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El rojo más intenso del mundo

Soul Red Crystal, la pintura especial de Mazda, es un elemento más de diseño, encargado de enfatizar su característica línea

La tecnología Takumi-nuri permite trasladar a las máquinas una labor hasta ahora restringida al pintado a mano

El nuevo rojo de la marca japonesa logra reflejar un 20% más de brillo y un 50% más de profundidad

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El nuevo Mazda CX-5 durante el proceso de pintado.

El nuevo Mazda CX-5 durante el proceso de pintado.

Los prototipos que se muestran en cualquier cita automovilística acaparan todas las miradas, entre otras cosas, por su irresistible color brillante bajo los focos. Si además se trata de un tono vivo resulta imposible no girar la cabeza a su paso. Eso es precisamente lo que el especialista en diseño de Mazda, Keiichi Okamoto, se empeñó en conseguir con la pintura de serie.

Una tarea nada fácil de trasladar a las líneas de producción, puesto que los procesos que intervienen son precisamente los más delicados en lo referido a calidad de aplicación, tiempos de secado y potencial impacto en el medio ambiente. De hecho, cualquier avance debía de ser, de entrada, compatible con el método propio de Mazda, Aqua-tech, uno de los más limpios de la industria del automóvil.

Hacía falta una auténtica motivación para embarcarse en un proceso con impacto en proveedores, diseñadores, ingenieros y especialistas de producto. Y la evolución del concepto KODO, el alma del movimiento, aplicado a la carrocería de la segunda generación del todo camino CX-5 marcó la luz verde en el desarrollo del proyecto de pintura TAKUMI-NURI. Un diseño expresado con menos líneas, buscando encuentros más precisos entre las superficies pedía colores que se encargaran de enfatizarlos.

La filosofía TAKUMI-NURI

La tecnología Takumi-nuri permite convertir en mecánica una labor hasta ahora manual.

La tecnología Takumi-nuri permite convertir en mecánica una labor hasta ahora manual.

Un término que engloba en la cultura japonesa a todo lo que tiene que ver con la artesanía sirve perfectamente para describir cómo este proceso de pintado manual que se da en los coches de exposición se ha logrado trasladar a las máquinas en un proceso genuino.

El primer paso fue definir la tonalidad exacta del rojo. Okamoto observó entre diferentes ejercicios cómo la luz atravesaba una copa de cristal llena de líquido con distintos gradientes de rojo. El brillo y su profundidad evocaban algo a medio camino entre una piedra de rubí, y el magma de un volcán en erupción: ahí estaba el concepto.

Para trasladarlo a un tono exacto, otro equipo se encargó de convertirlo en valores numéricos que sirvieran para que los proveedores pudieran fabricar ese rojo particular. Pero es que, para poder trasladar a números esos valores de profundidad y reflejos, cambiantes según el ángulo de observación, se recurrió al material óptico que la agencia espacial japonesa utiliza para observar la superficie de la tierra desde satélites artificiales. Ciencia ficción solamente para escribir la carta a los reyes magos.

Traducido a pintura de verdad, la observación de decenas de muestras con el mismo material de análisis puso al descubierto un curioso efecto: a mayor profundidad de rojo, mayor cantidad de halos azulados aparecían a simple vista. Un efecto óptico que se corrigió con un formulado de pintura específico, casualmente, alineado con el argumento de diseño del CX-5: menos es más. Sin mezclar, la base de rojo resultaba perfecta.

Ahora tocaba hacerlo brillar, y en eso el ingeniero Koji Teramoto tenía un caso de éxito en su expediente: introducir partículas de aluminio al penúltimo color exclusivo de Mazda, el Machine Grey. Una composición de tres capas (base de color, polvo de aluminio y laca brillante) que sin embargo no funcionó en un primer momento con el rojo: hacía falta una base oscura adicional, y esto añadía una pasada adicional en la aplicación de la pintura. Más material, mayor impacto de residuo y menor disponibilidad para los clientes obligaban a replantear la situación. Y de nuevo, la solución llegó por la vía tecnológica de Mazda: trabajar sobre la capa de partículas de aluminio.

El Soul Crystal Red cuenta con hasta cuatro capas de pintura: base de color, polvo de aluminio, base oscura y laca brillante.

El Soul Crystal Red cuenta con hasta cuatro capas de pintura: base de color, polvo de aluminio, base oscura y laca brillante.

Ordenadas de forma que la mitad brillan y la otra mitad absorben la luz, el Soul Crystal Red tiene la increíble capacidad de hacer destacar algunas superficies al mismo tiempo que marca las líneas o suaviza otros paneles con la sola acción de la luz. Un ejercicio sofisticado que merece la pena contemplar al natural, y que sitúa de nuevo a la marca japonesa en el lugar donde el respeto a la tradición, la tecnología, el diseño y el ser humano, se encuentran. “El mejor color rojo del mundo, desarrollado con tecnología 100% japonesa”, en palabras de Teramoto.

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