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El primer invento español con pinta de robot era un intrusivo 'androide anuncio'

En 1933, un oficial de telégrafos y un perito de Jaén solicitaron una patente por un "muñeco mecánico publicitario" semejante a los robots humanoides que empezaron a aparecer en esa época. Equipado con un altavoz, un gramófono o unas luces, el armazón albergaría a una persona en su interior. Un original invento para que los anuncios fueran escuchados "forzosamente por la gran masa pública". 

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Imágenes de la patente del "muñeco mecánico publicitario" de 1933

Imágenes de la patente del "muñeco mecánico publicitario" de 1933

“Un muñeco mecánico publicitario, aplicable a toda clase de publicidad, constituido esencialmente por un armazón esterior articulado, de aluminio [...] que constituye el muñeco, y una instalación especial inferior formada por aparatos y útiles conocidos”. En 1933, dos jienenses presentaron una patente de invención para proteger una idea con la que pensaban revolucionar la propaganda.

El oficial técnico de telégrafos Juan José Pérez y el perito Andrés López se habían percatado, ya en aquella época, de que había “una gran mayoría refractaria a toda clase de publicidad”, según consta en el documento al que ha tenido acceso HojaDeRouter.com. Así, se les ocurrió crear un “original muñeco mecánico” para que los anuncios fueran oídos “forzosamente por la gran masa pública y no a voluntad”

El dúo andaluz no planeaba que su creación, con apariencia de un imponente robot humanoide, amedrentara a los viandantes para conseguirlo. Una persona debía enfundarse en este traje de aluminio, cual Kenny Baker en los primeros R2-D2, y “accionarlo, andando a paso lento, moviendo los brazos, girando la cabeza, emitiendo música o historietas y anunciando a viva voz”. El traje no incluía un sistema de síntesis de voz, pero las proclamas del hombre anuncio se escucharían gracias a “ un altavoz electrodinámico” para que el sonido saliera por debajo de la cabeza del muñeco.

Un gramófono para emitir música un invento nacido en 1890 para reproducir discos pregrabrados—, un timbre eléctrico, una bocina, además de una batería de acumuladores y una serie de interruptores dispuestos según las detalladas instrucciones de la patente formaban parte del arsenal tecnológico del muñeco mecánico publicitario. También llevaba cuatro bombillas en la pechera, un buzón en la parte delantera para la correspondencia y los folletos o un reloj esférico luminoso en la espalda “para fijar la atención del público”.

Aunque no actuara realmente como un autómata, el simple hecho de que dos españoles diseñaran en aquella época un primitivo armazón con tecnología semejante a la de los primeros androides ha hecho que la Oficina Española Española de Patentes y Marcas (OEPM) haya otorgado reconocimiento a este hombre anuncio de Jaén. Su Museo Virtual le ha hecho un hueco en su galería dedicada a las patentes curiosas, aludiendo a su semejanza con los primeros robots humanoides.

Del muñeco mecánico al robot

El muñeco integraría un gramófono o un altavoz para llamar la atención

El muñeco integraría un gramófono o un altavoz para llamar la atención

“La Humanidad futura será de muñecos mecánicos, o autómatas —el robot u hombre dirigido—, incapaces de producir la espontaneidad de un pensamiento, como no les sea sugerido, a manera de los cerebros electrónicos, poderosas máquinas capaces de resolver problemas matemáticos, pero incapaces de generar la más sencilla idea original”.

El miedo a los robots no es tan moderno como podríamos creer. En 1954,  'La Vanguardia' se expresaba en esos términos para explicar el significado de la obra del teatro R.U.R. (‘Robots universales Rossum’) escrita por el checo Karel Čapek.

Basándose en el término ‘robota’ (trabajo), el escritor centroeuropeo ideó la palabra ‘robot'  para describir a los androides de su obra. Estrenada en 1921, contaba la historia de una empresa que fabricaba humanoides para ser esclavizados. La palabra, “hoy tan vulgarizada en todo el mundo”, según el artículo de ese periódico, comenzó a utilizarse en inglés poco después.

Eso sí, al igual que los padres de ese hombre anuncio de apariencia robótica, en España se utilizaba con frecuencia el término "muñeco" para referirse a los primeros autómatas. De hecho, Francisco Sanz llamaba “muñecarros” a la treintena de robots que formaban parte de su sorprendente compañía de teatro a principios del siglo XX.

‘La Actualidad. Revista Mundial de Información Gráfica’ dedicaba un artículo a los “muñecos mecánicos”, juguetes dotados de cierto movimiento creados en una fábrica de París, ya en 1906. ‘Hojas Selectas’, una revista mensual, también dedicaba por aquellas fechas un artículo al “hombre artificial”: un “muñeco mecánico” que su creador alemán bautizó como “el caballero Enigmarela” y que caminaba, montaba en bicicleta e incluso escribía su nombre gracias a su construcción “extremo complicadísima”.

El caballero Enigmarela construido por un alemán a principios del siglo XX

El caballero Enigmarela construido por un alemán a principios del siglo XX

De hecho, el semanario de cine ‘Popular Film’ también calificaba como “muñeco mecánico” a María, la malvada ginoide que protagonizó ‘Metrópolis’ (Fritz Lang, 1927). Era uno de los primeros robots que aparecía en una película, y gracias a ello, la cinta fue considerada como una obra maestra ya en aquella época. 

Así que, al igual que la actriz Brigitte Helm se hacía pasar por un robot en ese film, un hombre podía transformarse en un autómata siguiendo las instrucciones de la solicitud de patente del muñeco mecánico publicitario. El buscador histórico de la OEPM recoge otra patente de muñeco mecánico por aquellas fechas (solicitada por un artesano en 1929, destinada al “entrenamiento de boxeo”), además de otra solicitud de “un nuevo juguete mecánico que representa un muñeco tocando un tambor” de 1932. En realidad  se registraron muchas otras patentes para la construcción de autómatas, aunque el primer invento que incluye el término "robot" en el título de la solicitud data ya de 1963, según el buscador de la OEPM.

No obstante, la oficina ha reconocido la originalidad de ese muñeco publicitario, semejante tanto a la María ideada por el director austriaco y su esposa Thea von Harbou como a otros robots de toscas formas que sí merecían ese nombre por aquella época. En Reino Unido, el capitán y periodista William Richards y el ingeniero Alan Herbert Reffell, idearon a Eric el Robot. Capaz de andar y mover sus brazos torpemente, fue presentado en un evento de 1928 y es considerado el primer robot de Reino Unido. 

Hace unos meses, el Museo de las Ciencias de Londres recaudó más de 50.000 libras (57.000 euros) en Kickstarter para crear una réplica de Eric, que ahora puede contemplarse en la exposición dedicada a los 500 años de robots humanoides que acoge el museo y que recorrerá el mundo en los próximos años.

En 1927, R.J. Wensley, ingeniero de la compañía estadounidense Westinghouse Electric, patentó el controlador y supervisor de Televox, un humanoide que se podía manejar por “control remoto” y que llegaría a responder a una voz humana. Aquella empresa fabricó muchos otros robots: en 1939, presentaron en la Feria Mundial de Nueva York a Elektro, un gigantesco humanoide que se fumó un cigarrillo delante de los asistentes y que incluso iba acompañado de un cariñoso perro robótico, Sparko, que pereció tras ser atropellado.

Aunque se desconoce si el oficial técnico de telégrafos y el perito de Jaén sabían de la existencia de todos estos desarrollos, lo cierto es que sus creadores ya hablaban del porvenir en la solicitud de patente de su armazón exterior, diseñado “a semejanza de la forma humana”. Planteaban como posible variación que adoptara la de “un dibujo futurista”.

Televox, el robot de Westinghouse Electric en los años 20

Televox, el robot de Westinghouse Electric en los años 20

¿Un antecedente del ‘spam’?

Los planos recogidos en la patente del muñeco mecánico publicitario también muestran que, además de ensordecer a los vecinos, la estructura llevaría publicidad encima. 'ABC' podría anunciarse en la cabeza, el diario 'Ahora' en el brazo derecho, el Petróleo Gal (un producto para cuidar el cabello) en la pierna y la madrileña relojería Coppel en la espalda.

“Hemos ideado nuestro original muñeco mecánico, para que mediante él se pueda alcanzar una publicidad amplia, máxima, que , por medio de una nutrida red de muñecos mecánicos, se propague a la vez una marca o artículo en los diferentes puntos de un país”. Previamente a la llegada de la televisión y mucho antes de la creación de internet, los padres de este hombre de hojalata parecían incluso predecir el ‘spam’ que hoy en día nos llega por correo electrónico y redes sociales.

El hombre-anuncio llevaría un reloj para llamar la atención

El hombre anuncio llevaría un reloj para llamar la atención

No obstante, la patente del original muñeco mecánico publicitario se denegó en su día, siguiendo el Estatuto de la Propiedad Industrial de 1929, por lo que solo la conserva el Archivo Histórico de la OEPM, según nos informan desde esta institución. Pese a ello, cabe reconocer la originalidad del invento.

En 1950, casi dos décadas después, un muñeco mecánico presentado en una exposición de Múnich protagonizaba la portada del diario 'ABC'. El público miraba con asombro al “vendedor de periódicos” del futuro, que, al igual que el de Jaén, disponía de una ranura. Echando una moneda, voceaba las noticias más importantes del día a través de discos gramofónicos.

Mientras tanto, la creación de estos dos jienenses ha quedado inmortalizada en la galería de patentes curiosas de la OEPM, junto a otros inventos tan originales como un fotomatón antropomórfico similar a un fraile de 1891, una muñeca patinadora de la fábrica Tilfanny o una silla cama apodada el Perezoso Ideal de 1916. Multitud de inventos curiosos, como este 'androide anuncio’, se esconden en las estanterías virtuales de ese museo de patentes.

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Las fotografías 1, 2 y 5 son propiedad del“Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Oficina Española de Patentes y Marcas. Archivo. Fondo  Histórico. Exp. Patente número 132292. 

La fotografía 3 es de Wikimedia Commons. 

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