Opinión y blogs

eldiario.es

La realidad oculta de las torturas en España

- PUBLICIDAD -

  "Toca poner sobre la mesa este problema,

existen casos que son documentables"

Pau Pérez, psiquiatra del hospital de La Paz

 

Hablar de las torturas en Guantánamo es sencillo. Hacerlo de las vulneraciones en Abu Ghraib, también. Pero a medida que las torturas se nos va acercando a casa, la indignación se va difuminando y el silencio comienza a extenderse entre los medios de comunicación y la opinión pública. En España, la mayoría de las veces, la denuncia de las torturas policiales ha sido patrimonio de las víctimas y de algunos activistas de los derechos humanos a los que se terminó tachando de proetarras.

Sin embargo, los hechos demuestran que las torturas en España no son algo excepcional. A pesar de las reiteradas llamadas de atención de organizaciones de derechos humanos y de organismos internacionales como las Naciones Unidas, las autoridades siguen sin poner en funcionamiento medidas eficaces que limiten los maltratos policiales. España ha sido condenada en varias ocasiones por no investigar las denuncias de torturas, y la Audiencia Nacional ha llegado a excluir recientemente  las declaraciones autoinculpatorias en comisaría de varios jóvenes por presumir que fueron obtenidas por la fuerza.

El silencio, en todo caso, se va rompiendo poco a poco. En especial, por la atención que se ha prestado a los casos de miembros de movimientos sociales maltratados por la Policía en los últimos años, o por las denuncias del sufrimiento de personas extranjeras en los CIEs y otros centros de detención.

Pero el ninguneo ancestral en España a las torturas policiales ha provocado que no existan demasiados informes científicos y médicos sobre las consecuencias de estos maltratos, la credibilidad de las denuncias o el 'modus operandi' de los torturadores.

Para cubrir este hueco, la asociación de derechos humanos Argituz, liderada por el expresidente de Amnistía Internacional en España. Andrés Krakenberger, junto a otras organizaciones se propusieron analizar casos de torturas denunciadas por ciudadanos vascos, aplicando el Protocolo de Estambul, una serie de directrices internacionales respaldadas por la ONU y otros organismos, para investigar y documentar de forma eficaz las torturas.

De los 45 casos estudiados entre 1982 y 2010, la mayoría eran personas detenidas por pertenecer a organizaciones políticas o sociales de la izquierda abertzale. También hay casos de otros movimientos y dos de las personas fueron acusadas de pertenecer a ETA. Las policías denunciadas son la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ertzaintza.

Tras contactar con una treintena de psicólogos y psiquiatras de distintas asociaciones profesionales, pusieron en marcha un sistema de duplas: las entrevistas y exploraciones fueron realizadas por un psiquiatra local en equipo con un segundo profesional de otra comunidad autónoma que no fuera el País Vasco. Y, posteriormente, los resultados fueron revisados por la International Rehabilitation of Torture Victims.

El informe –que este miércoles ha sido presentado en el Parlamento vasco– fue reconocido por diversas ONGs y viene avalado por el relator especial de la ONU sobre la tortura, Juan Méndez, y el relator especial de la ONU sobre la promoción y protección de derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo, Ben Emmerson.

¿Y qué dice ese informe? Dice que las torturas están acreditadas: "La mitad de las personas peritadas merecen el máximo nivel de credibilidad, la tercera parte son consideradas como 'muy consistentes' y un 15% simplemente como 'consistentes'", afirma el informe.

El estudio ha permitido conocer que existen elementos comunes en las técnicas usadas por las distintas policías. Los maltratos físicos están a la orden del día, pero han sido gradualmente sustituidos por otras técnicas que no dejan marcas como la bolsa, vejaciones sexuales, desnudez forzada, ejercicio físico hasta la extenuación, humillaciones... y, en especial, las técnicas que buscan el derrumbamiento psicológico del detenido como la culpabilización respecto a la familia o el uso de información engañosa.

Hay muchos testimonios y el documento es muy extenso pero estos son algunos de los detalles que se incluyen en él.

1. Ritmo sueño-vigilia

En la mayoría de los casos, los detenidos no durmieron nada, porque la policía se lo impidió gritándoles y obligándoles a mantenerse de pie o en determinadas posturas, y también por el propio estado de ansiedad provocado por el arresto.

“Apenas dormía, la mayoría del tiempo (los tres primeros días) dejaban la luz encendida y venían y abrían la ventanilla o daban golpes en la puerta para que me pusiese de pie.”

“Venían, tocaban la puerta (de la celda) y decían –hija de puta, que no puedes dormir–.”

 

2. Posturas forzadas y ejercicio extenuante

Algunos de los denunciantes comentan que se les obligaba a estar de pie durante horas en la celda. O en posiciones absurdas. También eran comunes las sentadillas o flexiones hasta terminar físicamente derrotados.

“Me hicieron hacer sentadillas, golpes en la cabeza, siempre con la braga [prenda de lana para el cuello] en la cabeza, y de vez en cuando me bajaban los pantalones y los calzoncillos, con intención de humillarme. (...) Recuerdo la sensación de la bolsa, de no poder respirar, haciendo sentadillas, caí al suelo dos veces, aunque no llegue a perder el conocimiento... lo recuerdo bastante largo, aunque así contado pueda parecer corto.”

“Sentadillas, bajar y subir, bajar y subir hasta que me caía y me levantaban a tortazos y otra vez... cuando me caía me cogían y me empotraban contra la pared.”

“Esa noche se me hizo eterna. Yo decía «se tiene que acabar». Era estar de cuclillas o de rodillas, y ese dolor. Yo decía «a mí se me van a desgarrar los músculos» (...) De cuclillas manteniendo el equilibrio, y cuando me caía no me dejaban sentarme sino de rodillas. Pero aun así, de rodillas también se te reventaban las piernas. Si caías, te pegaban; si no aguantabas, te pegaban."

 

3. La bolsa  

Aunque algunos detenidos relatan golpes en la traquea que les dejaban sin respiración, el método de tortura más común según el informe es el uso de una bolsa, de basura o de otro tipo, con la que se asfixiaba a los detenidos.

“Me pusieron aquella bolsa sobre la capucha, que todavía era más horrible porque se me metía en la boca el plástico de la bolsa y la lana, y me ahogaba. Apretaban la boca, la agarraban con las manos, perdía el conocimiento. Me decía «¡como vomites te lo comes!» (...) No vomité [con la bolsa], pero sí que sentía nauseas. Hubo un momento en que me meé. Estaba vestida”

"Lo de la bolsa muchas veces piensas que es una cosa de películas, que eso en la realidad no pasa. Te ponían la bolsa y la tensaban, entonces tú coges aire y el aire de la bolsa lo vas consumiendo y la bolsa se mete a la boca. (...) En un momento uno de ellos estaba fumando y me tiró el humo dentro y fue todo esto (se señala la garganta) quemado".

 

4. La bañera

El método de la bañera consiste en meter la cabeza de la persona en un recipiente lleno de agua. En la mayoría de los casos estudiados no se llegó a realizar pero los testimonios señalan que se usó como amenaza mediante gritos de otras víctimas y ruidos de fondo de grifos.

“«Mira tío, estamos llenando la bañera, ya verás como no vas a poder romper la bolsa, porque no hay bolsa, «¡Me cago en la puta! Que no va bien el grifo y cae poco agua y está tardando demasiado, mientras se llena vamos a ponerte más bolsas» (...) No es que lo pensara, es que estaba convencido de que después de la bolsa tocaba bañera, convencidísimo, no tenía ninguna duda, eso me lo creí hasta dentro. Y yo ya me veía con la cabeza dentro de la bañera. Me daba igual ir a la cárcel, a la calle o a cualquier lado, solo quería que dejara de ponerme bolsas en la cara.”

 

5. Simulacros de ejecución

Los denunciantes relatan haber sufrido amenazas de muerte y, en algunos casos, ejecuciones simuladas.

"En el interrogatorio, un guardia civil que estaba colocado detrás de mí, empezó a hacer ruido con una pistola, me decía que me iba a disparar en la cabeza, que me iba a matar. Me preguntó qué pensaba, que si tendría balas o no... colocó la pistola a la altura de mi cabeza y disparó en dos ocasiones. Las dos veces sonó un clic. Este interrogatorio fue muy duro.”

 

6. Golpes y dolor físico

El informe detalla que son golpes con una frecuencia constante, realizados de forma que no dejan marcas y que pueden desarrollarse durante horas con uno o más policías alternándose. Suelen usarse listines telefónicos, libros o periódicos enrollados. En algunos casos, los detenidos denuncian que fueron envueltos en mantas o colchonetas. Otra forma de no dejar marcas.

"Yo estaba sentada en una silla y ése se puso delante de mí y detrás otro, bastante joven que me daba mucho miedo. Se puso detrás y entonces era una pregunta y un golpe. El que tenía delante me pegaba en la cara y el que tenía detrás en la cabeza. (...) Era todo el rato una pregunta, un golpe. Una pregunta, un golpe. Las preguntas me las hacía el que estaba delante y ese me pegaba en la cara y el de atrás en la cabeza.”

“Golpes directos me pegaron muy pocos, me imagino que por el miedo de dejarte marcas, porque te das cuenta de que te están machacando y que no tienes un rasguño. (...) Tú estás de pie, desnudo todo el rato y los golpes eran un golpe en la cabeza y uno en los testículos, uno en la cabeza, uno en los testículos...sí notas que te pegan en sitios donde no te dejan marca porque yo acabé con los testículos hinchados y la cabeza como un bombo pero realmente en la cabeza no se te ve nada. (...) Preguntas, golpes... es continuo. El orden digamos que es muy parecido a lo que hizo la Ertzaintza.”

“También recuerdo que me enrollaron en un colchón, me tumbaron en el suelo, se tumbaron encima de mí y me pusieron de nuevo la bolsa. Con el colchón al final estás inmovilizado, te entra agua por dentro del colchón y estás sudado, entonces te dan como escalofríos o calambres...es una mezcla de calor, frío, no poder respirar... prácticamente es eso lo que te están haciendo durante cinco días.”

 

7. Los electrodos

Como con la bañera, el informe explica que es más una escenificación de la tortura para infundir terror que la aplicación de las descargas.

“Se oye BZZZZZ y se va la luz (...) y empezó a ser más duro (...) me llevaron a una sala donde se supone que tenían los electrodos, me enchufaron a los pezones los cables y se oían las baterías, no me hicieron descarga pero sí el amago, decían que se había acabado la batería, me pusieron los cables ahí (...) para eso me mojaron mogollón. (...) Me pusieron los cables ahí y me daba un pánico lo de los electrodos...estaba temblando... me estaban manteniendo en pie ellos por detrás, yo ni siquiera podía.”

 

8. Violencia y vejaciones sexuales

Los insultos, las burlas y las amenazas recogidas en el informe son constantes. También hay tocamientos y afirman que se les obliga a adoptar posturas humillantes. Están parcial o totalmente desnudos. Se citan simulacros de violación amenazando con un palo o lubricantes. En tres de los casos denuncian haber sufrido la violación.

“Siempre desnuda de cintura para arriba. (...) Todos los interrogatorios eran siempre de cintura para arriba desnuda. (...) Que si estabas buena, que si no estabas buena, que me estás poniendo... que te voy a follar aquí mismo, lo que pasa que estás con la regla y estás muy cochina, y ... no, con lo gorda que estás seguramente no te folla cualquiera. Tocamientos de los pechos continuamente... cochina, cerda.“

"Estaba yo desnuda con la bolsa en la cabeza, (...) me ponen ahí a 4 patas, me echan vaselina o no sé lo que me echan en el culo y empieza a darme por la espalda con una escoba. Sé que es una escoba porque me pasaban el palo pero también el otro lado, [por eso] sé que era una escoba. Estando a cuatro patas me empiezan a decir que me mueva como cuando follo, «puta, zorra...», no se qué... me acercan el palo al culo...resbala con la vaselina, ahí andan un rato, y ahí pierdo un poco el control, me puse a gritar, muy mal vaya. (...) Me sentía fuera de control (...) que no podía, con eso no podía. (...) Luego esto lo repitieron varias veces, lo hicieron también con la mano, con un guante, con los dedos.”

 

9. La declaración

Según el informe, los interrogatorios siguen hasta que la policía cree que ha llegado el momento de realizar una declaración, que debe ser memorizada.

"Ya sabían ellos que ya estaba ganada. (...) Luego estuvimos preparando la declaración policial que me decían las preguntas y las respuestas, las van repitiendo como para que las aprendas. (...) Recuerdo que cuando estábamos con eso oía música en la cabeza y la cantaba, música que me gustaba. Justo me acuerdo que estaba cantando una canción de La Mala Rodríguez que estaba a punto de salir su disco (...) yo ahora lo veo y digo cómo se te va la olla cantando allí, no se (...) me decían ¿qué haces, estás cantando? Y yo cantando bajito".

"Quitando el último día que se quieren hacer amigos tuyos, ésa es la sensación que me dio. Yo creo que es un rollo psicológico de decir están cuatro días machacándote y el quinto día... como para irte con buen sabor de boca. Como para decir, «jo, pues no son tan malos». Te decían que eres tú el que les estás obligando a funcionar así, decían «¡a ver si te piensas que me gusta hacer lo que estoy haciendo!» yo les decía que sí y se mosqueaban mucho y el último día eso, quieren que comas, que te duches. El último día se metieron seis de los que me habían interrogado en una sala a hablar, a ver qué tal estaba... yo creo que es un rollo para que quede que al final no son gente tan... tan mala gente... no terminaba de entender... parece que se están preocupando y dices... es muy fuerte. Una cosa muy extraña.”

 

10. Los exámenes de los médicos forenses

El Protocolo de Estambul establece que el detenido será presentado al examen médico forense por funcionarios que no pertenezcan al ejército ni a la policía, y que el examen deberá realizarse en privado y con el tiempo suficiente para generar la confianza necesaria en el arrestado. A este respecto, hay muchas deficiencias.

“Antes de subir los policías me habían advertido que no le diría nada, que dijese que el trato era correcto porque si no las consecuencias serían muy malas para mí, que lo iba a pasar muy mal.”

“Cada vez que me subían donde ella me advertían que no le debía decir nada. (...) Me preguntó sobre el trato y no le contesté.”

“Pasamos por delante del forense sangrando, y me decía: ¿Estás bien? Claro, con una puerta abierta y dos guardias civiles mirándote. Entonces al forense le hacías así [gesto levantando los hombros] Sí...”

"Te hacía cuatro preguntas rutinarias: si estás bien. Yo le decía lo que hacían, ¿eh...? Tenía la jerga; la conocía perfectamente: la bolsa. Lo apuntaba. Yo no sé qué apuntaba... «¿Te duele algo? », me preguntaba. «¿Quieres que te tome la tensión? » Yo no entendía. Le decía que tenía unas agujetas que me moría, de las sentadillas; que casi me ahogo con la bolsa... ¿Y me quieres tomar la tensión...? Está claro que él formaba parte de eso y sabía lo que estaba pasando, y no me iba a ayudar en nada, porque tomarme la tensión no iba a demostrar lo que yo le estaba diciendo.”

"Eran las diez de la noche y a las ocho de la mañana íbamos a la Audiencia Nacional. Se había terminado todo. Me llevaron a la forense, cerramos la puerta, y le dije: el informe que vas a hacer ahora de lo que yo te cuente, ¿cuándo lo van a leer estos? Me dijo que ya no les daba, que eran las once de la noche y que al día siguiente a primera hora de la mañana se lo presentaba al juez. Entonces le conté la verdad. Y la propia médico me decía que hablara más bajo mientras le relataba el trato recibido.”

"Conmigo el forense se portó muy bien, estuve dos o tres veces, tenía un rostro demacrado, estaba impresionado por el estado físico que teníamos. Además siempre le decía que estaba bien, que no necesitaba nada, pero él me ofrecía pastillas, yo no le dije nada de lo que estaba pasando, por miedo, los guardias civiles estaban escuchando en la puerta.”

"Pasé por el forense (...) yo le dije que me dolía el cuello. Tenía miedo, no quería decirle que me habían hecho eso, porque los guardia civiles estaban detrás y me habían amenazado si decía algo, además no cerraron la puerta, y me podían oír, así que le dije que me dolía el cuello, a ver si me lo podía mirar.”

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha