estos “problemas paisaje” se convierten en carcinomas urbanos pendientes de extirpar o de tratar. El caso es que la inacción política interesada, la anestesia del dinero rápido, y la secular perspicacia del valenciano medio derivaron en un estado mental colectivo que ha permitido que en esta ciudad y en estas tierras se llegara a donde se ha llegado, y además sin rubor ni autocrítica alguna: Xé, qué bo!

Pero eso ya es el pasado. Ahora se trata de mirar hacia adelante, desde donde estamos. Y en cuanto se trata del conjunto de la ciudad de Valencia la primera impresión es la de una opción malograda: lo que podría ser y no es. Una ciudad encandilada por un clima que de tan benigno y pastueño parece artificialmente diseñado, que hace que las gentes del norte de Europa sigan viniendo y llegando aún cuando los fastos indecentes y los brillos infames (que propiciaron el saqueo general) hayan cesado. Pero una ciudad con unos “agujeros” tremendos, enumerados y tratados convenientemente por Sorribes.

Hay decenas de ciudades europeas que con muchos menos recursos y potencialidades presentan una cara mucho más atractiva que la nuestra. Que con mucho menos han conseguido que sea un orgullo y un goce vivir en esas urbes, que los visitantes miran con admiración, y que atraen a gentes civilizadas del mundo para visitar, estudiar, instalarse o incluso trabajar si se tiene suerte....

Produce algo distinto a la vergüenza tener que convencer a nadie a estas alturas de que peatonalizar, retirar coches, cerrar calles, “bicletear” la ciudad es lo que hay que hacer. Es melancolía, es desilusión, es tristeza: Decenas de ciudades lo han hecho desde hace décadas, y no se ha dado el caso de que ninguna haya vuelto a la barbarie de “una persona, un coche”.... Pero aquí se ha seguido la interesada anomalía y se ha potenciado el catetismo feroz. Siguen comerciantes y vecinos miopes resistiéndose a la obviedad, aún cuando serán ellos principales beneficiarios. Siguen reclamando el derecho a aparcar en la puerta junto con el de derribar paredes a cabezazos, que bien pensado ahorra muchos ansiolíticos....

¿Por qué Valencia no puede ser una ciudad europea normal? ¿Porqué se puede aparcar un coche en la mismísima puerta de la catedral, del mercado o del ayuntamiento? Puede serlo. A pesar de la verguenza que suponen el estado actual del Centro Histórico y del Cabanyal la ciudad tiene caras positivas, y en eso radica su potencial, en la suerte de que hay mucho aún por hacer. El potencial de una huerta urbana real es tremendo cuando en el resto de Europa la gente cultiva en las terrazas de sus casas en cajas de madera.

Estamos frente a una posibilidad, una opción que depende de cómo se enfrente la tarea. De momento en El Cabanyal la gente se ha organizado y está a punto de terminar el proceso de recoger, clasificar, priorizar y presentar las propuestas de los vecinos en un proceso de participación que se está desarrollando por primera vez de forma encomiable. Y a partir de ahí, a la acción, o mejor a supervisar la acción de los políticos.... De momento todos son parabienes y buenos deseos, pero la Administración se juega mucho en el Cabanyal. Se ha consolidado con razones un relato de resistencia al abuso y la barbarie de la autoridad muy reconfortante socialmente, y eso tiene una fuerza simbólica muy alta. Puede que actúe como garante de que se van a hacer cosas, y ahí es  donde se verá todo.  La gente va a estar pendiente.

Cuando habla Sorribes del futuro y de cómo nos ganaremos los garbanzos no se puede estar en desacuerdo con las propuestas, cargadas de lógica y trellat. A pesar de todo encuentro algo a faltar, y es el peso indiscutible del turismo y la hostelería en esta ciudad. Aunque no dispongamos de datos fiables el peso de estos sectores en el PIB de la ciudad está con seguridad muy por encima en cualquier comparación, y es de lo poco que se ha salvado. Pero ojo, que se ha transformado, ya no es lo que era, la combinación paleolítica de agencias, mayoristas, inserso y glamour que tango gusta por aquí ya se fue. Es otro tipo de visitantes los que nos interesan.

El conjunto de acontecimientos que los medios denominan geopolítica invita a pensar que varios millones de turistas norte europeos buscarán destinos más próximos y seguros. Nuestra ciudad ya tiene mucho hecho, mejor o peor, en una dirección muy concreta. Es hora de cambiar de formas y de contenidos. Recursos sobran, productos faltan para atender ese caudal de ingresos que es el turismo. La principal fuente de PIB en estas tierras, aunque algunos prefieran otra cosa.

La industria turística y las industrias culturales son posiblemente lo poco que ha quedado en pie que tenga un futuro decente, y podrían serían los principales ejes de intervención. El empuje local de los jóvenes cristaliza en las industrias de la creatividad y del diseño que podrían dejar de ser pura efervescencia para ser un motor económico y social, con el debido apoyo, claro. Hace falta renovar la forma de intervenir en estos sectores porque son otra cosa ya, que responden a otras lógicas, a otras inquietudes, a otras realidades.

Otra cosa Sr. Sorribes, me sorprende sobremanera leer que un jardín o zona verde “suena a militar y franquista”. El cauce del Turia ha sido lo mejor que le ha pasado a esta ciudad, pero no por el diseño, absolutamente prescindible, ni por sus tramos, ni por su “planificación”, sólo por la vida que permite: Jardines y Gente, no era tan difícil. Hagan más, por favor...

Luis Bellvís se graduó en economía, aunque de pequeño quería ser biólogo. Trabajó para grandes corporaciones globales del mundo del bussines, donde vio desde dentro cómo funciona esto. Después, durante una década, dio clases en varias universidades públicas y privadas, aquí y fuera de aquí. Tras alguna experiencia empresarial local actualmente observa la realidad desde fuera, pero a tiempo parcial, y como no engrasa los ejes lo llaman "abandonao"...

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