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EXTREMADURA

El calentón online que lleva a Pizarro ante el juez

"Y Gutiérrez, que sabe latín y cómo poner a Pizarro de los nervios, pues como que se percató de lo realmente dicho por el alcalde, seguramente en un momento de calentón".

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Plaza, Mayor, Plasencia

Plaza Mayor de Plasencia / G. M.

Es lo que tiene estar a todo. A   Facebook, a   Twitter y a responder en los medios a toda  prisa. Pasa más, si se trata de un   político sin un  community manager que le administre y  atempere. Ya sabemos que los   calentones no son buenos para nada. Ni en la  juventud. Ni en los  coches. Ni en los políticos. Y que traen, a menudo,  consecuencias poco agradables. 

Unos levantan dolor de salvas sean   las partes; otros causan estragos en el  bolsillo; y los últimos, más de un  quebradero de cabeza sin buscarlo. Es lo que le ha pasado al alcalde de   Plasencia, Fernando  Pizarro, del   PP, que la otra mañana estaba citado ante  el juez. No por nada de  corrupción, fraudes a   Hacienda, prevaricaciones,  falsedades documentales,  cohechos, ni cosas por  el estilo. Qué va. Ha sido por un simple  tuit y un mensaje en Facebook. Más unas   complementarias declaraciones. Acaso, porque  140 caracteres son coto más que insuficiente para su fluido verbo.

La  historia arranca después de que   Pizarro responsabilizara en las  redessociales al polémico presidente de la Asociación de   Vecinos Zona  Centro, Julián   Gutiérrez, de tener que  cerrar los bares de copas de esa  zona a la hora que marca la   ley que, la verdad, es tirando a  pronto. Lo dijo en respuesta a la  petición que le habían hecho -vía redes sociales imagino- de dar más   vidilla y un poco de   flexibilidad a la normativa. Y Gutiérrez, que sabe  latín y cómo poner a   Pizarro de los  nervios, pues como que se  percató de lo realmente dicho por  el alcalde, seguramente en un momento de  calentón. El presidente vecinal cayó en que la responsabilidad del cierre de los locales  nocturnos no era cosa suya, sino de   la autoridad, como recordó a la salida del  juzgado. Y que el señor  alcalde se la achacaba a él   públicamente. Y entendió que le ponía como el   malo de la película.

Herido en su   honor, (18.000 euros pide a   Pizarro como  indemnización por atentar contra su  dignidad) presentó una   denuncia que dio paso a la demanda para celebrar acto de   conciliación en el Juzgado número 4 de Plasencia. Pero Pizarro no le ha dado el  gusto de verle acudir ante el juez. Es una  opción legal, ya que puede ser representado por  abogado. Así lo hizo. Tampoco dio el placer a  Gutiérrez de verle tener que hacer el  paseíllo en la entrada de los   juzgados para declarar ante su  señoría y quedar  inmortalizado por los medios. Debe ser la única   foto que ningún político quiera, por mucho  Instagram, Facebook y Twitter en que les guste salir retratado. Menos aún en las   fechas que estamos.

El alcalde de   Plasencia ha negado la mayor. Dijo el  presidente vecinal, al término del acto, que no se aviene a la   demanda, no reconoce las declaraciones, no pide   perdón y no considera que  haya causado   daño personal. Tampoco  le consta a   Pizarro conocerle, ni que sea   presidente de la entidad que preside,   registrada y con la que se ha reunido. Y este es todo el   misterio de este   enredo que ha acabado en los  tribunales. Por si no tuvieran ya poco trabajo.

Bien es cierto, que los  ciudadanos no son los  responsables del horario de cierre de los bares. Lo son la  Junta de Extremadura, que lo fija, y los ayuntamientos que lo deben hacer  cumplir. A través de la  Policía Local en Plasencia. Intentar cargar la  responsabilidad contra un   vecino, por mucho que   proteste, sea más  molesto a la autoridad que una  mosca cojonera y ataque el sistema nervioso   simpático y  parasimpático de Pizarro, no es plan. En definitiva, lo que se pone de manifiesto es el  peligro de la  trascendenciade lo que hay en las  redes sociales.

Resulta extraño en un  político políticamente  correctísimo como Pizarro. Ahora,  el juez decidirá si la demanda sigue  adelante. Que es que sí, pues a pagar   tasas, procuradores y abogados. Cada cual lo suyo. Que dice que no,  pelillos a la mar. Bueno... ya veremos. Hasta que se produzca otra   tormenta, como ésta, en un  vaso de agua. O en   Twitter.

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