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Cuando Mariano besó a Viri

En la celebración de la victoria del PP en Génova, Mariano Rajoy besa en la boca a su mujer, Viri, y, si le dejasen, a los ocho millones que le han votado

La multitud pepera está tan absorta en su propia alegría que ya se siente justificada para olvidar la corrupción, los recortes o la versión salsera de su himno

Cuando las televisiones me enfocan, veo claramente que me va a caer tal panzada de palos que voy a tener que beber con pajitas hasta las próximas elecciones

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Mariano Rajoy acerca sus labios a los de su mujer Viri y, de paso, a los de los casi ocho millones de votos que le han dado la victoria en las elecciones. Pienso en esa humedad compartida, en ese beso, en ese instante íntimo ante la multitud que me rodea en la calle Génova. ¿Se habrán tocado lengua?

- Oye, ¿podremos gritar “¡rojos fuera!”?

Se lo preguntan dos postadolescentes que se dirigen a la sede del PP a celebrar la victoria de su partido. En general, lo que me encuentro son los típicos jovenzuelos de la calle Serrano de Madrid o de las calles buenas de cualquier ciudad española. Son “pequeños nicolases” y se les nota felices porque van a poder salir de copas en domingo. También hay señoras y señores de derechas de toda la vida. Solo echo de menos a alguna monja, quizá no hayan venido porque mañana temprano les toca hacer pastas sea quien sea el presidente.

Unos compañeros me reconocen y sueltan en voz alta:

- ¿Eres de Mongolia?

No. No. No. No me jodas. No soy ese: ese jamás estaría rodeado de chavales de derechas con ganas de hostiar a un tipo de una revista satírica de izquierdas. Me salva de la paliza que todos a mi vera están muy contentos y no prestan más atención que a su propia alegría: se les desborda el corazón por poder seguir trabajando para que la capital de España no sea Caracas. Los creadores de juntapopular.es, una guerrilla de locos, han hecho carteles contra el PP pero que no lo parecen. La gente los coge hasta que alguien avisa: “no son oficiales”, como si fuesen camisetas del Madrid. En cambio, yo soy feliz de sacarme una foto con una imagen bucólica de nuestro presidente.

Selfie. Celebración del PP en la calle de Génova.

Pedro Sánchez vino una de nuestras charlas de “Mongolia habla con” y dijo, con dos cojones, “Mariano Rajoy es historia”. Le tuve que corregir porque esa idea me toca los huevos. El 26J se ha comprobado que lo de que Mariano sea historia es una leyenda urbana del mismo nivel que la que afirma que el presidente es gay. Rajoy sobreviviría a un holocausto nuclear junto a otros artrópodos de los que caminan tan rápido como él. Al final el que sí puede ser historia, incluso mañana mismo, se llama Pedro Sánchez.

Desde abajo, la sede del PP parece 13 Rue del Percebe: en los diferentes pisos van apareciendo cabezas y hay varios que se me parecen a Rato, o a Bárcenas, o a Granados, o a Hernández Mancha. Mientras la chavalada canta “Yo soy español” noto que ya se les han olvidado. Moragas se asoma antes de tiempo al balcón, sobreexcitado, y se hace evidente que se sienten legitimados por sus ocho millones de votos al olvido de la corrupción, de los recortes, de la versión salsera de su himno. “Con todo lo que se sabe, muchos volverán a ser votados y habrá que admitir que somos un país de mierda”, declaró hace poco el actor Pepe Sacristán. Unos manifestantes de izquierdas gritan a la multitud jubilosa: “¡Sois cómplices! ¡Sois cómplices!”. Están bien protegidos por la policía pero me da miedo de que les caiga una hostia tan grande como la que me puede caer a mi. En la tele las cámaras me enfocan: estoy en primera fila y mi whatsapp empieza a echar humo de amigos que me ofrecen hasta un helicóptero para salir de ahí.

Foto tele. Celebración del PP en la calle de Génova.

Ahora la sede del PP se me parece a la Estrella de la Muerte aparcando. Sale Mariano y es recibido como un héroe. Caminando rápido ha asegurado los pueblos y ha machacado a Pedro y a Pablo. No me imagino a nadie más vacío que pueda aguantar más. Cuando nos despertemos, Mariano todavía estará ahí. Dice sus típicas mierdas que ya he escuchado en campaña y solo me fijo en que, a la izquierda, está Jorge Fernández Díaz semioculto en la oscuridad. Parece de cera, de estos humanos de ultraderecha moderada que les pones un pábilo en el centro de la cabeza, lo enciendes, colocas un mantel encima y puedes montarte una cena romántica con tu pareja. Otro que me fascina es Arenas, que está en plan de gordura morena y tiene una papada que le forma un segundo mentón. Me gustaría saber de qué hablará la papada de Arenas con su mentón. ¿Del tiempo? ¿De que, por fin, el PP ha ganado en Andalucía?

Foto cerveza. Celebración del PP en la calle de Génova.

Al menos llegan las cervezas cuando Mariano, feliz, suelta su típico “Hemos ganao”. Los populares están muy contentos pero yo ando un poco jodido.

“Heart of apocalypse. Darkness now”.

A partir de una idea del ensayo “The Horror! The Horror!” de mi amigo Vicente Domínguez, mi camiseta juega con los títulos de la novela de Conrad y de la película de Coppola. Son remezclables, como la sensación que tengo. Me gustaría probar a besar a Viri como hizo Rajoy para ver si se me quita.

Foto final. Celebración del PP en la calle de Génova.
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