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Análisis Dragon Age: Inquistion, un regreso por todo lo alto

Tras el éxito de la primera entrega, y las dudas que generó la segunda parte, Bioware podía sentir la presión de los fans de su saga exigiendo una secuela a la altura. Tenían una importante responsabilidad entre manos, pero con esta nueva obra, que nadie dude que se ha cumplido con las expectativas.

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Dragon Age Inquisition

Dragon Age es sin duda uno de los principales exponentes de un género tal popular como los RPGs, y no precisamente por ofrecer una propuesta conservadora. El enorme éxito que cosechó Dragon Age Origins fue precisamente por renovar un estilo que juego que por aquel entonces tendía a la acción directa y en solitario, y sustituirlo por un sistema que nos permitía controlar a un grupo entero de personajes para aumentar el componente táctico de los combates, mientras indagábamos sobre sus historias y sus motivaciones.

La segunda parte, aunque siguió la estela de Origins, acumuló duras críticas por parte de la comunidad de fans por sus bajas aspiraciones y su propuesta “suavizada” para adaptar la franquicia a consolas. Pero como se suele decir, de la experiencia se aprende y Bioware además de entonar el mea culpa, decidió dar crédito a todo aquello que sus seguidores le reclamaban para devolver a la saga al lugar que le corresponde.

Dragon Age: Inquisition cumple con lo prometido, dejando de lado los acontecimientos y conflictos locales de la segunda entrega para volver a ofrecer una aventura épica de mayor alcance y trascendencia en el fantástico universo creado por la compañía canadiense.

Puede que los primeros compases del juego puedan resultar un tanto descorazonadores, sobre todo al ver cómo nos introducimos bruscamente en una trama que parece reciclada de otros tantos juegos del género. Apenas pestañeamos y ya nos vemos inmersos en la piel del típico don nadie que sin comerlo ni beberlo se convierte en elegido de turno llamado a solucionar todos los males y amenazas que se ciernen sobre su mundo.

Las primeras secuencias de acción tampoco llaman al optimismo y nos veremos lanzando algún que otro hechizo genérico y golpeando toscamente con nuestro limitado repertorio de habilidades a unos enemigos igualmente insulsos. Pero ya sabéis que rara vez un RPG cautiva por sus primeros minutos de juego.

Afortunadamente, Dragon Age: Inquistion mejora progresivamente, sin prisa pero sin pausa, hasta llegar al punto en el que hace estallar en la cara a los más escépticos su enorme cantidad de virtudes. A medida que avanzamos en la aventura, comenzaremos a vislumbrar todo aquello que no dejaba ver su precipitado comienzo, centrando todo su atractivo en los principales aspectos que consiguen apasionar a cualquier aficionado del género.

Dragon Age Inquisition

Una narrativa de ensueño

Toda gran historia, sobre todo aquellas que cuentan con una importante carga narrativa, necesita un buen trasfondo, y en este sentido la saga Dragon Age desborda cualquier tipo de expectativa. Lejos de centrarse en algunos de los estereotipos más habituales, el universo de esta saga tira por sus propios derroteros para explicarnos la compleja situación que vive Thedas. Humanos enfrentados entre sí, magos rebeldes amenazando su estilo de vida, templarios queriendo acabar con ellos y unos elfos marginados muy alejados de la elegancia y la distinción que nos trasmiten obras como las de J.R.R. Tolkien.

Esta tercera entrega recupera toda la riqueza de las anteriores entregas, con sus conflictos, sus luchas de poder, y la amenaza en forma de demonios que se cierne desde el otro lado del Velo, la barrera que separa al mundo físico del espiritual.

En realidad, todos los elementos y situaciones pueden resultar demasiado cotidianas para todos aquellos que ya jugaran a las entregas anteriores, pero lo cierto es que Inquisition consigue conducir de forma magistral todos estos acontecimientos a través de un argumento que supera al de sus antecesores y unos diálogos incluso más profundos que de costumbre.

Siguiendo con su seña de identidad, Bioware sacrifica la cantidad y espectacularidad de las secuencias cinematográficas en favor de conversaciones que ayudan a meterse igualmente en situación y dar vida y propósito a todas nuestras acciones. Tendremos horas y horas de diálogos, pero a diferencia de otros tantos juegos de su clase, rara vez tendremos ganas de saltarnos una sola conversación para volver a la acción. Apenas hay momentos durante la aventura donde percibamos que nos estamos tragando una historia “de relleno”, al contrario, el juego invita a profundizar en todos y cada uno de sus personajes principales y secundarios, porque todos ellos parecen tener siempre algo interesante que contar.

Más allá del interés que pueda despertar la historia de fondo, cada conversación nos da pie a tomar ciertas decisiones que afectan de forma real y palpable tanto al desarrollo de la propia conversación, como acontecimientos futuros, o al propio desarrollo de nuestra aventura. Dragon Age: Inquisition sobresale en este aspecto y gran parte de nuestras decisiones tienen una enorme trascendencia, algo que muchos prometen, pero que muy pocos cumplen.

Esta virtud del juego se ve aderezada por un sistema de relaciones entre personajes más elaborado que nunca, y nuestras decisiones afectan directamente a su comportamiento. Viviremos momentos de camaradería, enfrentamientos, y secuencias tan dramáticas como emotivas. Incluso podremos mantener una relación sentimental perfectamente creíble, porque aquí no hay romances gratuitos, si queremos meter a una bella damisela (o un fornido soldado según el caso) en nuestra cama, tendremos que preparar el terreno y trabajar nuestra relación emocional para culminar en el ansiado intercambio de fluidos.

Dragon Age Inquisition

Todo un mundo por explorar

El segundo gran atractivo de Dragon Age Inquisition es sin lugar a dudas su gigantesco escenario de juego. Aunque comenzaremos visitando algunas zonas concretas, no tardaremos en empezar a recorrer libremente cada una de las enormes regiones a las que tenemos acceso. Explorar cada rincón del escenario es una labor que nos puede llevar muchas horas, e independientemente del tiempo que dediquemos a realizar misiones secundarias y demás tareas paralelas a la trama principal, siempre tendremos la sensación de que nos faltan muchos lugares por descubrir.

El mero hecho de viajar por el mundo creado Bioware es una auténtica delicia, y tanto si vamos a una zona donde crece algún tipo de planta útil para nuestras pociones, o buscamos lugares donde establecer un nuevo campamento, siempre tendremos algún momento para pararnos y disfrutar de las vistas y de nuestro entorno.

Frondosos bosques, litorales con imponentes acantilados, paisajes de alta montaña o abrasantes desiertos, da igual la región en la que nos encontremos, que todas ellas invitan a que pisemos cada metro cuadrado disponible a pie o a lomos de nuestro caballo, que siempre encontraremos algún lugar de interés donde conseguir alguna jugosa recompensa.

Quizás la única pega que se puede poner es el control de los personajes, que a veces entorpecen nuestra exploración con algunas importantes muestras de torpeza en sus movimientos, sobre todo el lugares escarpados.

Dragon Age Inquisition

El combate

Como ya sabréis, la propuesta de cualquier Dragon Age va más allá de explorar el mundo y dialogar con nuestros compañeros y enemigos. El combate y la forma de plantear cada enfrentamiento es una parte importante de la experiencia, y con esta tercera entrega, se ha depurado para ofrecer un sistema equilibrado entre acción y estrategia, aunque por desgracia, también cuenta con algunas pegas importantes.

Siguiendo con la costumbre, cada vez que nos enfrentemos a uno o varios enemigos, tendremos la posibilidad de controlar a cualquier personaje a nuestro antojo, combatiendo en tercera persona y utilizando de primera mano las habilidades de cada uno de ellos. La ya famosa pausa táctica sigue presente, con algunos añadidos interesantes como la posibilidad de adelantar el tiempo para evitar tener que pausar el combate una y otra vez para dar órdenes consecutivas.

El sistema en sí funciona perfectamente, y se ofrece la libertad de librar cada enfrentamiento haciendo que predomine la acción, o favoreciendo la estrategia para que reine la coordinación entre nuestros personajes. Por desgracia, aquellos que valoren más ese enfoque estratégico, pueden sentirse un tanto decepcionados, porque apenas es necesario recurrir a la pausa táctica salvo que lo hagamos por amor al arte. En Origins era un aspecto del juego imprescindible debido a lo desafiante que resultaban muchos de los combates, pero en Inquisition, resulta especialmente efectivo establecer unas reglas de comportamiento para los personajes controlados por la IA mientras nos dedicamos a ensartar enemigos con un único personaje.

Es cierto que a medida que progresamos y contamos con nuevas acciones y habilidades, resulta cada vez más indispensable recurrir a la pausa para poner orden, pero el esfuerzo no siempre se ve recompensado con mejores resultados.

Es un problema que se ve solventado en los niveles de dificultad más altos, donde tendremos que racionar nuestros recursos y recurrir a un correcto posicionamiento de nuestros personajes durante la batalla, pero los veteranos aun así echarán en falta ese mayor enfoque táctico que ofrecía la serie en sus orígenes.

A pesar de todo, y aunque la primera impresión pueda resultar decepcionante, el combate acaba resultando plenamente satisfactorio en momentos avanzados de la aventura.

Dragon Age Inquisition

Un RPG en toda regla

El sistema de progresión, santo y seña de cualquier juego de rol que se precie, es otra de las grandes virtudes de Dragon Age Inquisition. Los árboles de habilidad, sin ser demasiado extensos, nos permiten diversificar y especializar a los personajes a nuestro antojo, aportando habilidades y perfiles completamente diferentes aunque tengamos personajes de una misma clase en nuestro grupo.

Pero el sistema de progresión no sólo se centra en nuestros personajes, porque aparte de los habituales aumentos de nivel de cada uno de ellos, también tendremos que tener en cuenta nuestro “poder” para ganar acceso a nuevas misiones y regiones del mapa. Es una mecánica que va en línea con el argumento del juego, ya que la Inquisición a la que pertenecemos, tendrá que ganar influencia a base de misiones, decisiones y relaciones diplomáticas, lo que nos llevará a nuevos giros argumentales e incluso a establecer nuestra propia fortaleza, que por cierto nos permite personalizar hasta su decoración.

También contaremos con un sistema de crafting que sabe recompensarnos por conseguir algunos valiosos materiales para fabricar armas y armaduras que bien podrían considerarse piezas de coleccionista. Cada tipo de material nos permite además crear equipo con distintos beneficios, ya sea a la hora de fabricar el propio objeto o al mejorarlo posteriormente con accesorios adicionales. Es un sistema completo, complejo y con infinidad de variantes y atributos, algo que en los niveles de dificultad más altos, resulta indispensable tener en cuenta.

Dragon Age Inquisition

Belleza visual, rendimiento no tan bello

La mejora gráfica respecto a cualquiera de las anteriores entregas es completamente evidente, y podremos observar unos entornos más ricos en detalles que nunca, que además van acompañados de un diseño artístico de auténtico lujo.

Se pueden apreciar algunos efectos especialmente impresionantes, como los reflejos del sol en un charco mientras hacemos ondular el agua con nuestras pisadas, algunas texturas en interiores de edificios de primer nivel o el detalle y los reflejos de algunas de las armaduras más ostentosas. También disfrutaremos de un amplio campo de visión que nos permite apreciar algunos paisajes sobrecogedores.

Pero como suele ser habitual, todos estos excesos tienen un precio, y el juego se ve resentido en algunos aspectos que acaban acaparando demasiada atención.

Aunque la versión PC del juego solventa estos problemas de forma más o menos efectiva, en consolas veremos cómo se generan elementos ante nuestros ojos tan llamativos como árboles o edificios enteros. Tampoco se libra de una buena cantidad de bugs gente apareciendo y desapareciendo ante nuestros ojos, o retardos en la carga de las texturas. Otros aspectos como los distintos efectos que provocan nuestros golpes y hechizos también son mejorables, porque en ocasiones resultan demasiado rudimentarios para los tiempos que corren.

Aun así, estos inconvenientes no llegan a arruinar la experiencia que proporciona viajar por unos entornos plagados de detalles, porque la ambientación conseguida es sencillamente impresionante.

Dragon Age Inquisition

Dragon Age ¿mejor en compañía?

Cualquier variante multijugador, suele ser un añadido bienvenido, aunque sea a modo de “extra” con el que complementar la experiencia en solitario, pero en un título como Dragon Age: Inquistion en el que avanzamos en grupo desde el primer minuto, resulta especialmente doloroso que se haya optado por una modalidad independiente de la campaña.

Poder completar la historia y sus misiones en un formato cooperativo es algo que el juego pide a gritos, y aunque la modalidad multijugador tiene su encanto al favorecer la coordinación entre jugadores para salir victoriosos de los retos que se plantean, se queda con un mero añadido que de momento sólo cuenta con tres escenarios diferentes.

Al llevar un sistema de personaje y botines independiente de la campaña, cuenta con ese componente adictivo que invita a seguir progresando, pero desde luego, el planteamiento del juego daba para mucho más.

Dragon Age: Inquisition

Conclusiones

Dragon Age Inquisition es el retorno de la saga al lugar que le corresponde, manteniendo y mejorando casi todas las virtudes del juego original como la narrativa, la profundidad de las relaciones entre los personajes y la exploración de un mundo que permite mayor libertad que nunca.

Es una obra de proporciones épicas capaz de proporcionar muchas horas de entretenimiento sabiendo que siempre hay algo nuevo por descubrir en un universo plagado de detalles, lugares interesantes que visitar y multitud de recompensas con las que premiar todas y cada una de nuestras acciones.

Los únicos elementos que enturbian la experiencia son un apartado técnico que en ocasiones flaquea más de la cuenta, y la decisión de aligerar el peso del componente táctico en los combates, que provoca que controlar un único personaje sea casi igual de efectivo que centrarse en coordinar al grupo.

Aun así, nos encontramos ante una obra a la altura, que aumenta sus niveles de calidad, intensidad e interés a medida que avanzamos, llegando a proporcionar una de las mejores propuestas RPG recientes.

Nota dragon age

Lo mejor

  • Horas, horas y más horas de diversión, y siempre queda alguna escena por ver o un lugar que visitar.
  • Los diálogos y las relaciones entre personajes son auténticamente excepciones.
  • La cantidad de contenido puede llegar a ser abrumadora, quien quiera profundizar en la experiencia, se va a hinchar.
  • Explorar las distintas regiones es una auténtica delicia, cada lugar y cada entorno tiene su propio encanto.
  • El sistema de progresión de personaje y de crafting son especialmente atractivos.
  • Es la secuela que los fans pedían, y la que merecía Dragon Age Origins.

Lo peor

  • El multijugador aunque atractivo, es limitado e independiente de la campaña. Es imperdonable no poder jugar la historia principal con amigos.
  • Algunos efectos visuales como un “popping” exagerado y ciertos problemas de rendimiento afean una experiencia que podía haber sido impecable.
  • Salvo que se elija un nivel de dificultad alta, la faceta estratégica de los combates y la pausa táctica resultan prácticamente opcionales.
  • La historia de fondo podía haber sido un poco más original.
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