Soledad
Harold Nicolson, político, diplomático, historiador, biógrafo, cronista, novelista, conferenciante, periodista, locutor, jardinero británico y marido de la escritora Vita Sackville-West, considerado el mejor conocedor de la sociedad inglesa de los años de entreguerras del siglo pasado, que trató a una cantidad ingente de personas y recorrió todo el mundo, en las páginas finales de su obra, consistente en tres extensos volúmenes de un Diario, declara que, aparte de su mujer, sus dos hijos y sus dos perros alsacianos, no consiguió hacer ningún amigo.
La amistad. La amistad como refugio. La amistad como celebración. El tesoro más preciado. El tesoro que nos impulsa a acercarnos a los demás, tratando de satisfacer, así, el ansia de sociabilidad, necesitados, como estamos, de relacionarnos con los otros para darle un sentido a nuestra existencia, evitando, de esta manera, una soledad muy difícil de esquivar. La amistad para trascender el yo en un intento de superar la infelicidad que acompaña la vida de cualquiera, que, a fin de cuentas, conduce, inevitablemente, lo queramos o no, a la vejez y a la muerte. La amistad, además, es más agradable que el amor. La amistad es sosegante; el amor es obsesionante e intranquilo, teniendo la ventaja que con el tiempo la amistad aumenta, mientras que con el tiempo el amor huye y desaparece. La vida, además de breve, cara e imprevisible, es una sucesión de compañías. Pero en los pueblos y ciudades que nos está tocando habitar un porcentaje cada vez más elevado de la población vive sola, come sola, habla sola, discute con la televisión sola, atiende en soledad las necesidades de su mascota y se sumerge, sola, en el sórdido mundo de las redes sociales.
Cuando se pierde la juventud, cosa que sucede con una sorprendente facilidad, disminuye el contacto con nuestros semejantes. No es culpa de nadie. Simplemente ocurre, como ocurren muchas otras cosas en la vida sin que intervenga para nada la voluntad de los hombres y de las mujeres. Ocurre y uno no tiene más remedio que acostumbrarse a ello del mismo modo que termina acostumbrándose a la pérdida del pelo, del entusiasmo, de la firmeza de los músculos o de los amigos con los que en la juventud se creyó que el mundo iba a someterse a nuestras órdenes. Nos están construyendo un mundo para la soledad. Los que más partido sacan del aislamiento del individuo contemporaneo, los constructores, los gobiernos, los propietarios de las redes sociales y, por supuesto, las multinacionales que nos venden lavadoras, ordenadores, microondas, televisores y sexo virtual, mucho, mucho sexo virtual, nos están construyendo poblaciones para la soledad. Para 50 metros cuadrados, como mucho, de televisión, internet, silencio, luz eléctrica, ropa esparcida, comida a domicilio, monomanías, fatiga de días mudos y soledad, mucha, mucha soledad...
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
0